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La Iglesia Católica, el Papa Francisco y el capitalismo

por 19 diciembre, 2013

Es muy relevante que aquellos economistas, políticos, intelectuales o “personas de a pie” que creen que la economía de mercado funciona, y que funciona bien, que tiene bondades que deben ser aprovechadas, y que la redistribución tradicional de riqueza o la ayuda internacional no basta para solucionar la pobreza, nos pongamos creativos y veamos qué instancias de la sociedad están llamadas a servir a los más necesitados y cómo deben hacerlo, y también qué rol le cabe al Estado en este ámbito.
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Con la publicación de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium”, volvió a ser tema de opinión y discusión la compatibilidad entre las enseñanzas sociales de la Iglesia Católica y el “capitalismo”. No fueron pocos lo que trataron de socialista al Papa Francisco, o lo acusaron de estar en contra de la economía libre. ¿La Iglesia Católica está efectivamente en contra del “capitalismo” o de la “economía de mercado”? ¿Cuáles son sus planteamientos acerca de este tema?

Para partir, dentro de la Doctrina Social de la Iglesia, siempre ha existido una valoración positiva de los mecanismos que ofrece la economía de mercado, principalmente porque permite hacer un uso eficiente de los recursos y medios de producción, favorece el intercambio de productos y da cierta primacía a la voluntad y preferencia de los consumidores, además de su colaboración en la creación de riqueza.

Ahora bien, uno de los principales problema de esta discusión, a saber, la compatibilidad de este sistema económico con las enseñanzas sociales de la Iglesia, es que hay que partir por definir qué se entiende por capitalismo. Juan Pablo II, en la encíclica “Centesimus Annus”, reflexionó respecto a que si, luego del fracaso del comunismo, el capitalismo debía ser el sistema económico promovido en los países menos desarrollados. En su respuesta planteó la necesidad de precisar adecuadamente  qué se entiende por capitalismo. No puso en duda el aporte social que pueden realizar las empresas, lo positivo de respetar propiedad privada, o las bondades del mercado. Para este Papa, el punto que marcaría la diferencia, respecto a la bondad del capitalismo, sería si la libertad económica efectivamente estaría “encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma”.

Es muy relevante que aquellos economistas, políticos, intelectuales o “personas de a pie” que creen que la economía de mercado funciona, y que funciona bien, que tiene bondades que deben ser aprovechadas, y que la redistribución tradicional de riqueza o la ayuda internacional no basta para solucionar la pobreza, nos pongamos creativos y veamos qué instancias de la sociedad están llamadas a servir a los más necesitados y cómo deben hacerlo, y también qué rol le cabe al Estado en este ámbito.

Su preocupación viene dada de que se considere la libertad y el orden económico como independientes y autónomos respecto de las demás dimensiones del hombre y la vida social; por consiguiente, no sean indiferentes a criterios éticos y morales. Ejemplo de lo anterior es la preocupación que debiera existir por el medio ambiente, el desarrollo humano integral, la pobreza, entre otros. Asimismo, también se deben considerar  los mecanismos propios del mercado. Estos no se pueden aplicar a todos los ámbitos y tipos de bienes, dado que, como dice el mismo Pontífice, “hay exigencias humanas que se escapan de sus lógicas”.

En la nueva Exhortación Apostólica, el Papa Francisco sigue este criterio con total coherencia. No critica la economía de mercado en sí misma, o cualquier forma de entenderla, sino que plantea ciertas preocupaciones y críticas sobre algunas consideraciones de su aplicación. Por ejemplo, cuando se asume la “teoría del chorreo” al momento de idear políticas sociales, o la autonomía de los mercados, como cuando se plantea el abstenerse de toda definición.

Si bien el estilo y lenguaje utilizados por el Papa Francisco pueden ser chocantes por lo directos y fuertes, no hay que perder de vista el fondo; conviene, más bien, analizar sus palabras en el contexto teológico y entender que su objetivo es remover conciencias y llamar a la reflexión.

Los planteamientos del papa Francisco debiesen ser considerados en la discusión sobre el “modelo chileno”, porque una de las principales disputas ha sido si la solución pasa por promover “más Estado” o “más mercado”. Al parecer es uno u otro; como si la decisión fuera de blancos o negros. Sin embargo, desde hace bastante tiempo la Iglesia y los últimos Papas han planteado la necesidad de ir más allá del binomio Estado-Mercado, de no entender la sociedad sólo en dichos términos, sino de comprender que la solución a los problemas sociales no es exclusiva de uno u otro. La vida social y económica es un sistema de tres instancias: Estado, Mercado y Sociedad Civil. Este último elemento promovería la sociabilidad entre los ciudadanos, potenciaría la cohesión social, generando un efecto positivo y humanizador en el funcionamiento tanto del mercado como del Estado, o más bien, del sistema político.

En este contexto, es muy relevante que aquellos economistas, políticos, intelectuales o “personas de a pie” que creen que la economía de mercado funciona, y que funciona bien, que tiene bondades que deben ser aprovechadas, y que la redistribución tradicional de riqueza o la ayuda internacional no basta para solucionar la pobreza, nos pongamos creativos y veamos qué instancias de la sociedad están llamadas a servir a los más necesitados y cómo deben hacerlo, y también qué rol le cabe al Estado en este ámbito.

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