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El ocaso de la derecha y las preguntas pendientes sobre Pinochet

por 6 noviembre, 2013

El hecho es que, independientemente del contexto y de todas las justificaciones que la derecha pueda dar –y que yo suscribo– para el Golpe de 1973 como un acto perfectamente legítimo y necesario, me parece que una revisión de la figura de Pinochet es perentoria para profundizar en su propia identidad.
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El fin de semana pasado se publicaron un par de columnas sobre la derecha que –a juzgar por el revuelo que causaron– se tomaron por novedosas. Déjeme decirle, en todo caso, que ninguno de los que ha escrito sobre el asunto (me incluyo) ha dicho nada que no fuera lo suficientemente obvio como para que ponerlo de manifiesto no fuera superfluo. A estas alturas, la profecía de la ruina de la derecha es como una alerta del Shoa…

El problema es que los diagnósticos tardíos hacen imposible prevenir (o al menos minimizar) los efectos de una enfermedad; y peor aún, dificultan la detección misma de los principales focos de infección. Cuando la contaminación de un organismo es completa, no sólo sanarlo, sino que incluso conocer la causa de su descomposición, es muy difícil. Y eso es, precisamente, lo que ocurre con la derecha: que está en vías de descomposición.

Las razones son muchas: una de ellas tiene que ver con su relación con el Golpe y con Pinochet, relación que ha oscilado entre dos extremos: uno de ellos (fuertemente criticado por mí), el de quienes reniegan de todo lo ocurrido o dan explicaciones que, de ser ciertas, es mejor no dar; el otro, el de quienes (me incluyo) no hemos querido permitir que la izquierda postule el Golpe como un hecho cuasi azaroso, en vista de lo cual exigimos, como condición para cualquier forma de mea culpa, un mínimo de objetividad de su parte.

El hecho es que, independientemente del contexto y de todas las justificaciones que la derecha pueda dar –y que yo suscribo– para el Golpe de 1973 como un acto perfectamente legítimo y necesario, me parece que una revisión de la figura de Pinochet es perentoria para profundizar en su propia identidad.

El hecho es que, independientemente del contexto y de todas las justificaciones que la derecha pueda dar –y que yo suscribo– para el Golpe de 1973 como un acto perfectamente legítimo y necesario, me parece que una revisión de la figura de Pinochet es perentoria para profundizar en su propia identidad.

Esa revisión no pasa, como es obvio, por aceptar la tesis de la izquierda de que la derecha carece de autoridad moral o es inferior a ella en este sentido, sino más bien por formular algunas preguntas de cuya respuesta puede salir un pensamiento serio, que no se aferra a las creencias del pasado, pero que tampoco adhiere al primer eslogan que aparece.

Estas preguntas son las que yo me hago y en función de las cuales pretendo definir mi propia posición al respecto:

1. ¿Se puede sostener –con base racional– que Pinochet no estuviera al tanto de lo que ocurría en materia de derechos humanos?

2. Si estuvo al tanto de lo que ocurría, con la brutalidad y arbitrariedad con que de hecho ocurrió, ¿pensaba que esos actos se justificaban en términos de legítima defensa?

3. Si realmente estábamos en estado de guerra y había antecedentes como para suponer que existía capacidad real de resistencia  de parte del enemigo, ¿con qué estándar ético se forma en el Ejército de Chile para enfrentar al enemigo?

4. Más allá del Golpe, ¿hay alguna razón que explique que Pinochet se mantuviera en el poder durante el tiempo que lo hizo, solo en su calidad de General Libertador de la amenaza marxista?

5. ¿Cuál fue la actitud que tuvo el General frente a los miembros de las Fuerzas Armadas que se opusieron al hecho de que él mantuviera el poder político, aun cuando habían sido partidarios del Golpe?

6. ¿Hay forma de demostrar la muerte de alguno de ellos como hechos no fortuitos?

7. ¿Por qué razón la derecha, partidaria de las libertades individuales, justificó que estas se sacrificaran durante tanto tiempo? ¿Hay algún tipo de bien que legitime la coerción de la libertad? ¿Por cuánto tiempo?

Se trata de preguntas cuya sola formulación resulta risible para muchos; ya sea porque mitificaron la figura de Pinochet o porque la demonizaron por completo. Probablemente ninguna de las visiones del personaje esté en lo correcto.

El hecho es que la derecha, la derecha en ruinas, no ha querido (no hemos querido) dar una respuesta seria a estas preguntas. Por ahora, me limito a decir que quienes apoyaron el Golpe (más de la mitad de los chilenos) y quienes estaban por la permanencia de Pinochet en el poder (casi la mitad de los chilenos también) no era, como pretende la izquierda, un grupo de personas sin sensibilidad moral o dispuestas a pagar cualquier precio por un modelo económico. Después de ese mínimo reconocimiento de parte de ellos, y de un mínimo de esfuerzo suyo también por admitir que la adhesión que tuvo Pinochet estuvo en directa relación con lo ocurrido antes del Golpe, podemos entrar a analizar, con algo de desapasionamiento, su figura.

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