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Por los intereses permanentes del país

por 6 febrero, 2014

Sería errado responsabilizar a éste u otro gobierno por esta derrota. Pero lo que se puede decir es que todas las administraciones carecieron de una asesoría completa y eficaz que fuera más allá de su periodo y que se proyectara como una política estable del país en materias de orden internacional. Y en este punto también hemos sido soberbios al pensar que Perú no posee la capacidad de poner en escena una política de Estado más poderosa y eficaz que la nuestra.
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Sin duda que el fallo de La Haya demuestra que lo equitativo muchas veces está muy lejos de ser lo realmente justo. Chile empleó una forma pacífica para dirimir una discrepancia y con ello evitar un potencial conflicto. Finalmente, el resultado no puede dejarnos contentos ante la pérdida de derechos económicos exclusivos sobre una extensa franja de mar en la frontera norte.

En nuestro país nadie pensaba que tendríamos un fallo favorable, dentro de otras cosas, porque nosotros éramos los demandados en un tribunal internacional que se caracteriza por fallos equitativos mucho más que por resoluciones  ajustadas al derecho internacional. Los especialistas todavía se preguntan en razón de qué fundamento jurídico Chile debe entregar varios miles de kilómetros cuadrados a Perú. Y lo más notable es nuestro consuelo de que el resultado todavía pudo ser peor.

Lo que queda claro es que, a lo largo de todo este extenso proceso, algo no se hizo bien por parte de la diplomacia chilena, pues fuimos obligados a comparecer en un tribunal internacional, cuya competencia para dirimir en estas y otras materias de orden internacional son al menos difusas y cuestionadas por varios países de nuestro continente. Pero una vez que aceptamos su competencia, no queda más que aceptar el fallo.

Sería errado responsabilizar a éste u otro gobierno por esta derrota. Pero lo que se puede decir es que todas las administraciones carecieron de una asesoría completa y eficaz que fuera más allá de su periodo y que se proyectara como una política estable del país en materias de orden internacional. Y en este punto también hemos sido soberbios al pensar que Perú no posee la capacidad de poner en escena una política de Estado más poderosa y eficaz que la nuestra.

Poco podemos hacer sobre los errores del pasado, además de lamentarnos. Pero creo que nos ha quedado absolutamente claro que mucho podemos realizar para impedir que situaciones como estas se repitan, nos sorprendan, nos dejen sin capacidad de maniobra y completamente a la defensiva.

Y probablemente la principal enseñanza que debemos sacar es que las relaciones entre Estados no se definen sólo por los intercambios económicos ni por los vínculos ideológicos. Nuestro país necesita una política de Estado en materia internacional, que sea capaz de prever, anticiparse y neutralizar eventuales amenazas a nuestra soberanía. Para nadie es un misterio que los peruanos construyeron un caso en varios años y que fuimos incapaces de prever y luego evitar sus consecuencias.

Sería errado responsabilizar a éste u otro gobierno por esta derrota. Pero lo que se puede decir es que todas las administraciones carecieron de una asesoría completa y eficaz que fuera más allá de su periodo y que se proyectara como una política estable del país en materias de orden internacional. Y en este punto también hemos sido soberbios al pensar que Perú no posee la capacidad de poner en escena una política de Estado más poderosa y eficaz que la nuestra.

Por ello es que debemos exigir al próximo gobierno que las relaciones internacionales no estén en manos de una cartera ministerial que forma parte de las redes de influencia de los partidos gobernantes. Es necesario construir una Cancillería que reúna lo mejor de nuestro Servicio Exterior con académicos, uniformados e intelectuales, a fin de generar una masa crítica capaz de desarrollar una política de Estado, promover propuestas y asesorar a los gobiernos no sólo en razón de los resultados de una encuesta de popularidad presidencial, sino en función de los intereses nacionales permanentes.

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