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Ranking de notas y el mercado encarnado: la paradoja neoliberal

por 27 octubre, 2013

La experiencia del ranking es sólo una anécdota. Sin embargo, refleja que la demanda por equidad nos lleva a los límites de nuestra moralidad como sociedad. Mientras no seamos capaces de hacer el esfuerzo extraordinario de reconocer que nosotros somos el mercado, que encarnamos sus valores y funcionamos indefectiblemente bajo su lógica, será muy difícil abandonar la comodidad de nuestra esfera privada, será improbable arriesgarnos en la esfera pública y será prácticamente imposible trabajar juntos para hacer de Chile un país más justo.
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La polémica surgida por la implementación del ranking de notas por parte de las Universidades del Consejo de Rectores (CRUCH), ha mostrado una de las paradojas más interesantes de los últimos años en Chile. Hace un par de años los colegios emblemáticos nos deslumbraron con su determinación y fuerza para demandar más justicia social, más solidaridad y más equidad para nuestro sistema educativo. Hoy son esas mismas instituciones las que rasgan vestiduras por la amenaza que esta medida representa para sus intereses particulares. En apariencia esta actitud revela una insoportable inconsecuencia por parte de los estudiantes de los colegios emblemáticos. Sin embargo, en mi opinión, detrás de esta contradicción se oculta uno de los frutos más profundos del modelo neoliberal que ha operado en Chile por más de 30 años.

Luego de tres décadas de implementación de una de las reformas neoliberales más intensivas del mundo, es lógico pensar que este modelo de desarrollo ha dejado múltiples huellas en nuestra sociedad. Esto es claramente observable en las instituciones que hemos creado y que han sido fruto de muchísimas críticas. Sin embargo, aún no es tan claro qué tipo de ciudadanos creció al calor de la libertad y la competencia del mercado. A la luz de los hechos, uno podría tender a pensar que nuestro país se divide entre los detractores y los protectores del modelo neoliberal. En términos políticos, esto ha llevado a una gran polarización entre los manifestantes que reclaman la superioridad moral para criticar el actual modelo –los abogados de la equidad– y los que son sindicados como los culpables de la creación, administración y profundización del modelo –los abogados de la libertad–. A pesar de que esta polaridad hace un intuitivo sentido, la influencia del modelo de mercado pareciera ser mucho más profunda.

La experiencia del ranking es sólo una anécdota. Sin embargo, refleja que la demanda por equidad nos lleva a los límites de nuestra moralidad como sociedad. Mientras no seamos capaces de hacer el esfuerzo extraordinario de reconocer que nosotros somos el mercado, que encarnamos sus valores y funcionamos indefectiblemente bajo su lógica, será muy difícil abandonar la comodidad de nuestra esfera privada, será improbable arriesgarnos en la esfera pública y será prácticamente imposible trabajar juntos para hacer de Chile un país más justo.

En mi opinión, la influencia del modelo de mercado está encarnada en lo más profundo de nuestra individualidad, en todos y cada uno de nosotros. La lucha por nuestras ventajas individuales, la maximización de nuestras rentas privadas y la exacerbación de nuestras libertadas individuales están internalizadas más allá de lo que quisiéramos. Aparentemente esto es lo que están manifestando los estudiantes de los colegios emblemáticos. Frente a la amenaza de los intereses individuales, no han sido capaces de pensar desde la solidaridad y la empatía para aceptar esta medida en pro de la equidad. Al contrario, pareciera ser que están pensando en las oportunidades individuales que se les esfumarían por la implementación de esta medida. Esta reacción no niega que los estudiantes sientan genuinamente el deseo y la necesidad por demandar mayor equidad, sino, más bien, revela una de las más profundas paradojas que ha generado el modelo de mercado: la tensión interna entre interés individual y el bienestar social.

Al parecer todos queremos mayor equidad. Sin embargo, ni los nobles estudiantes están dispuestos a hacer el sacrificio de compartir las oportunidades para crecer en equidad. Y aquí yace el desafío. Una sociedad más equitativa se construye desde la redefinición de los valores que nos convocan a la vida en común y de la internalización de esos valores en cada uno de los sujetos. Sin embargo, esto no es una tarea sencilla, no es un sólo un cambio institucional (¡en extremo necesario!), sino que también requiere que cada uno de nosotros nos hagamos la pregunta por la justicia social, la pregunta por cómo el ejercicio de la equidad nos afecta tanto colectiva como individualmente. Cualquier iniciativa pro equidad debiera llevar implícito este compromiso por la renovación moral de nuestra vida en común. Sin este compromiso, viviremos eternamente en la paradoja neoliberal: el deseo de mayor equidad a nivel general, pero sin sacrificio individual.

La experiencia del ranking es sólo una anécdota. Sin embargo, refleja que la demanda por equidad nos lleva a los límites de nuestra moralidad como sociedad. Mientras no seamos capaces de hacer el esfuerzo extraordinario de reconocer que nosotros somos el mercado, que encarnamos sus valores y funcionamos indefectiblemente bajo su lógica, será muy difícil abandonar la comodidad de nuestra esfera privada, será improbable arriesgarnos en la esfera pública y será prácticamente imposible trabajar juntos para hacer de Chile un país más justo.

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