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La infiltración de los movimientos sociales

por 15 enero, 2014

Este caso incendiario debe hacer pensar sobre los frecuentes actos de vandalismo cometidos durante las manifestaciones estudiantiles en Chile, en que la TV muestra a un grupo de encapuchados que derriban un poste de semáforos, repetidamente, y que nunca son detenidos ni identificados. ¿Será una maniobra de inteligencia encubierta para desacreditar al movimiento estudiantil y a sus aliados?
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Tradicionalmente el control e información sobre los partidos políticos y movimientos Sindicales los ejercía en Chile un departamento de la Policía de Investigaciones que reportaba directamente al Ministerio del Interior. Durante la dictadura pinochetista esta misión fue ampliada y complementada por los servicios de inteligencia con miles de soplones pagados que trataban que uno de ellos se hiciera pasar por militante y les reportara información que pudiera delatarlos.

Actualmente la ANI (Agencia Nacional de Inteligencia) puede estar cumpliendo ambas funciones, pero su personal está juramentado a no revelar lo que se hace, ni tampoco publicitar la información acumulada en los años desde su creación o heredada de los tiempos de la dictadura.

Poco sabríamos sobre cómo actúan los servicios de inteligencia modernos si no fuera por las  revelaciones de un libro reciente, publicado en inglés, en que se entrevista a un agente infiltrado durante años en los  movimientos sociales ingleses y que al renunciar destapó asombrosos detalles de cómo  se infiltra actualmente a la sociedad civil.

El libro en cuestión se llama Agente encubierto: la verdadera historia de la policía secreta británica (Rob Evans & Paul Lewis). En ese libro los autores relatan el testimonio de varios infiltrados y soplones que les sirvieron para caracterizar la labor de la policía secreta en ese país.

Este caso incendiario debe hacer pensar sobre los frecuentes actos de vandalismo cometidos durante las manifestaciones estudiantiles en Chile, en que la TV muestra a un grupo  de encapuchados que derriban un poste de semáforos, repetidamente, y que nunca son detenidos ni identificados. ¿Será una maniobra de inteligencia encubierta para desacreditar al movimiento estudiantil y a sus aliados?

La iniciativa de formar un nuevo Equipo Especial para Manifestaciones (SDS por sus siglas en inglés) no nació por decisión de los gobiernos conservadores, sino por la alarma del gobierno laborista de Harold Wilson por las grandes demostraciones en contra de la guerra en el Vietnam, que ponían en riesgo su alianza y respaldo al gobierno de EE.UU.

El foco del SDS fue muy amplio: socialistas, anarquistas, medioambientalistas, antinazis, antirracistas y los que hacían campaña contra el apartheid. Financiados directamente por el Gobierno, se decidió que 10 oficiales de la policía, en forma ultrasecreta y que no responderían ante nadie, cumplirían la misión de infiltrar y vigilar a quienes desearan manifestarse pacíficamente.

La labor del SDS se extendió hasta 2008, cuando fue reemplazado por la Unidad Nacional de Inteligencia para el Orden Público, con más de 70 agentes secretos (NPOIU por sus siglas en inglés).

Ese trabajo de infiltración no se planteó como algo puntual o dirigido a cierta organización en especial. Se diseñó como un plan de largo alcance, más que por años, por décadas, y tomando una gran cantidad de medidas precautorias para ocultar la identidad de los agentes infiltrados. El secreto de sus actuaciones permaneció así hasta octubre de 2010, cuando un grupo de activistas políticos reveló en la red de noticias Indymedia que Mark Kennedy, un oficial de la policía encubierto, los había infiltrado y dieron a la publicidad muchos detalles sobre las tácticas del espionaje, sobre la doble vida de los oficiales encubiertos y sobre la gente que ellos explotaron y traicionaron.

De la gran cantidad de datos sobre el actuar de los “encubiertos” que figuran en el libro y en los comentarios que ha provocado, hay dos que resultan de particular interés para los movimientos sociales y políticos chilenos.

El primero se refiere a la forma en que se da una nueva  identidad al agente para que sea imposible rastrearlo como oficial de la policía. El hecho relatado se refiere a Peter Francis, quien espió en pequeños grupos antifascistas y antirracistas en Londres, antes de infiltrar al grupo que era su objetivo: Acción Antifascista. Además logró espiar a quienes hacían campañas similares a través de Europa. Es gracias a él, quien actuando como un soplón anónimo accedió a dar entrevistas a los autores del libro, que se conoce con cierto detalle la forma en que operó el SDS.

Desde entonces su verdadera identidad es conocida y pública. Para darle una identidad falsa y a prueba de todo, se eligió la de un niño fallecido que coincidiera con el primer nombre de Peter y más o menos su edad. Se le consiguió un trabajo en una escuela, licencia de conducir, pasaporte y una historia familiar que incluía incluso un récord criminal falso en el archivo policial. Dos veces a la semana se reunía en una casa de seguridad con otro oficial del SDS.

Un caso que obliga a reflexionar para el entorno chileno es el de Mark Robinson, que logró incorporarse en Greenpeace en Londres y se dice que fue uno de los tres activistas que pusieron bombas incendiarias en las tiendas Debenhams en varias ciudades. El plan consistía en poner las bombas durante el día, pero programadas para que estallaran en medio de la noche, para que hicieran funcionar los rociadores de agua automáticos y se produjera una inundación que arruinara el stock de prendas con piel animal. Las cosas no funcionaron tan bien. Se produjeron daños mayores y dos de los tres activistas fueron detenidos y condenados por provocar incendios. Lambert (ese es el nombre verdadero de Robinson) desapareció misteriosamente. De lo que se sabe, los oficiales encubiertos del SDS podían pedir autorización retrospectiva a sus jefes por las cosas que hacían y así librarse de las penas. La nueva organización inglesa de trabajo encubierto (NPOIU) ha hecho todo lo posible por tomar distancia de la ahora inexistente SDS, aunque se sabe que está cometiendo y ocultando las mismas prácticas.

Este caso incendiario debe hacer pensar sobre los frecuentes actos de vandalismo cometidos durante las manifestaciones estudiantiles en Chile, en que la TV muestra a un grupo de encapuchados que derriban un poste de semáforos, repetidamente, y que nunca son detenidos ni identificados.

¿Será una maniobra de inteligencia encubierta para desacreditar al movimiento estudiantil y a sus aliados?

Al asumir en Chile un nuevo Gobierno, éste debiera dar transparencia al trabajo de información que se ejerce sobre los movimientos sociales que se manifiestan pacíficamente y actúan dentro del marco legal  democrático.

Transparencia significa dar a conocer las normas y procedimientos que tanto la policía política, como la ANI y los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas dedican al control de los movimientos sociales y a las garantías que se ofrecen a los ciudadanos para ejercer sus derechos.

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