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La crisis de RN y la opción Monckeberg

por 6 enero, 2014

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Hace una semana se hizo público un documento sobre la crisis de RN titulado “RN y la derecha que queremos” del diputado y aspirante a la presidir el partido Cristián Monckeberg. Para entender las claves políticas del texto y sumergirnos en su tectónica hay que situarse a) en una doble crisis: la que se manifiesta en el oficialismo y la que ocurre al interior de RN y b) en su voluntad de presidir al partido en el próximo período.

El texto, en lo grueso puede ser dividido en dos partes: causas de la derrota y responsabilidades y hoja de ruta para la  “recuperación y re-construcción” política del partido. Veamos.

La “coyuntura de las responsabilidades”. El análisis parte con la constatación de que la derrota electoral  “caló hondo… -y que, las opciones presidenciales fueron- un fracaso rotundo”. A partir de este hecho, se ha producido “un inevitable y necesario proceso de búsqueda de responsabilidades al interior de RN”. El problema político, por tanto, es que desde que se instala la coyuntura de “las responsabilidades” el partido ha entrado en una espiral que amenaza con producir un quiebre “parcial” entre sus dos almas: la conservadora y la liberal; el oficialismo y los piñeristas. El desenlace, es incierto. Al contrario, lo que sí podría ocurrir, es que las fugas potenciales –Lily Pérez, Hinzpeter, la vocera, Baranda, Parot, etc.- sean acotadas y parciales.

Consumada la debacle electoral, el sector –no sólo RN- comenzó a buscar responsabilidades. El tema ya se había insinuado semanas antes. En esta dirección, el sector ha identificado tres posibles responsables: el gobierno, los partidos o ambos. Para Monckeberg, “todos” son responsables: “Gobierno, partidos y dirigencia”. Una posición intermedia y políticamente correcta y neutra. Poco atrevimiento; por ahora.

En consecuencia, a partir de la “coyuntura de las responsabilidades” el partido ha entrado a una fase de alta tensión que tiene a varios militantes en un proceso de “reflexión” en torno a seguir o no en el partido.

Llamado a la paz. En medio de este escenario, Monckeberg hace un llamado a la “paz interna”. Las palabras del diputado, sin duda, connotan un estado de crisis que ha dejado heridos. Sus palabras dan cuenta de una “crisis profunda y muy compleja”. Curiosamente, no usa en todo el texto la palabra “crisis”.

El objetivo político de Monckeberg, por tanto, es doble: pacificación y unidad. “La paz es urgente y necesaria” ha planteado. Y esto, debido a que sólo en un escenario colaborativo y de tranquilidad el partido podrá recuperar su identidad y su capacidad de convocar y ser competitivo. De hecho, “la paz interna nos permitirá embestir nuestros objetivos más urgentes: un debate programático… y un proceso de formación de liderazgos jóvenes, que nos vigorice”.

Las causas de la derrota. Monckeberg no sólo pone atención en el tema de las responsabilidades y en los efectos negativos que ha tenido para el partido –amenazado por un cisma-, sino también en las causas que explican la “derrota electoral”. La respuesta, afirma, no  hay que buscarlas en los “problemas comunicacionales” como se ha venido insistiendo desde hace un par de años. En consecuencia, las razones de la derrota hay que buscarlas en que “claudicamos en la defensa de nuestro ideario”.

La tesis no es nueva. Se la escuchamos a Novoa –entre otros- a fines del 2012 hace más un año. La lectura que hace de la derrota encuentra raíces en marzo del 2010. Afirma, que “ganamos, y en lugar de comenzar un trabajo de fortalecer nuestro ideario, cruzamos a quitarle algunas banderas a la Concertación. Así, nos volvimos un poco incoherentes y demasiado tecnócratas. Dejamos de transmitir en la frecuencia ideológica… y fue entonces cuando la Concertación empezó a re-articular su discurso… Nuestros electores apagaron la radio porque ya no había mensaje ideológico para ellos”.

¿Qué quiere significar cuando afirma: que perdieron la presidencial  porque gobernaron con “algunas banderas de la Concertación? Monckeberg, para evitarse enemistades políticas y posicionarse como una carta válida para suceder a “Don Carlos” no entra en detalles. En efecto, no dice “que banderas” ni tampoco quien gobernó con esas ideas. Hay aquí, sin duda, una crítica oculta y latente a la gestión Piñera.

Esto se conecta con un hecho sustancial. Se trata, de que la presidencial del 2009 no sólo la ganaron por el liderazgo de Piñera, “sino también porque la Concertación estaba agotada”. Ocurrió, por tanto, que “una parte del electorado cruzó la vereda por cansancio con nuestro rival, pero entre ellos no se produjo un realineamiento en función de un cambio de valores o ideológico”. En consecuencia, la derecha habría ganado con votos ajenos; tesis que ya la había mencionado Longueira hace unos años.

La identidad abandonada. Abandonar las ideas esenciales del sector se traduce, finalmente, en un problema de identidad. Monckeberg, ha dicho que la derrota electoral se debe a que abandonaron su identidad. En ese contexto, afirma que debemos “recuperar” nuestra identidad de “centro-derecha, moldeada durante la transición y anclada en una historia de respeto por la democracia representativa, las instituciones republicanas y la virtud cívica”.

Para Monckeberg, hay que pacificar el partido; para luego, “reconstruir esa identidad y reforzar lo que nos une en torno a un proyecto país, RN y la derecha chilena”. En este contexto, en consecuencia, se hace una pregunta para el futuro del partido: “¿cómo… recuperamos la senda de una derecha republicana?” y seguimos las enseñanzas de “Francisco Bulnes, Pedro Ibáñez y Sergio Onofre Jarpa”.

Los cuatro pilares. Monckeberg, le plantea al partido que para recuperar la identidad y construir la “derecha que queremos” hay que hacer un giro partidario que se funda en cuatro objetivos políticos: tolerancia, vocación de centro y de mayoría, defender el interés público y superar el cosismo.

1. La tolerancia. Para el diputado, la “paz” es lo primero. Pero, “no una paz… del silencio que esconda las diferencias… sino una paz fruto de la tolerancia y del reconocerse”.

¿A qué se refiere con tolerancia?  Afirma que “hablamos de tolerancia hacia quienes piensan distinto, tienen otras creencias  valores, tienen una opción sexual diferente… respeto a los adultos mayores y hacia los pueblos originarios… hacia las autoridades y a las instituciones”.

La paz, por tanto,  hay que fundarla en la tolerancia. Aquí, sin duda, uno de los mayores déficits del sector. Hay que advertir, en consecuencia, que este no es un problema ideológico; al contrario, es un problema cultural.

2. Acercamiento al centro político. “La derecha que queremos” también requiere vocación de poder. De hecho, “para recuperar es identidad y reforzar lo que nos une en torno a un proyecto país, RN y la derecha chilena… deben fortalecer su vocación de centro… -y su- vocación de mayoría”. En consecuencia, hay que dejar la política de “vetos y de trinchera” característica de la derecha de hoy; y atreverse a “soñar el Chile del futuro, a moldear su porvenir y a proponer cambios de acuerdo a nuestro ideario”.

Aquí, tampoco ninguna novedad. Es una tesis que la escuchamos desde fines de los ochenta. RN ha insistido en innumerables ocasiones sobre un posible acercamiento con la DC.

Pero, sólo una vez, que la identidad del partido sea recuperada podemos “ampliar la casa y profundizar en el corto y mediano plazo nuestro entendimiento con el centro político, con aquellos con quienes tenemos coincidencias importantes en cuanto al modelo de sociedad: Evópoli… con el humanismo cristiano, con regionalistas, incluso con personas que creyeron en Andrés Velasco”.

Para Monckeberg, hay que “emprender la construcción de un frente político amplio, abierto, sin vetos, con reglas claras… con cultura de coalición y no meramente electoral”.

En este contexto tiene “especial relevancia un eventualmente acercamiento con la DC, superando las fronteras que dibujó el plebiscito del año ’88”.

3. Defender el interés público. El partido y el sector para volver a ser competitivo tiene que identificarse con el interés público. La derecha no puede seguir siendo identificada con el interés privado y los negocios “abusivos”. La derecha del futuro, por tanto, no puede ser vista como “los representantes de los intereses económicos”.

4. Superar el cosismo. También, es una idea que ya se ha escuchado en el sector. De hecho, el propio Novoa es crítico de este tipo de estrategia que se impuso en el sector desde fines de los noventa y que tuvo a la dupla Lavín-Longueira a 30 mil votos de ganarle a Lagos en la presidencial del ’99. Para Monckeberg, el resultado de esta “política de cosas” los llevó a abandonar sus ideas. Y, en este contexto, “la izquierda construyó una hegemonía cultural que movió la frontera ideológica y redibujo el mapa de la agenda en aspectos sustantivos”.

El cosismo, finalmente, “reniega de la ideología propia”. Fue pan para hoy y hambre para mañana. El cosismo hizo que la derecha fuera competitiva y llegara a La Moneda; pero, también que perdieran el gobierno en tan sólo cuatro años; en rigor, el un poco más de un año; ya que, el desalojo comenzó en el 2011.

Nuevamente, Monckeberg no profundiza en sus palabras ni en sus definiciones políticas. Para el diputado por Las Condes, Piñera ¿fue un presidente cosista?

La derecha del futuro. A estas alturas del debate y de la competencia política, es evidente que la derecha transita hacia una nueva condición. “El modelo de la derecha ochentera está agotado, su estructura debilitada y su conexión con la gente extraviada. La Alianza ha cumplido un ciclo… y frente a eso debemos ser valientes y no tener miedo a patear la colmena”.

Monckeberg, por tanto, le presenta a su partido una alternativa de cambio; un modelo de derecha que sigue la tradición de la derecha histórica y republicana que simboliza Fco. Bulnes, Pedro Ibáñez y Onofre Jarpa: un conservador, un liberal y un nacionalista. Monckeberg, se reconoce, por tanto, heredero de esa tradición.

La prudencia es lo que domina su relato y propuesta. Monckeberg, quiere presidir RN y no enemistarse con nadie de su familia más cercana: ni con Piñera, ni con Allamand, ni con la dupla Ossandón-Larraín. Este hecho, sin duda, ha anulado la potencia y la profundidad de su diagnóstico. Monckeberg, quiere pacificar a RN, mantener la unidad –en RN “no sobra nadie” ha dicho- y desde esta condición ofrecer un camino de acción política que los saque de la actual coyuntura y los proyecte nuevamente a La Moneda.

No nos dice, finalmente, si Piñera fue el que abandonó las ideas del sector y gobernó con “algunas banderas de la Concertación” o si su gobierno fue o no cosista. Tampoco, nos dice nada acerca de las ideas que supuestamente abandonaron. ¿Por qué no profundiza en estas variables?

Las debilidades del relato. Finalmente, para Monckeberg, el problema político de la derecha en general y del partido en particular es que se quedaron sin proyectos ni ideas con las que interpelar a los ciudadanos. Ese, es el dilema mayor. No sólo deben reconstruir un proyecto país, sino también comunicarlo y seducir a los electores. Todo indica, que la Nueva Mayoría tiene, a lo menos, ocho años para gobernar. La derecha fue superada por el devenir histórico.

Pero, hay un segundo problema político de magnitud. Se trata, de que el relato de Monckeberg no ha logrado captar al “esencia” del Chile que emerge en el nuevo ciclo. El diputado, no ha captado que las ideas que fueron las bases del modelo por treinta años se agotaron. Para él, y su sector, sólo hay que hacer ajustes que corrijan el modelo.

Es muy elocuente cuando afirma que el modelo sólo tiene vicios que se derivan de los abusos. Para Monckeberg, “los chilenos… no están cansados del sistema, están cansados de los abusos, no sienten rabia frente a una tarjeta de crédito, sino contra engaños y cobros indebidos; no proponen un nuevo sistema de pensiones… no buscan una educación estatizante y uniforme, sino que una en que las instituciones no son un negocio”.

Y, en el mismo sentido se pregunta: “¿está en el interés público una nueva constitución… que la educación sea pública exclusivamente… o en subir los impuestos?”.

Parece olvidar, el diputado, que los ciudadanos votaron mayoritariamente por el programa de los cambios y que sí a la gente le interesa una nueva constitución que consagre derechos, una educación pública gratuita y de calidad y una reforma tributaria que re-distribuya los ingresos. No en vano, los sucesivos triunfos electorales de Bachelet son una señal muy potente.

Aparece, un tercer problema político del relato Monckeberg. Se trata, de que en este esquema RN y la UDI deben reformular su relación de poder. A Monckeberg, le incomoda el pacto político y electoral que hay con la UDI. Lo relevante, es que no está sólo en esta idea. Muchos en RN piensan y sienten igual. De hecho, en este texto la UDI ha sido caracterizada como una “derecha ultraconservadora”, que no sólo ha impuesto la política de “veto, trinchera y frontón”, sino también el nefasto “cosismo”. Es más, la tesis de acercarse al centro, a la DC y de crear un “Frente Amplio”, choca con las pretensiones hegemónicas del gremialismo. Para Monckeberg y para otras militantes, la UDI es un problema para el partido. La UDI está ahogando a RN.

El fin de binominal favorecerá la fragmentación y autonomía política del sector; y esto, tendería a flexibilizar la histórica relación que ha existido entre ambos partidos de la derecha.

No hay mucha claridad hoy, en torno a cómo evolucionará la relación política entre ambos partidos. Sin embargo, hay que estar atento a lo que ocurra en el parlamento para ir palpando el tipo de relación que se empieza a manifestar entre ambos conglomerados; y, cómo ella, va definir el futuro del sector.

Las próximas dos semanas serán decisivas para el oficialismo. Marcaran, el curso que toman los acontecimientos desde marzo.

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