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Sombras en Educación

por 3 febrero, 2014

Es evidente que para una interlocución de primer nivel con un actor clave, como son los estudiantes, la credibilidad de las futuras autoridades es fundamental. Por lo mismo, las sombras que existen sobre la recién nominada subsecretaria no ayudan en nada al diálogo con los actores del mundo de la educación, en especial, con las organizaciones estudiantiles.
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La Presidenta electa Michelle Bachelet ha completado el nombramiento de los ministros y subsecretarios que la acompañarán durante su mandato.

En cada uno de estos hombres y mujeres nominados, la mandataria ha depositado una enorme confianza, pues deben encabezar la implementación de un programa de gobierno que tiene como objetivo responder a los anhelos y demandas que la ciudadanía instaló desde las calles.

Se valora la importante renovación de figuras que asumen como ministros, quedando “debajo de la mesa” personajes emblemáticos de la antigua Concertación. Además, se incorporan como ministros y ministras algunos dirigentes que provienen de partidos que no habían estado representados en un gobierno desde 1973, como es el caso de la ministra comunista del Sernam, Claudia Pascual.

Pero, sin duda, los nombramientos en educación han sido los más complicados. Hay que tener presente que la rebelión estudiantil no es fenómeno pasajero –se remonta a la llamada “revolución pingüina” del 2006– y ella interpreta un malestar muy extendido en la sociedad chilena contra un orden de mercado que privatizó la educación, transformándola en un bien de consumo.

Es evidente que para una interlocución de primer nivel con un actor clave, como son los estudiantes, la credibilidad de las futuras autoridades es fundamental. Por lo mismo, las sombras que existen sobre la recién nominada subsecretaria no ayudan en nada al diálogo con los actores del mundo de la educación, en especial, con las organizaciones estudiantiles.

El nuevo ministro Nicolás Eyzaguirre tiene como principal antecedente el haber estado a la cabeza de Hacienda en el gobierno de Ricardo Lagos, una administración que se destacó por profundizar las políticas neoliberales y que mostró muy poco interés por defender la educación pública. De todos modos, sus últimas declaraciones públicas, en favor de la gratuidad, son señales esperanzadoras, pero deben ser acompañadas por medidas muy concretas que despejen cualquier duda con respecto a su genuino y cabal compromiso con el programa de gobierno de la Nueva Mayoría.

En relación a la subsecretaria de Educación, Claudia Peirano, sus vínculos con el mundo de los sostenedores de colegios particulares subvencionados, así como su participación en una declaración donde se opone a la gratuidad universal, han generado desconfianza en el movimiento estudiantil y en sus principales figuras.

Es evidente que para una interlocución de primer nivel con un actor clave, como son los estudiantes, la credibilidad de las futuras autoridades es fundamental. Por lo mismo, las sombras que existen sobre la recién nominada subsecretaria no ayudan en nada al diálogo con los actores del mundo de la educación, en especial, con las organizaciones estudiantiles.

En definitiva, las futuras autoridades de educación deben mostrar una convicción a toda prueba para avanzar en el cumplimiento de un ambicioso programa de gobierno que, en educación, establece el fin del lucro con recursos públicos, la vuelta de escuelas y liceos municipales a manos del Estado, y que se propone conseguir la gratuidad de la educación superior. Todos estos cambios apuntan a poner fin a la hegemonía del mercado en la educación.

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