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Estas votaciones ¿son una elección?

por 17 noviembre, 2013

Fue seguramente este Chile binominal y duopólico (otro pleonasmo) lo que obligó al publicista a usar esta redundancia. Porque si Chile fuera un país civilizado y no estuviera regido por la Constitución de Augusto Lagos, evidentemente tal frase sería un exceso, pero –como muy bien lo saben los jóvenes– en nuestro país la palabra votación no siempre es sinónimo de elección.
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Durante los últimos días, TVN ha emitido profusamente un spot publicitario, con música muy pegajosa y de una factura muy atractiva, el comercial muestra a mucha gente dirigiéndose a votar y  termina con la frase: “Estas votaciones son una elección!!”.

Tal frase es lo que gramaticalmente se denomina un pleonasmo, es decir, una redundancia. Algo así como decir: “Bajemos para abajo y luego salgamos para afuera” o, más poéticamente y recordando al gran Miguel Hernández, “Temprano madrugó la madrugada”.

En gramática los pleonasmos son necesarios cuando se hace imprescindible resaltar una idea, de lo contrario resultan frases de una fealdad realmente fea (un  mal pleonasmo).

Fue seguramente este Chile binominal y duopólico (otro pleonasmo) lo que obligó al publicista a usar esta redundancia.  Porque si Chile fuera un país civilizado y no estuviera regido por la Constitución de Augusto Lagos, evidentemente tal frase sería un exceso, pero –como muy bien lo saben los jóvenes– en nuestro país la palabra votación no siempre es sinónimo de elección.

Fue seguramente este Chile binominal y duopólico (otro pleonasmo) lo que obligó al publicista a usar esta redundancia. Porque si Chile fuera un país civilizado y no estuviera regido por la Constitución de Augusto Lagos, evidentemente tal frase sería un exceso, pero –como muy bien lo saben los jóvenes– en nuestro país la palabra votación no siempre es sinónimo de elección.

Los jóvenes saben que con la actual Constitución, su sistema binominal y los medios de comunicación que forman parte de esta cultura duopólica, las elecciones ya están predefinidas por las dirigencias partidistas tradicionales trenzadas con los grandes grupos económicos.

Pero en estas votaciones presidenciales hay un elemento novedoso, por primera vez son con inscripción automática y voto voluntario, es decir, si los jóvenes decidieran participar y votar, podrían transformarlas en una verdadera elección.

Alternativas al duopolio no faltan, desde una consecuente Roxana Miranda, quien –sin complejo alguno– ha reivindicado su rol de costurera y pobladora, articulando un discurso con faltas de ortografía pero muy atractivo y propio de aquel mundo que ha denominado de los “Nunca, los nadie y los sin”.

O un Alfredo Sfeir, quien se ha atrevido a introducir una nueva variable al discurso político pues el ecologista ha demostrado que no es necesario golpearse hipócrita y compungidamente el pecho para hablar de espiritualidad y, más aún, que es posible hacerlo desde una mirada alejada de todo sentimiento culposo, apocalíptico y de ese tufillo a incienso del vaticano.

También está la alternativa del economista Marcel Claude (candidatura a la cual apoyo). Su discurso ha sido muy atractivo en un país acostumbrado a escuchar sólo a economistas formados en las aulas tradicionales del neoliberalismo. Estos economistas neoliberales han tenido (hasta ahora) la habilidad de hacernos creer, cual brujo de la tribu, que sólo sus palabras son “La Verdad”, y con ese falsa aura propia de profetas de segunda clase, denostar por herejes a todos aquellos que osen contradecirlos. Pero en estas elecciones se encontraron con alguien que, usando su mismo lenguaje y sus mismas cifras, es capaz de develar  los trucos y  falsos sortilegios usados por estos sacerdotes del neoliberalismo.

Con vehemencia Marcel ha explicado que las AFPs son una gran estafa, que la privatización del  cobre es el gran robo y que el lucro no sólo cruza la educación superior sino que está presente en todas las dimensiones de nuestras vidas. Que para salir de la sociedad del lucro y avanzar hacia una sociedad de derechos es necesario una Asamblea Constituyente y que el financiamiento para esta nueva sociedad está en nuestros propios recursos naturales.

Incluso el propio Marco Enríquez-Ominami, quizás el menos alternativo de los alternativos (pleonasmo), ha evolucionado desde la tímida fórmula constituyente planteada el 2009, a hablar directamente de una Asamblea Constituyente.

Es cierto, no se entiende ni es fácil explicar por qué no se llevó una única candidatura alternativa (yo mismo fui parte de un esfuerzo fracasado); en realidad, no hay explicación alguna y hay responsabilidades de todos, pero lo cierto es que en estas elecciones hay verdaderas opciones al duopolio derechista de la Concertación (PC incluido) y la Alianza por Chile.

Si cualquiera de los candidatos alternativos pasara a segunda vuelta, efectivamente se produciría un hecho sin precedentes en nuestra reciente historia política. Es cosa de imaginarse una segunda vuelta entre Bachelet y cualquiera de los candidatos alternativos: imagínense lo entretenido que sería el debate con Roxana hablándole de su máster en economía por su bono de 30 lucas, a Sfeir enseñándole los disvalores y la inmoralidad del neoliberalismo, o una Bachelet impávida teniendo que responderle a Marquitos o atónita ante las demoledoras y contundentes cifras de un Marcel Claude.

Es cierto, se ve difícil tal escenario, pero incluso si no se diera y las votaciones de todos los alternativos fuera tal que sumaran la segunda mayoría, indudablemente sería un simbólico golpe en contra de lo establecido, un amenazante “téngase presente” a las dos derechas y, quizás lo más importante, un imperativo mayúsculo para que la izquierda construya en lo inmediato un verdadero proyecto “unitario de unidad”  o  –mejor aún– de “convergencia convergente”.

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