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El gobierno de los 100 días

por 13 febrero, 2014

Se extrañan liderazgos creativos que, además de astucia, disciplina y en algunos casos preparación, comprendan y den respuestas a una nueva ciudadanía que, en su mayoría, no cuestiona el modelo de consumo, sólo busca extenderlo de forma más equitativa y permanente para todos a partir de la mejora cualitativa de ciertos enclaves de desigualdad (como educación o salud).
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Las encuestas CEP y los resultados electorales señalan que cerca del 60 por ciento de los chilenos no se identifica con ninguna coalición política, desconfía de la acción de los poderes del Estado y se abstiene de participar en los procesos democráticos, situación que se ha gestado junto al fortalecimiento de una sociedad de consumo más individualista.

Más de la mitad de los chilenos confía más en las empresas que en los partidos. Hoy el ciudadano define y evalúa sus opciones políticas en clave materialista: quién satisface sus necesidades personales, que coinciden con problemas irresueltos, sobre todo en educación, salud y delincuencia.

El perfil de las autoridades recién nombradas por Bachelet en las carteras más emblemáticas, obedece en parte a esta lógica de consumo utilitarista, donde el pragmatismo bacheletista se visualiza más como un fin antes que un medio. La directriz de su gobierno es la de los 100 primeros días. El efectismo y el terror al fracaso en el plano de las expectativas, marcan su propuesta de gobierno. Intentará cumplir rápido (aunque parcialmente) con sus cuatro ejes de campaña y escenificarlos como avances que la eleven a la categoría de gran reformista. Su pragmatismo se cristaliza de manera doble en la cartera de educación, primero, con la dupla Eyzaguirre y Peirano; luego, con Quiroga. El cambio obedece a la necesidad de maquillar una incoherencia: cumplir con la promesa electoral de educación gratuita y universal (hay evidencia para sostener que Bachelet no cree en este concepto), pero de forma gradual, sin comprometer a su gobierno. En el fondo, dejar a todos contentos manteniendo un modelo educativo mixto.

Se extrañan liderazgos creativos que, además de astucia, disciplina y en algunos casos preparación, comprendan y den respuestas a una nueva ciudadanía que, en su mayoría, no cuestiona el modelo de consumo, sólo busca extenderlo de forma más equitativa y permanente para todos a partir de la mejora cualitativa de ciertos enclaves de desigualdad (como educación o salud).

Para negociar las reformas tributarias, sistema electoral y constitucional, Bachelet se rodeó de un equipo de operadores políticos antes que de hombres de Estado que sinteticen visión, estrategia y experiencia. Peñailillo, Aleuy, Elizalde y Rincón saben qué redes e incentivos utilizar para convencer a sus correligionarios PPD, PS y DC de sacar la legislación bacheletista adelante. Pero no más que eso.

Los Intendentes siguen la misma lógica pragmática. La gran mayoría, salvo Huenchumilla y Orrego, presentan un perfil bajo, ninguno es un caudillo local que vaya a encaminar proclamas descentralizadoras.

El resultado es un gabinete poblado de lo que Maquiavelo denominaba dos “especies de cerebros: aquellos poco acomodados para inventar, que cogen con sagacidad lo que se les muestra por los otros, y otros que no conciben nada por sí mismos, ni por los discursos ajenos. Los primeros son excelentes talentos; los segundos son como si ellos no existieran".

Se extrañan liderazgos creativos que, además de astucia, disciplina y en algunos casos preparación, comprendan y den respuestas a una nueva ciudadanía que, en su mayoría, no cuestiona el modelo de consumo, sólo busca extenderlo de forma más equitativa y permanente para todos a partir de la mejora cualitativa de ciertos enclaves de desigualdad (como educación o salud). Pero también liderazgos que, más allá de una estrategia cortoplacista y atención a una lista de demandas materiales, procuren generar un nuevo pragmatismo que sirva como canal para diseñar e implementar políticas públicas que tengan como eje a la persona y revaloricen el sentido del bien común, de lo colectivo. Sin esta impronta y liderazgos, el gobierno de Bachelet y su equipo está destinado a disociarse de las expectativas ciudadanas y fracasar antes de los 100 días.

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