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Forjando el comienzo del mundo: Magallanes y la Antártica

por 29 octubre, 2013

Urge potenciar e implementar a todos los organismos y voluntades que participen de la iniciativa de asumirnos como puerta de entrada al continente blanco, contar con un buque rompehielos que nos permita una mayor autonomía operativa.
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Siempre hemos reiterado que nuestra geografía tan remota como accidentada nos aisla de los grandes centros de intercambio, sumado esto a un diseño de orientación centralista del todo ineficaz y una regionalización quizás más deficiente. Es hora de que los magallánicos nos pongamos a pensar cómo torcer la nariz a este paradigma verticalista y hegemónico, para constituirnos no en el fin del mundo sino en el comienzo.

Los tehuelches hablaban de un dios llamado Kóoch, que vivió durante siglos sumido en la oscuridad y que lloró de soledad en medio de la confusa geografía del desamparo; de sus lágrimas brotó el mar primordial. Luego separó los océanos, alegorizando con ello la existencia del estrecho. Es posible que las mitologías sean sugerencias del pasado para entender los derroteros del presente.

Vivimos a orillas del estrecho que une los dos océanos más grandes del planeta. La mirada centralista nos ha obligado a observar el mapa siempre con la mirada hacia arriba, hacia Santiago como centro político, cultural y económico. Si tomamos el globo en nuestras manos y colocamos por unos instantes a Magallanes en el eje medular, nos daríamos cuenta de que estamos conectados –desde varios abordajes– con lugares tan distintos como Nueva Zelanda y Australia.

¿Cómo es posible que haya puntos de convergencia con dichas latitudes y no los percibamos como algo cercano? La existencia del continente antártico debiera ser la respuesta.

Punta Arenas es la ciudad antártica más cercana al Continente Blanco (a un poco más de 900 km) de isla Rey Jorge. Eso es entre tres o cuatro veces más cerca que Christchurch (Nueva Zelanda) y Hobarth (Tasmania, Australia). Estas últimas ciudades poseen una amplia infraestructura y varios organismos trabajando en torno al tema, no únicamente en sus políticas antárticas oficiales. A manera de ejemplo,  Australia incentivó el traslado de más de un centenar de científicos a Hobarth, con todo el movimiento económico e implementación de servicios que ello involucra. En lo concreto, se creó una industria local de apoyo a los programas de investigación antárticos.

Urge potenciar e implementar a todos los organismos y voluntades que participen de la iniciativa de asumirnos como puerta de entrada al continente blanco, contar con un buque rompehielos que nos permita una mayor autonomía operativa.

Pocos países podrían exhibir la idea de tener dos puertos antárticos: Punta Arenas y Puerto Williams. Imaginemos por unos instantes que el mundo nos asocie a ese sello, empleando recursos de promoción e investigación. Podríamos avizorar la idea de convertirnos en una región de avanzada que no sólo sería eje de las preocupaciones nacionales, sino también globales.

En Punta Arenas se ha avanzado en términos de pertenencia antártica, desde que el Inach se trasladó a Magallanes en el año 2003 y comenzó un proceso de apertura hacia la comunidad local y a impulsar la investigación con científicos ya radicados en la región. Asimismo, en el campo de la divulgación y la educación se han generado productos y apoyado iniciativas como la Feria Antártica Escolar, el apoyo a artistas locales y el trabajo con jardines infantiles también locales.

Urge potenciar e implementar a todos los organismos y voluntades que participen de la iniciativa de asumirnos como puerta de entrada al continente blanco, contar con un buque rompehielos que nos permita una mayor autonomía operativa.

Mucho se ha hablado de autonomía sin dar cuenta de las líneas operativas que podrían considerarse tomando en cuenta a todos los estamentos de la sociedad magallánica. Por ejemplo, la implementación de medidas que incentiven la instalación de empresas dedicadas a prestar servicios logísticos y tecnológicos relacionados con la Antártica, tanto en el ámbito científico como el turístico. Esto para hacer más competitivas a Punta Arenas y Puerto Williams frente a Ushuaia. Se requiere una reflexión profunda acerca de lo que es ser una "ciudad antártica" antes de declararlas a ambas como tales y en ese sentido es útil conocer la experiencia de Christchurch y Hobarth. Ante todo es necesario convocar a toda la sociedad magallánica en esta reflexión. Pero, en lo inmediato, Puerto Williams necesita un nuevo puerto, de mayores dimensiones, que sirva de recalada a buques científicos y cruceros.

En el ámbito del turismo sería primordial implementar rutas que rememoren y potencien la travesía de los grandes navegantes antárticos. Por ejemplo, un personaje fascinante como el piloto Pardo merece ser relevado en el imaginario colectivo nacional.

De igual manera, me parece fundamental la incorporación del tema antártico en el currículum escolar de los estudiantes chilenos y en particular de los magallánicos. Que se establezcan concursos relacionados con el tema en el campo de las Artes, en especial en Literatura y Artes Visuales. Que se siga organizando y ojalá ampliando la convocatoria a encuentros entre artistas, historiadores y otros actores de las Ciencias Sociales, este último un campo que recién está siendo considerado dentro del Sistema del Tratado Antártico. Asimismo, avanzar hacia la construcción de un Centro Interactivo que permita a la comunidad conocer la Historia Antártica de Magallanes y que se convierta tanto en un atractivo turístico como en un centro de convenciones sobre el tema.

El gran Pablo Neruda advierte tempranamente algo de este paradigma, refiriéndose a la Antártica: Allí termina todo/ y no termina:/ allí comienza todo:/ se despiden los ríos en el hielo,/ el aire se ha cansado con la nieve,/ no hay calles ni caballos/ y el único edificio/ es la piedra”.

Quizás una de las grandes carencias, nuestro alejamiento, nos entregue la llave de apertura hacia un mundo maravilloso e inabarcable. Es quizás un abordaje en el cual Magallanes pueda ser el epicentro de inquietudes continentales y, de esta manera, Koóch no habrá llorado en vano.

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