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Descentralización y Democratización Regional: nuevos desafíos para la era Bachelet

por 12 febrero, 2014

Todos estos cambios se suman a las modificaciones que el gobierno de Bachelet cree pertinente realizar, tendientes a mejorar los mecanismos de participación, transparencia y control ciudadano regional. Un real proceso de descentralización supondrá la realización de transferencias desde las instancias centrales hacia sus estructuras periféricas, dejando la noción de Estado centralizado y dando paso a un nuevo concepto de “Estado regional”.
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El programa de gobierno de Michelle Bachelet 2014-2018 señala que una de las mayores desigualdades que enfrenta el país es de carácter territorial. En un claro guiño a mejorar las políticas de descentralización anteriores, resultará vital en su gobierno fomentar una mayor competitividad y diversidad productiva en las regiones, donde los denominados “clusters” deberán ir definiendo la orientación económica de cada región. El programa de Bachelet, en avanzar en una descentralización efectiva, deberá incluir una clara representación política, mejoras en los planes de desarrollo e inversiones, el fortalecimiento real del capital humano y un mayor respaldo a las zonas extremas y territorios con carácter especial: junto con estas propuestas, consolidar un efectivo proceso de democratización regional. Recordemos que en la gira por Chile de Bachelet, como candidata presidencial el año pasado, recibió propuestas de bases para una Nueva Constitución que contemplaban la modelación de Chile como un “Estado regional”, combinando un proceso de descentralización junto con participación política y ciudadana en las regiones del país. Esta idea apunta a un equilibrio de las fuerzas políticas entre el Presidente y el Congreso como figuras que controlan el poder político a nivel nacional, y donde se busca mejorar y consolidar un “Estado regional” con mayores derechos y garantías constitucionales para los ciudadanos, con nuevos espacios de participación de estos y una mejora de la gestión de los gobiernos regionales.

Cuando se revisa el programa y las propuestas de Bachelet sobre la Descentralización, encontramos un intento por responder a las demandas sociales de mejorar un proceso de descentralización congelado y marcadamente obsoleto, junto con el fortalecimiento de la democratización regional, que potencie el desarrollo de las regiones y olvide el exceso de centralismo heredado de la Dictadura militar. Recordemos que las pasadas manifestaciones de Magallanes, Aysén, Freirina, Loa y Osorno, se constituyeron en un claro síntoma de que el centralismo y los fallidos intentos de descentralización y regionalización agonizaban, y se requería a la brevedad una reflexión seria y responsable al respecto.

Todos estos cambios se suman a las modificaciones que el gobierno de Bachelet cree pertinente realizar, tendientes a mejorar los mecanismos de participación, transparencia y control ciudadano regional. Un real proceso de descentralización supondrá la realización de transferencias desde las instancias centrales hacia sus estructuras periféricas, dejando la noción de Estado Centralizado y dando paso a un nuevo concepto de “Estado regional”.

Chile cumple hoy en día, con todos los requisitos para impulsar y consolidar un efectivo proceso de descentralización y democratización regional: estabilidad económica y política, altos grados de institucionalidad, menores grados de corrupción en relación a los países de la región, altos niveles de educación, un crecimiento económico estable y con grandes dividendos y reconocimientos internacionales. Nuestro país necesita un claro programa donde se pueda mejorar la distribución de recursos en las 15 regiones, 54 provincias y 345 comunas de Chile. Una mejor democratización regional implicaría redefinir las relaciones del Estado con la sociedad chilena, superando el centralismo y la excesiva homogeneidad. Para esto, se debe buscar una reforma al Estado unitario que avance en una descentralización real, capaz de generar gobiernos regionales democráticos y autónomos, con capacidad y soberanía para la toma de decisiones y con recursos propios para la implementación de sus propias decisiones.

Según cifras de Subdere, los municipios participan en promedio con no más de 8% de la inversión pública efectiva en los territorios locales, el 92% restante se realiza con recursos regionales y ministeriales. Cada región debe poseer niveles y grados de autonomía capaces de negociar y delegar poderes a las provincias, junto con órganos representativos y un mejor manejo de recursos regionales. Se deben fortalecer a los gobiernos regionales como nuevos Estados regionales, capaces de diseñar políticas propias, con presupuestos y recursos propios, apuntando hacia una mejora real y efectiva del proceso de democratización regional. Bachelet, en su gira como candidata, señaló en varias oportunidades que para sostener un proceso efectivo de descentralización y democratización regional era necesaria una descentralización económica, junto con concretar cambios directos al sistema binominal y la creación de una nueva Constitución para Chile.

Las premisas señaladas anteriormente, deben ir relacionadas con un reformulación del rol de Subdere en cuanto a sus Objetivos y Misiones Estratégicas, que incluyan un real plan de descentralización, donde se abran nuevos canales y mayores competencias regionales para la gestión financiera de los municipios. Uno de los puntos claves del programa de Bachelet en torno a este tema, es que se creará la Comisión Asesora Presidencial para el Desarrollo Regional, la que propondrá un cronograma de traspaso de atribuciones y competencias, contenidos específicos de las actividades, todas enmarcadas dentro de la Elaboración de las Estrategias de Desarrollo Regional (EDR) y en el Plan Regional de Ordenamiento Territorial (PROT). La elección democrática de Intendentes y el Fondo de Convergencia Regional, medidas incluidas en el programa de Bachelet sobre Descentralización, apuntarán a mejorar aquellas disparidades entre regiones, mejorando las condiciones de aquellas más pobres, que se ven dañadas por el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR). En clara sintonía con mejorar los actuales incentivos para considerar a las regiones como polos de desarrollo económico, político y social, el programa de Bachelet buscará potenciar nuevas dinámicas sociales y políticas en las regiones.

Todos estos cambios se suman a las modificaciones que el gobierno de Bachelet cree pertinente realizar, tendientes a mejorar los mecanismos de participación, transparencia y control ciudadano regional. Un real proceso de descentralización supondrá la realización de transferencias desde las instancias centrales hacia sus estructuras periféricas, dejando la noción de Estado centralizado y dando paso a un nuevo concepto de “Estado regional”.

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