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Ximena Rincón, el primer error de Bachelet

por 28 enero, 2014

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El  gabinete de Michelle Bachelet, luego de una larga y silenciosa espera, ha salido a la luz. La conformación de éste tiene sorpresas positivas, entre las cuales se encuentran nuevos y viejos rostros políticos.

Por lo general, a diferencia de lo que dicen muchos, la política está presente desde un comienzo en esta nómina, independiente del conocimiento que tenga la ciudadanía de los nuevos ministros. Sin embargo, si uno hila de manera fina-o intenta hacerlo- se encontrará con que el problema fundamental de esta nueva formación que desembarcará en La Moneda, no son precisamente aquellos rostros nuevos, sino, en manera particular, uno que ya es conocido por la gente.

Me refiero a la senadora Ximena Rincón, uno de los rostros DC –y el único femenino de ese partido- que acompañará a Bachelet en este nuevo desafío. Rincón, parlamentaria en ejercicio, fue elegida por  la Presidenta electa  para ocupar la cartera de la Secretaría General de la Presidencia, según se dice, debido a su conocimiento del proceso legislativo.

Y precisamente he ahí el problema que se ha presentado en materia democrática, para una administración que pretende romper con símbolos más bien monárquicos como la figura del “senador designado”. Porque si bien es cierto que Rincón, quien ha demostrado efectivamente ser una gran política, tiene un gran conocimiento de lo que sucede en materia legislativa en el Congreso, es porque también es cierto que actualmente es representante en el Senado de su partido.  Ha sido electa para desempeñar ese cargo durante ocho años, de los cuales recién lleva cuatro.

Me explico.

Si bien la figura del senador que no es electo, sino puesto a dedo, fue quitada de la Constitución por la polémica reforma que hizo Ricardo Lagos a este texto, el proceso en que es nombrado quien remplaza a un miembro del Congreso que debe dejar su cargo, como es el caso de doña Ximena, aún es autoritario y no se condice con el espíritu de democracia que se le pretende dar a una república Ya que consiste en una decisión que llevan a cabo pocas personas entre paredes.

Pero esto, tal vez resulta menos importante para quien lee este artículo, si es que no le recordamos al lector que este modo de actuar fue utilizado en su mayor expresión por la administración actual para así desmantelar el Congreso de senadores, y llevarlos al trabajo ejecutivo debido a una crisis política. O mejor dicho a una crisis por falta de política.

En ese momento la crítica no se hizo esperar de parte de quienes creemos en el ejercicio democrático y en la evolución de éste, no así en su involución. Y precisamente este accionar nos parecía involutivo para un sistema que aún mantiene bastantes vicios heredados de la dictadura. Por lo mismo, muchos personeros de la oposición alzaron la voz y condenaron la iniciativa del Presidente Piñera.  Los mismos que hoy aplauden la manera en que Ximena Rincón llega a desempeñarse como ministra. Y celebran el primer error de Bachelet.

Este hecho lamentablemente nos aclara que la ética en la política, por lo general, se pone de manifiesto expresamente cuando el adversario está faltando a ésta. Y no así cuando la coalición que lo ha hecho es la que uno representa. Ya que el tema no se ha tomado lo suficientemente en serio, y aún no hay ninguna iniciativa para que el mecanismo de remplazo parlamentario pase el “test democrático”, parafraseando a Lagos.

Es por esto, que es primordial que se termine con llagas antidemocráticas que siguen renaciendo no sólo en nuestras instituciones, sino también en el accionar de algunos de nuestros políticos.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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