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A la espera de una sentencia

por 25 enero, 2014

¿Por qué hay mayor preocupación y cierto pesimismo? Porque hora conocemos los alcances del pleito, aunque ya es tarde. La sentencia será definitiva e inapelable. Pretender adivinarla, no es serio, ni corresponde, por sobre los rumores y vaticinios, y más allá de las especulaciones, o los gestos e iniciativas políticas de ambas partes, reuniones, consultas, y citaciones. En nuestro caso, al Consejo de Seguridad Nacional, o visitas de autoridades al norte del país. Posiblemente sean necesarias y convenientes, pero igualmente dejan impresiones equívocas, y hasta preocupantes, a tan pocos días del fallo.
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La Corte de La Haya dictará su Sentencia el 27 de enero. Un pleito que comenzó con  la Memoria (Demanda) peruana, en enero de 2008. Seis años después, conoceremos el nuevo límite marítimo entre Chile y Perú. El de los Tratados de 1952 y 1954, reconocido por ambos países, y la práctica desde entonces, más las Actas de 1968 y 1969, ya no existe. Perú lo desconoció y nos demandó ante la Corte. Hasta hace pocas semanas, no teníamos preocupación por el pleito ni su sentencia. Las autoridades que decidieron, entonces, ir a la Corte, las actuales, y nuestros agentes y abogados, nos reiteraron, continuamente, que nada había que temer. La Corte reconocería el límite alegado por Chile, ratificándolo, fundado en el Derecho Internacional, Tratados, Actas y otros instrumentos, y la práctica ininterrumpida de sesenta años. Debíamos estar confiados. Todo ello es cierto, pero no se enfatizó suficientemente que cualquier punto cuestionado por Perú, y que la Corte reconozca, será a expensas de la soberanía marítima de Chile.

¿Por qué hay mayor preocupación y cierto pesimismo? Porque hora conocemos los alcances del pleito, aunque ya es tarde. La sentencia será definitiva e inapelable. Pretender adivinarla, no es serio, ni corresponde, por sobre los rumores y vaticinios, y más allá de las especulaciones, o los gestos e iniciativas políticas de ambas partes, reuniones, consultas, y citaciones. En nuestro caso, al Consejo de Seguridad Nacional, o visitas de autoridades al norte del país. Posiblemente sean necesarias y convenientes, pero igualmente dejan impresiones equívocas, y hasta preocupantes, a tan pocos días del fallo.

Que es difícil que un país obtenga un Fallo favorable, en su totalidad, y la contraparte, nada. Tampoco, que existe la posibilidad de que la Corte les conceda, para hacer el caso más equitativo, una importante porción de la Alta Mar, más allá de nuestra Zona Económica Exclusiva de 200 millas, hacia el Oeste, y nuestro mar quede rodeado por Perú. De Norte a Sur por el Paralelo (en caso de no modificarlo hacia el Sur). O que, eventualmente, en algún punto del Paralelo, vincule diagonalmente las aguas peruanas con dicho Triángulo Externo de Alta Mar, con consecuencias pesqueras y económicas. De ahí las actuales preocupaciones que parecen dominarnos, menos optimistas que antes, y que tienen al Perú confiado en un posible triunfo.

No hay nada nuevo. Siempre ha sido así. Hoy hemos tomado conciencia de lo que parecía un simple juicio ante una Corte, que se limitaría a reconocer todo lo alegado por Chile, y rechazar todo lo alegado por el Perú. El Derecho nos ampara, es cierto, y no debieran pesar otros factores en la sentencia. Ha sido nuestra estrategia y, por ello, nuestra confianza. Así debería reconocerlo el fallo. Tampoco filtraciones. Es la obligación principal de los jueces. Entonces, ¿por qué hay mayor preocupación y cierto pesimismo? Porque hora conocemos los alcances del pleito, aunque ya es tarde. La sentencia será definitiva e inapelable. Pretender adivinarla, no es serio, ni corresponde, por sobre los rumores y vaticinios, y más allá de las especulaciones, o los gestos e iniciativas políticas de ambas partes, reuniones, consultas, y citaciones. En nuestro caso, al Consejo de Seguridad Nacional, o visitas de autoridades al norte del país. Posiblemente sean necesarias y convenientes, pero igualmente dejan impresiones equívocas, y hasta preocupantes, a tan pocos días del fallo.

Es improcedente su rápida ejecución, como presiona Perú. Un nuevo límite marítimo, si así lo decide la Corte, no tiene plazo de implementación inmediata, ni se ejecuta, ni se hace exigible, ni rige al mundo, al momento de leerse la sentencia. Imponerlo, sería una provocación irresponsable. Corresponde esperar, serenamente. Ya vendrán los tiempos de mayores análisis y de las responsabilidades, si somos perjudicados.

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