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El tema urbano se toma la agenda

por 18 enero, 2014

En otras palabras, se acabaron las cátedras, señores. Aquí, todos tienen derecho a opinar cuando se trata de decidir políticas que afectan o beneficien a nuestra ciudad y todo lo relacionado a nuestra calidad de vida.
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Se ha puesto entretenido el tema urbano/suelo/habitacional en este último tiempo. En términos mediáticos se ha posicionado en la agenda. Antes, hablar sobre temas de la ciudad, del uso del suelo y todas las derivadas que implica (co)existir y (con)vivir en un espacio, sólo se limitaba a la academia y a esporádicas apariciones y coberturas en los medios a nivel de mínimas columnas en la sección noticias de tercer orden.

Eso mismo, más otra serie de hechos, es lo que ha permitido que se hayan promulgado modificaciones a la OGUC, sin que –presuntamente– se hayan dado a conocer debida y previamente a la comunidad en general como, sobre todo, a la especializada, lo que ha ocasionado cargos no menos graves a las autoridades, de parte tanto de organizaciones ciudadanas como de la mismísima academia a través de algunos decanos de connotadas universidades, aparte de la directiva del Colegio de la Orden (Arquitectos). Todo eso, sumado a recientes casos como los del PRMS 100 y la PNDU, ha causado cierto revuelo, aunque todavía en círculos más focales, lo que, sin duda, ha ayudado a instalar la temática CIUDAD en la agenda pública.

Contribuyó a este efecto, desde luego, lo que los candidatos de todas las series y colores en la reciente campaña, desde diputados a presidente –hablar de más viviendas, parques,  mejoras de infraestructura vial y servicios, etc.,  redituaba sus buenos votos–, dejaron en el inconsciente colectivo en su pasada propagandística. Incluso, estas mismas columnas, que han desnudado las políticas públicas –demostrando el fracaso en el combate frente al déficit habitacional y las contradicciones existentes  entre las políticas urbanas impulsadas por la autoridad– aplicadas durante los últimos dos decenios en materias habitacionales y enfatizado sobre los males endémicos que azotan al aparato administrativo público, es una señal de que algo está pasando al respecto.

En otras palabras, se acabaron las cátedras, señores. Aquí, todos tienen derecho a opinar cuando se trata de decidir políticas que afecten o beneficien a nuestra ciudad y todo lo relacionado a nuestra calidad de vida.

O, decirlo de otro modo, nos estamos atreviendo a enfrentar lo que siempre ha permanecido en esferas supremas e intocables como resultan aquellas máximas que emanan de la autoridad y ciertos especialistas que pautean la agenda o se repiten en el tiempo y en cargos de influencia.

¡Y ese hecho es lo que importa destacar! Porque, más allá de si los reclamos, denuncias y acciones legales prosperen para derogar esas aparentemente perversas leyes que benefician a esos genéricos grupos de siempre, lo interesante y rescatable del hecho, es la sensación ambiente de una fuerza que llegó para quedarse y hacer ruido.

En otras palabras, se acabaron las cátedras, señores. Aquí, todos tienen derecho a opinar cuando se trata de decidir políticas que afecten o beneficien a nuestra ciudad y todo lo relacionado a nuestra calidad de vida. O, por último, para empezar a entender qué ocurre con una determinada propuesta donde siempre hay defensores (los que en teoría, y suele ser así, sacan ventajas de la medida), así como críticos de estas (acusan a los anteriores sobre prácticas contrarias al buen procedimiento y costumbres éticas), lo que al menos permite hacerse una idea de quiénes son los buenos y los malos. Para mí, hasta acá, aún no es posible visualizar si al que acusan de malo lo es realmente. Y viceversa.

Respecto a la cátedra, tampoco se trata del chuchuqueo. Así como un médico cirujano no le consulta –en casos de emergencia, me refiero– a toda la parentela del paciente u a otros colegas qué hacer, porque está en sus manos decidirlo como especialista, tampoco se trata de hacer consultas o plebiscitos ciudadanos ante cada problema o propuesta. No, también hay que ser prácticos…

El punto indiscutible es que la próxima autoridad sectorial no la tendrá papaya, al menos en materias de políticas públicas urbano-habitacionales. Ya hay un empoderamiento de la población que reclamará por soluciones concretas y acordes a las urgencias. Y voces de especialistas y grupos organizados que van a querer y deberán ser escuchados. Va a haber movimiento.

Seguramente, a esas alturas, ya la futura presidenta debe tener afinado y consensuado su futuro gabinete. En cuanto al Ministerio de Vivienda y Urbanismo, y si se sigue la lógica y nombres que más se repiten en los círculos políticos y gremiales, todo indica que –salvo una tapada o carta de última hora– recaerá en el género masculino. Es más, se apuesta a dos personeros de fuero político, aun cuando uno de ellos es más técnico. Históricamente, en los gobiernos de la Concertación, esta cartera ha recaído en manos de la DC, con Subsecretaría  para el PS. Pero esto se rompería si –según datos de mis fuentes– se diera el caso del político-técnico que es de las filas del PPD. En fin, puras especulaciones, pero no deja de ser un entretenido deporte nacional. Ya he escuchado la confección de verdaderos organigramas y repartijas de cargos públicos donde se repiten antiguos personeros de las administraciones anteriores.

El verdadero punto  aquí, es que a diferencia de lo que ocurría en aquellos concertacionistas con años de gobierno –y tal cual lo hemos reiterado en sucesivas columnas en este medio–, ya no hay tiempo ni están las condiciones para ensayos o inventos novedosos de nuevos programas, que sabemos, por lo corto, demoran más de dos años en entrar en vigencia y otro tanto en implementarse. Si no, pregúntenle a la actual administración que llegó orgullosa de contar con el denominado Programa de Vivienda Tantauco –que tuve la ocasión de conocer y del que suscribo su concepto, en tanto a mi entender atacaba con simpleza el problema crónico del déficit habitacional–, el que sorprendentemente fue desechado por la autoridad sectorial nombrada, quien prefirió seguir con el mismo supuesto excelente programa de la Nueva Política Habitacional –también refutado en las citadas columnas–, impulsado justamente por el gobierno anterior de nuestra futura Presidenta. Como me dicen algunos amigos entendidos, el tema es político, no técnico. Pues bien, sigan en esa lógica y verán cómo se les escapa de las manos la oportunidad de hacer buena gestión durante los acotadísimos próximos cuatro años.

Insisto, ya la gente no se traga el cuento de largos procesos. ¡Quiere soluciones ya! Esperemos que el próximo(a) ministro(a) esté iluminado y llegue con un programa simple, claro y viable de aplicar durante el próximo periodo de gobierno.

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