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Elecciones en Chile: los giros de la política

por 23 noviembre, 2013

Por ahora los giros son más guiños comunicacionales, señales y algunas intuiciones. Si no se concretan en accionar político seguirá bajando la participación, aumentará la desconfianza y se vendrá un 2014 turbulento. Mientras tanto, el 15 de diciembre tendremos otra “fiesta de la democracia”, donde la mitad del país (o incluso menos) expresen su esperanza hacia una agenda de cambio.
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La política mostró sus mejores facetas de actuación el 17 de Noviembre. Al iniciar el día, 9 candidatos felices y animados explicaban a las cámaras que tenían datos que mostraban que vendría una sorpresa. Bachelet dejaba en claro que era posible y viable ganar en primera vuelta, Matthei tenía como meta ganarles a los resultados poco entusiastas de la CEP y pasar a la segunda vuelta, Parisi y MEO apostando por quedar segundos y el resto esperando (o soñando) con una sorpresa electoral. Vertiginosamente el SERVEL fue entregando información, demostrando que 8 de los candidatos amanecieron equivocados.

Queda la interrogante de si tenemos una seria deficiencia de expertos en encuestas que llevaron a tener diagnósticos tan potentemente equivocados en casi todos los comandos. O si, como dicen algunos expertos, aún no se sabe “leer” a la ciudadanía enfrentada al voto voluntario, a la apatía y la general sensación de que los políticos viven en un mundo paralelo. O sí sabían lo que venía, pero actuaban frente a las cámaras para lograr alguna diferencia en el electorado aún no decidido. Nada muy auspicioso.

Pero del desconcierto pasamos a la confusión total cuando en el comando de Michelle Bachelet, ganadora indiscutible del proceso electoral, con doblajes históricos y mayorías confirmadas en ambas cámaras, se veía un panorama de tristeza, casi derrota. Es cierto que la candidata usó su mejor herramienta comunicacional para agradecer, celebrar tímidamente e incluso arengar a los pocos que quedaban frente a su comando. Pero el 17 a la noche su comando dejó en claro que no tenían plan B claro. O estaban muy seguros que se ganaría en primera vuelta y, por ende, sólo escribieron el discurso de la victoria o… (en realidad no hay otra alternativa).

Por ahora los giros son más guiños comunicacionales, señales y algunas intuiciones. Si no se concretan en accionar político seguirá bajando la participación, aumentará la desconfianza y se vendrá un 2014 turbulento. Mientras tanto, el 15 de diciembre tendremos otra “fiesta de la democracia”, donde la mitad del país (o incluso menos) expresen su esperanza hacia una agenda de cambio.

Toda moneda tiene dos caras y si donde Bachelet se olía la tristeza, donde Matthei el júbilo fue casi de catarsis. Extraño, porque los datos mostraban que menos del 25% de la población que votó (es decir, 1 de cada 4 electores… es decir, 1 de cada 8 chilenos) había elegido esta propuesta de gobierno. No sólo eso, en regiones los porcentajes son históricamente bajos. Los dos senadores que ganaron en Santiago lo hicieron a pesar de su candidata y cargando la “cruz” de un gobierno que casi no consideran propio. Muchos históricos perdieron elecciones claves y la diferencia entre el voto parlamentario y el presidencial muestra que la candidata no le gusta ni a los más cercanos. A pesar de todo esto, la Alianza festejaba ganarle a la CEP (paradójico, dado que es un centro de estudios del mundo empresarial) y que pasaba literalmente raspando a la segunda vuelta.

Mención aparte merece Parisi que, en un hecho de inmadurez política y poco aprendizaje democrático, hizo su berrinche nocturno al no aceptar que en realidad era el “number 4”.

Es cierto que el 17 otras cosas pasaron. Muchos nuevos rostros llegaron al Congreso, el Comunismo ganó mayorías claras con Vallejo y Cariola, ambas con la tarea de renovar la política, el Congreso y sus partidos. Boric hizo patria en Magallanes y mostró que algunos sueños son posibles. Jackson ganó en Santiago donde los Zalaquett pasaron a retiro. Entre otros muchos resultados que son dignos de análisis en sí mismos. Pero ahora el debate se centra en la segunda vuelta presidencial.

Rápidamente se habló del giro a la izquierda de la Nueva Mayoría y del giro al centro de la Alianza, como si en 20 días se pudieran sustentar cambios que no se han hecho en 20 años. Porque no seamos ingenuos: los giros en la política no son tan rápidos como las reacciones comunicacionales el día de las elección. Los giros son lentos, requieren de generaciones que se jubilan y otras que se toman el poder (en ambos lados del espectro político), de capacidad de negociación, diálogo y sano enfrentamiento y de perderle el temor a los poderes fácticos (aquellos que donan a las campañas millones de dólares, pero no están obligados a contarnos a quién le pusieron el regalo).

Por ahora los giros son más guiños comunicacionales, señales y algunas intuiciones. Si no se concretan en accionar político seguirá bajando la participación, aumentará la desconfianza y se vendrá un 2014 turbulento. Mientras tanto, el 15 de diciembre tendremos otra “fiesta de la democracia”, donde la mitad del país (o incluso menos) expresen su esperanza hacia una agenda de cambio.

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