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Las señales de cambio de Evangeli Gaudium

por 4 diciembre, 2013

Francisco habla claro. Ataca al ídolo del dinero. Al consumismo. No quiere herir a nadie. Pero no tiene tiempo que perder. Dice lo suyo. Lo dice sin ánimo de ser infalible. El asunto no es primariamente la verdad, sino la realidad del prójimo malherido. Habla claro, pero, además, cambia al interlocutor. Este no es más el filósofo, el agnóstico, el católico ilustrado, el teólogo, sino el evangelizador, todo bautizado que, gracias a una experiencia de Dios, debe comunicar a otros que su vida vale la pena.
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Tras una primera lectura de la Exhortación Apostólica del Papa Francisco, comparto algunas impresiones. Impresiones, no un resumen. Ideas, sesgos, novedades que me llaman la atención, cosas que veo o que deseo…

-El Papa Francisco pone a la Iglesia “en salida”. Exige cambios en las personas y en las estructuras, en vista a la misión de anunciar el Evangelio. La misión cobra una importancia decisiva. De la “salida” depende el futuro. Es imperioso cambiar. No hay, sin embargo, señas de ajustes doctrinales. ¿Son estos necesarios para cumplir la misión? No se abordan a fondo los temas ruidosos. Tal vez no sea el momento de echarles de menos. Ya volverán…

-A la vez, la Iglesia “en salida” es la que “se abre” sin miedo a todos sin excepción. La apertura es la condición de la salida; el modo de llegar a todos, es procurando que en la Iglesia cualquiera encuentre un lugar. En ella cada cual debiera sentirse “en su casa”. Aquí y allá el Papa lamenta una Iglesia encerrada, vuelta sobre sí misma, no dialogante.



Francisco habla claro. Ataca al ídolo del dinero. Al consumismo. No quiere herir a nadie. Pero no tiene tiempo que perder. Dice lo suyo. Lo dice sin ánimo de ser infalible. El asunto no es primariamente la verdad, sino la realidad del prójimo malherido. Habla claro, pero, además, cambia al interlocutor. Este no es más el filósofo, el agnóstico, el católico ilustrado, el teólogo, sino el evangelizador, todo bautizado que, gracias a una experiencia de Dios, debe comunicar a otros que su vida vale la pena.

-El Papa transmite una convicción: Cristo, el Evangelio experimentado personalmente es causa de un gozo que debiera impulsar su anuncio. La Exhortación rezuma alegría, deseos de ser cristianos… En una palabra: entusiasmo. Queda atrás, y a veces se critica, un estilo de ser Iglesia temeroso, funcionario, falto de fe. Francisco critica el clericalismo. Sacude al predicador flojo que se extiende en el púlpito como si tuviera algo que decir y que ya nadie soporta. Le da consejos de homilética.

-De principio a fin los pobres son los principales protagonistas del Evangelio y de la Iglesia. Francisco quiere una “Iglesia pobre y para los pobres”. Los pobres tienen un conocimiento de Dios que debiera incidir en la Iglesia en su conjunto. La opción de Dios por los pobres, y la correspondiente opción de los cristianos por ellos, es ratificada innumerables veces.

-Llama mucho la atención que el Papa cite a las conferencias episcopales de todas las partes del mundo. Tal vez esta sea la novedad mayor del documento. El Papa no se cita a él mismo nunca. ¡Terminó el monólogo! Francisco da la palabra a los católicos de todos los continentes. Desea descentralizar el gobierno de la Iglesia. Abre la posibilidad del catolicismo policéntrico deseado por las iglesias no-europeas, augurado y auspiciado por Karl Rahner. ¿Llegará a ser la Iglesia, por fin, culturalmente universal? ¿Vendrán los cambios estructurales que harán posible este desplazamiento? Los latinoamericanos los queremos. Tal vez mucho más los asiáticos, los africanos y los pueblos de Oceanía.

-La necesidad de la Iglesia hoy es enorme. Los pobres más que nadie necesitan que, en un contexto de individualismo egoísta y estructurado económicamente, la Iglesia se ponga de su parte. No pueden seguir siendo excluidos. El destino universal de los bienes y la búsqueda del bien común, debieran a ser los grandes principios organizadores de la sociedad. De esto depende el efectivo respecto de la dignidad de todos. Por cierto, Francisco anima a los católicos a reconocer que en la actualidad la Iglesia es solidaria. Lo es de tantas maneras. Pero pide más. Exhorta a descubrir en el cristianismo una religión esencialmente fraternal.

-Francisco habla claro. Ataca al ídolo del dinero. Al consumismo. No quiere herir a nadie. Pero no tiene tiempo que perder. Dice lo suyo. Lo dice sin ánimo de ser infalible. El asunto no es primariamente la verdad, sino la realidad del prójimo malherido. Habla claro, pero, además, cambia al interlocutor. Este no es más el filósofo, el agnóstico, el católico ilustrado, el teólogo, sino el evangelizador, todo bautizado que, gracias a una experiencia de Dios, debe comunicar a otros que su vida vale la pena.

Estas son mis impresiones. Son estrictamente personales. Son algunas.

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