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Alimentación, Poder y Control

por 25 diciembre, 2013

Mientras muchas empresas se esmeran en mostrar sus productos o actividades saludables asociadas al color verde, pues Chile no, quiere mostrar todo lo contrario, que alimentos con altos contenido de grasa, sal o azúcar aparezcan asociados a un sello color verde. ¿Si esto no es querer confundir deliberadamente a los consumidores, qué es?
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Al igual que en la mayoría de países del mundo, Chile ha experimentado un cambio en la situación nutricional de su población que se ha reflejado en un aumento creciente de la obesidad y otras enfermedades crónicas. La comida tradicional ha sido progresivamente desplazada por alimentos industrializados, caracterizados por tener altos contenidos de azúcar, sal y grasas.

Esta epidemia de obesidad afecta a un porcentaje importante de la población desde la niñez,  especialmente a aquellos de menor nivel socioeconómico, determinando altos costos en atención en salud y mala calidad de vida. Por ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros cuerpos técnicos han promovido la adopción de medidas diferentes a la educación en salud tradicional, específicamente iniciativas reguladoras que posibiliten un medio ambiente alimentario saludable, dado que la capacidad de seleccionar alimentos saludables ha sido sobrepasada por poderosas y costosas campañas de mercadeo y publicidad.

Numerosos países latinoamericanos y centroamericanos, entre ellos Chile, han impulsado el desarrollo de leyes cuyo objetivo ha sido generar mecanismos que permitan a las personas identificar alimentos saludables, así como, también, impedir la venta en escuelas y la publicidad de aquellos menos saludables. La tramitación de la Ley de Rotulado y Publicidad de Alimentos (Ley 20.606) en Chile ha demorado seis años, veto presidencial mediante incluido. Sin embargo, en todos los países, elaborar un reglamento para su aplicación ha sido una pesadilla.

Mientras muchas empresas se esmeran en mostrar sus productos o actividades saludables asociadas al color verde, pues Chile no, quiere mostrar todo lo contrario, que alimentos con  altos contenido de grasa, sal o azúcar aparezcan asociados a un sello color verde. ¿Si esto no es querer confundir deliberadamente a los consumidores, qué es?

Curiosamente las dificultades en todos los países han sido iguales, declaraciones en medios de comunicación donde representantes de empresas, profesionales asociados a ellas o de asociaciones de industrias declaran que con estas medidas se limita la libertad de elegir, que no existen alimentos malos o buenos, que todo depende de cuánto se coma o que los más importante es hacer actividad física. En todos los países, las presiones han sido al más alto nivel para desdibujar reglamentos o definitivamente para dejar leyes sin aplicación. Es como si la respuesta empresarial siguiera un guión internacional.

Sólo algunos países han logrado avanzar, entre ellos, Costa Rica, cuya ley para vender alimentos saludables en escuelas terminó en el Tribunal Constitucional, que dirimió que la salud de las personas estaba por sobre los intereses comerciales; Ecuador, que con una fuerte voluntad política ha establecido un rotulado de alimentos considerando criterios técnicos aceptados internacionalmente, y México, que ha aprobado recientemente una alza de impuestos a bebidas gaseosas y comida chatarra.

El reglamento de la ley chilena que debía estar listo para ser aplicado en julio de este año ha sufrido los mismos embates que en otros países. En un año se elaboraron tres reglamentos, todos cuestionados, para llegar al recientemente publicado en el Diario Oficial, que tampoco cumple con criterios técnicos aceptables, que deja fuera del ámbito de aplicación a categorías completas de alimentos, desdibujando el espíritu de la Ley, que era entregar una información clara y simple en todos los alimentos. Tampoco se acompaña del necesario reglamento de publicidad, dejando este complejo tema y sus alcances a la interpretación de abogados. Podríamos decir que se ha tratado de cambiar algunos códigos internacionales de la comunicación. Mientras muchas empresas se esmeran en mostrar sus productos o actividades saludables asociadas al color verde, pues Chile no, quiere mostrar todo lo contrario, que alimentos con altos contenido de grasa, sal o azúcar aparezcan asociados a un sello color verde. ¿Si esto no es querer confundir deliberadamente a los consumidores, qué es?

Las leyes de alimentos en América son un ejemplo de cómo opera el poder y el control en decisiones donde debiera primar el bien común, a un nivel donde los ciudadanos no tenemos alcance. Por eso, este reglamento plantea un desafío político y técnico al nuevo gobierno, porque debiera ser modificado para que la Ley aplique de acuerdo al espíritu original. El ejemplo de países como México, Costa Rica y México nos muestran que sólo es posible avanzar en materia de alimentos cuando la salud pública se antepone a los intereses comerciales de las grandes corporaciones, cuando existe un férreo convencimiento de que la promoción y prevención en salud son tanto o más importantes que tratar enfermos, pero sobre todo cuando existe voluntad política para que estas leyes apliquen de manera adecuada. Tenemos fe y esperanza en que este Reglamento será modificado. ¡A los ciudadanos sólo nos queda esperar y vigilar!

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