lunes, 15 de octubre de 2018 Actualizado a las 10:55

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Haití: cuatro años después

Como América Solidaria, seguiremos trabajando en las áreas de desarrollo que más importancia tienen. En primer lugar, en Educación, con nuestros proyectos en primera infancia (fundamentales en el largo plazo para dejar atrás definitivamente la pobreza) y fortalecimiento pedagógico, y la Reconstrucción de la Escuela República de Chile en Puerto Príncipe (un compromiso país). En segundo lugar, en Salud, con nuestros proyectos de rehabilitación de personas con movilidad reducida, atención médica, obstétrica y odontológica, y con un gran énfasis en el trabajo por la prevención del cólera.
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Se han cumplido ya cuatro años de la que ha sido catalogada como la mayor catástrofe social moderna producto de la naturaleza, en la cual un 3% de la población murió y un 15% quedó viviendo en campamentos de carpas de emergencia. Libe Narvarte, quien lideraba el equipo de profesionales desplegados en distintas zonas del país, hace poco escribió una reflexión recordando su vivencia en Puerto Príncipe, en los días posteriores al terremoto: "La desgracia se repartió, en un primer momento, en todos los estratos sociales de Puerto Príncipe... A la igualdad en la muerte, no le siguió igualdad de oportunidades en la vida. Siempre es así, lo sabemos. Pero hay momentos en que ciertas verdades nos abofetean en la cara y cuesta mucho hacerse los locos".

Y es que en las horas siguientes al terremoto, las personas que tenían más recursos, contactos con las embajadas o con organismos internacionales, encontraron oportunidades de atención médica, de acompañamiento e, incluso, pudieron salir del país. Las personas con menos recursos, por otro lado, debieron hacer largas filas para atenderse y, dado que la atención médica de los operativos humanitarios no era suficiente ante la gran necesidad, en muchos casos no pudieron ser atendidos, lo que les significó la muerte. Los días posteriores al terremoto evidenciaron la cara más dramática de la desigualdad: aquella relacionada a la sobrevivencia.

Hoy también estamos a punto de cumplir el cuarto aniversario del terremoto en Chile. Y no podemos dejar de hacer notar que la misma desigualdad en la recuperación de las personas se da en la recuperación de los países.

Como América Solidaria, seguiremos trabajando en las áreas de desarrollo que más importancia tienen. En primer lugar, en Educación, con nuestros proyectos en primera infancia (fundamentales en el largo plazo para dejar atrás definitivamente la pobreza) y fortalecimiento pedagógico, y la Reconstrucción de la Escuela República de Chile en Puerto Príncipe (un compromiso país). En segundo lugar, en Salud, con nuestros proyectos de rehabilitación de personas con movilidad reducida, atención médica, obstétrica y odontológica, y con un gran énfasis en el trabajo por la prevención del cólera.

Se puede debatir si en Chile se ha terminado o no el proceso de reconstrucción después del terremoto, pero la inversión en la infraestructura pública dañada fue alta y rápida, las soluciones habitacionales provisionales o definitivas se han gestionado diligentemente, y el sistema de salud y de educación en pocos meses pudo alcanzar estándares de normalidad. Por otro lado, la economía ha alcanzado un buen desempeño, en parte, por toda la activación de la economía que produjo la reconstrucción. Incluso, hoy, se comienzan a hacer restauraciones económicas ante fallos legales por daños causados por errores que se cometieron en las autoridades que gestionaron el terremoto.

La realidad en Haití ha sido diferente. Se han hecho grandes esfuerzos de reconstrucción: se han construido  carreteras, un centro de operaciones en Jacmel, el Centro Industrial de Caracol, se acondicionó el aeropuerto y se han construido viviendas –donde el Ministerio de Vivienda chileno está asesorando en el desarrollo de una política pública–. Sin embargo, hoy, cerca de un 2% de la población sigue viviendo en campamentos para damnificados, no se ha podido detener la epidemia de cólera producto de las precarias condiciones sanitarias en que quedó el país, y la reconstrucción de las cerca de 5.000 escuelas que se cayeron con el terremoto ha sido muy lenta. La economía, por su parte, no se ha podido activar, presentando altas tasas de desempleo, especialmente entre los jóvenes.

Esta desigualdad en la capacidad de recuperación, nos muestra una serie de desafíos de solidaridad internacional. El mayor de ellos es confiar en el pueblo haitiano y su gran capacidad de trabajo, de esfuerzo y de recuperarse anímicamente ante la adversidad. Esto se debe traducir en que la inversión internacional pueda desarrollarse con un énfasis en la estimulación de las empresas haitianas, y la mano de obra local.

A su vez, la cooperación internacional siempre debe actuar en alianza con el gobierno, para aportar al fortalecimiento de su institucionalidad. Se calcula que en Haití murieron 16.000 funcionarios públicos en el terremoto, razón por la cual lo más honesto y leal es aportar a una reconstrucción también institucional para asegurar sustentabilidad de los cambios y gobernabilidad de ellos en el largo plazo.

En cuanto a inversión pública, es fundamental invertir en los servicios básicos, pudiendo apoyar un sistema de canalización de agua, de recogida de basura y de generación y distribución de electricidad; carreteras y caminos menores; escuelas y jardines infantiles; centros de salud y hospitales, entre otros.

Como América Solidaria, seguiremos trabajando en las áreas de desarrollo que más importancia tienen. En primer lugar, en Educación, con nuestros proyectos en primera infancia (fundamentales en el largo plazo para dejar atrás definitivamente la pobreza) y fortalecimiento pedagógico, y la Reconstrucción de la Escuela República de Chile en Puerto Príncipe (un compromiso país). En segundo lugar, en Salud, con nuestros proyectos de rehabilitación de personas con movilidad reducida, atención médica, obstétrica y odontológica, y con un gran énfasis en el trabajo por la prevención del cólera.

Paso a paso, con paciencia haitiana, se irá configurando una nación tan pujante como el espíritu de su gente. Cada año, década y siglo traerá nuevos desafíos de desarrollo, Haití es el ‘país de las colinas’ y cómo dice un proverbio haitiano: Déyé món, gen món (Después del monte, hay más montes).

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