domingo, 21 de octubre de 2018 Actualizado a las 18:49

Opinión

Autor Imagen

Por qué no hay un real voto voluntario en Chile

por 9 diciembre, 2013

Por qué no hay un real voto voluntario en Chile
Me consta que la educación cívica no fue una prioridad en los gobiernos de la Concertación, menos en el actual gobierno de Piñera. Sin información apropiada no hay acción, nadie se moviliza si no tiene un gatillante que lo origine. Sea por la lógica del consumidor o del ciudadano, ambas tienen, como factor común, la información como elemento de la acción. Las manifestaciones sociales del 2011 tuvieron como principal elemento la transferencia de información a la opinión pública, que iba desnudando las falencias del sistema educativo.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Dependiendo de cuánta gente vote el domingo 15 de diciembre, se reanimará o no la discusión entre los que están a favor del voto obligatorio versus los que defienden la postura de la voluntariedad.

¿Pero hay verdaderamente voto voluntario en Chile? A mi modesto entender, no. Las razones son múltiples y tienen distinta profundidad. Pero la negativa a participar no se genera desde la razón de poder ejercer un derecho (o un deber, según sea la postura), sino en la imposibilidad física y/o perceptiva de poder hacerlo. Para votar hay que tener dos condiciones: información y factibilidad de poder llegar a la urna.

Hay comunas como Valparaíso u otras más extensas o de geografías accidentadas, en que los electores viven a metros de un local de votación. Sin embargo, el “sistema” los inscribió al otro lado de la ciudad. Esto ha implicado que, de familias con tres o cuatro miembros con derecho a voto, lo ejerza solamente un miembro, pues el costo económico y de tiempo es muy alto. Ese elector requerirá de dos pasajes en regiones de ida y otros dos de vuelta. ¡Sobre $ 2.400! Y en Santiago, dos o más viajes con la tarjeta Bip, equivalentes a casi  $ 1.400. Ahora bien, si ese elector decide ir acompañado, los valores totales se disparan.

Decir que en Chile hay sesgo de clase como una novedad y marcar la participación de las cinco comunas ricas como el gran argumento a la obligatoriedad, es a lo menos mañoso. Esas cinco comunas (Las Condes, Vitacura, Providencia, Ñuñoa y La Reina), tenían índices de inscripción notablemente mayores al resto de Chile ya desde 1997 y también votaban más que el resto desde finales de los 90. No son una novedad. Sólo muestran el grado de concentración de la riqueza e información de esas comunas, comparado con el resto de Chile.

Otro ejemplo: ¿puede una familia ir a votar unida o escoger dónde votar? No. Salvo que el azar, a través de la modificación de las inscripciones simultáneas de los interesados, los destinara al mismo local. Normalmente, en comunas con más de 50 mil electores, todos están en locales distintos, algunos bien distantes entre sí. Los electores de más edad han mantenido las mismas mesas del voto obligatorio y la inscripción voluntaria y, los jóvenes en mesas más nuevas, del actual régimen automático. En resumen, locales diferentes.

Por otra parte, cada vez son más las personas que trabajan los fines de semana, por lo cual, ¿puede ir un trabajador o trabajadora en dos horas a votar? La respuesta es: con mucha dificultad. Esto porque la fuente laboral no necesariamente queda en la comuna donde se está inscrito  y, por otra parte, la incertidumbre de si habrá o no cola, desincentiva la aventura de ir a sufragar. Al final, la reflexión es que es más seguro quedarse en el trabajo y no arriesgar la “pega” al ejercer el derecho, salvo que el trabajador tenga enormes grados de conciencia política y decida aventurarse.

En otro sentido, cambió el sistema de inscripción y voluntariedad, pero la administración de las mesas de votación sigue casi igual que antes. En la práctica, comienza a las 9 horas y cierra a las 18 horas: sólo 9 horas corridas.

De esta forma, el 17 de noviembre último, se debieron concentrar cuatro elecciones en las regiones pares en las mismas 9 horas, lo cual desalienta a aquel elector que sólo quiere sufragar en una o dos elecciones. La norma obliga a recibir todos los votos, y no hay voluntariedad para decidir en cuál elección voto y en cuál no. El paquete completo o nada.

Esta es la principal razón de por qué no cuadran siempre los escrutinios, los electores pierden o se guardan los votos no ocupados. Poder elegir en qué votos se quieren marcar preferencias, ampliar y flexibilizar los horarios, ayudaría a la participación, así como, también, integrar la elección de consejeros regionales a la elección municipal; de esta forma, ambos actos, presidencial y municipal, quedarían con tres elecciones cada uno.

Todos estos aspectos develan que la lógica cultural del proceso está marcada en evitar el delito, más que en atraer al elector a votar. Un sistema añejo en el nacimiento.

El gran bien de la información

Decir que en Chile hay sesgo de clase como una novedad y marcar la participación de las cinco comunas ricas como el gran argumento a la obligatoriedad, es a lo menos mañoso. Esas cinco comunas (Las Condes, Vitacura, Providencia, Ñuñoa y La Reina), tenían índices de inscripción notablemente mayores al resto de Chile ya desde 1997 y también votaban más que el resto desde finales de los 90. No son una novedad. Sólo muestran el grado de concentración de la riqueza e información de esas comunas, comparado con el resto de Chile. La pregunta que nos debemos hacer es por qué en Molina o Parral se votó más que en Las Condes o Vitacura. Por qué en Cholchol, una de las comunas más pobres de Chile, votan casi al igual que en La Reina. Las diferencias son cualitativas e imperceptibles a las planillas Excel de los académicos.

Las razones van por el lado de la información y motivación para participar. Detrás de una alta o aceptable participación siempre hay información y facilidades. Para que exista polarización antes se sabe qué está en juego, quiénes son los protagonistas y las posibles consecuencias.

Me consta que la educación cívica no fue una prioridad en los gobiernos de la Concertación, menos en el actual gobierno de Piñera. Sin información apropiada no hay acción, nadie se moviliza si no tiene un gatillante que lo origine. Sea por la lógica del consumidor o del ciudadano, ambas tienen, como factor común, la información como elemento de la acción. Las manifestaciones sociales del 2011 tuvieron como principal elemento la transferencia de información a la opinión pública, que iba desnudando las falencias del sistema educativo.

Decir que todos los que no votan son iguales o no lo hacen por una misma y única razón, es un error. Los que no votan son hijos o familiares de los que sí votan. No viven en otro país, sólo que muchos de ellos no tienen las facilidades para hacerlo ni la información que los movilice.

Antes de condenar al voto voluntario, y tapar todo con el voto obligatorio, Chile debe generar las condiciones para que los ciudadanos participen y eso pasa por cambiar la visión cultural electoral basada en la sospecha y el sacrificio personal, a una visión que invite al elector a participar sin barreras legales o económicas, flexibilidad y, por sobre todo, información apropiada.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV