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Plantaciones forestales, incendios y restauración ecológica

por 7 enero, 2014

En los últimos 15 años, nueve temporadas de incendios han superado las 10.000 ha. de plantaciones y seis a más de 20.000 ha. de este tipo de vegetación. El aumento significativo de la superficie de plantaciones ha generado un paisaje homogéneo, continuo y más combustible, que implicaría un incremento del peligro y riesgo de incendios, y la consecuente vulnerabilidad de las comunidades aledañas.
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En Chile, la ocurrencia de incendios de gran extensión se ha incrementado y con ello sus impactos en el medio ambiente, infraestructura y vidas humanas. El aumento de la frecuencia y severidad los incendios va asociado al cambio y variabilidad climática y a patrones de uso del suelo.

El promedio de la superficie quemada anualmente, durante la última década, supera las 50.000 ha., concentrándose principalmente entre Valparaíso y La Araucanía. Para el caso de los incendios que han afectado plantaciones de Pinus radiata y Eucalyptus spp., desde fines de los 90, se ha observado una tendencia al aumento de la superficie quemada anualmente. En los últimos 15 años, nueve temporadas de incendios han superado las 10.000 ha. de plantaciones y seis a más de 20.000 ha. de este tipo de vegetación. El aumento significativo de la superficie de plantaciones ha generado un paisaje homogéneo, continuo y más combustible, que implicaría un incremento del peligro y riesgo de incendios, y la consecuente vulnerabilidad de las comunidades aledañas.

Ahora bien, los escenarios climáticos proyectados para estas regiones muestran una disminución en las precipitaciones de hasta un 25 y 40 % para primavera-verano; y un aumento entre 2° y 4°C de las temperaturas para el período 2075-2100. De esta manera, las campañas de educación y prevención, las medidas punitivas y una mayor inversión y gestión en el control y combate de  incendios, serán insuficientes para contrarrestar un paisaje cada vez más inflamable y combustible, por lo tanto, más vulnerable.

En los últimos 15 años, nueve temporadas de incendios han superado las 10.000 ha. de plantaciones y seis a más de 20.000 ha. de este tipo de vegetación. El aumento significativo de la superficie de plantaciones ha generado un paisaje homogéneo, continuo y más combustible, que implicaría un incremento del peligro y riesgo de incendios, y la consecuente vulnerabilidad de las comunidades aledañas.

En este escenario, las principales medidas de adaptación al cambio climático apuntan esencialmente a una mayor diversificación productiva, fomentando el desarrollo y mantención de diversas actividades y usos del territorio (ej.: agropecuario, plantaciones, manejo y conservación del bosque nativo, provisión de agua, turismo) y de esta manera satisfacer la demanda creciente de múltiples bienes y servicios ecosistémicos.

Junto a lo anterior, es necesario promover y normar el buen manejo y sustentabilidad de los bosques y plantaciones, a través de la adecuada planificación, diseño y prácticas forestales. Paradójicamente, iniciativas como aumentar la superficie de plantaciones similares a las existentes, a través de las versiones del proyecto de Ley para prorrogar las bonificaciones del DL701, son discordantes ante las predicciones de cambio climático.

A nivel mundial, existe un reconocimiento cada vez mayor de que la degradación de los ecosistemas y la pérdida de conectividad entre ellos reducen la seguridad alimentaria, la provisión de agua y las oportunidades económicas. De esta manera la Convención de Biodiversidad Biológica de Naciones Unidas, de la cual Chile es signatario, estableció como uno de sus objetivos estratégicos para el 2011-2020 la restauración ecológica de al menos 15% de los ecosistemas degradados o destruidos, como, por ejemplo, los bosques nativos en territorios dominados por plantaciones, especialmente de aquellos que proveen servicios esenciales, contribuyen a la salud y sustento de la población.

Sin duda, nuestro país debe adoptar políticas y estrategias, como un eje clave para contribuir a la mitigación y adaptación del cambio climático y, a la vez, a la resiliencia ecológica y social, permitiendo abordar adecuadamente el problema de los incendios con sus graves consecuencias económicas, ambientales y sociales.

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