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¿Qué nos ofrece la nueva Ley de Fármacos?

por 20 febrero, 2014

En definitiva, ¿supone la nueva ley de fármacos un cambio radical al actual modelo? Categóricamente, no. Pero sí es un paso importante para mejorar ciertos aspectos que no estaban debidamente regulados. Nuestro principal interés no debe ser el precio, sino la mejora en la calidad de los fármacos y la posibilidad de comparar con estudios clínicos que lo que se entrega al paciente es lo que se promete, en otras palabras, que el fármaco sea seguro, de buena calidad y eficaz.
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Durante los últimos días uno de los temas principales a nivel nacional ha sido la promulgación de la nueva Ley de Fármacos. Discutida desde el año 2009, esta ley ha sido promocionada en función de dos argumentos: 1) ayudará al bolsillo de los chilenos, y 2) mediante la obligatoriedad de estudios de bioequivalencia de ciertos fármacos, asegurará una acción terapéutica de calidad. Así, la nueva ley sostiene que “Corresponderá al Ministerio de Salud velar por el acceso de la población a medicamentos o productos farmacéuticos de calidad, seguridad y eficacia” (Artículo 94).

Y ello no podría ser sino motivo de celebración, si consideramos que Chile ocupa el segundo lugar de mayor gasto de bolsillo como total del gasto en salud entre los países de la OCDE (y el primer lugar del porcentaje que representa el gasto en salud en el consumo de los hogares) y gran parte de dicho gasto está asociado al aumento sustancial en el consumo de productos farmacéuticos. Además, en países como Alemania, Reino Unido o Dinamarca, más de un 70% de los medicamentos corresponden a genéricos, mientras que en Chile esta cifra representa sólo el 30% del mercado.

Pero… ¿son ciertas las premisas 1 y 2? ¿Cuál es la verdadera importancia de esta ley?

Para entender el contexto de la discusión, es necesario saber que actualmente los fármacos se dividen en 4 grandes grupos: 1) fármacos originales: son aquellos que fueron innovadores y realizaron todos los estudios clínicos desde un principio, demostrando de esta forma su efectividad clínica; 2) fármacos de “marca”: se refiere a fármacos de laboratorios que poseen marcas propias que pueden tener o no tener estudios clínicos que los avalen; 3) fármacos genéricos: son aquellos que tienen como nombre el principio activo y son comercializados como tales, pudiendo tener o no estudios clínicos; 4) fármacos bioequivalentes: son aquellos que por estudios de bioequivalencia han demostrado que deberían tener un efecto similar a los fármacos originales.

En definitiva, ¿supone la nueva Ley de Fármacos un cambio radical al actual modelo? Categóricamente, no. Pero sí es un paso importante para mejorar ciertos aspectos que no estaban debidamente regulados. Nuestro principal interés no debe ser el precio, sino la mejora en la calidad de los fármacos y la posibilidad de comparar con estudios clínicos que lo que se entrega al paciente es lo que se promete, en otras palabras, que el fármaco sea seguro, de buena calidad y eficaz.

Desde un comienzo en la nueva Ley de Fármacos se nos prometió la posibilidad de tener toda clase de fármacos con bioequivalencia. Si bien es cierto que el gobierno ha mostrado una cifra aproximada de 300 productos bioequivalentes, hay que entender que existe más de un producto bioequivalente por cada principio activo. Un ejemplo claro es la Clorfenamina, principio activo que cuenta con 12 laboratorios que han mostrado clorfenaminas bioequivalentes. Podemos decir entonces que, de los 300 productos bioequivalentes, 12 corresponden a la Clorfenamina. Esto sucede con muchos otros principios activos. Si bien esto reduce considerablemente la “enorme” cantidad de fármacos bioequivalentes, se trata de un avance importante para el país, ya que se pasó desde 4 fármacos en el año 2009 a 300 en el año 2013. Sin duda, la cantidad de fármacos bioequivalentes crecerá de una manera constante e ininterrumpida.

Pero ¿son todos nuestros fármacos bioequivalentes con la promulgación de esta ley? La respuesta es no, aunque la variedad irá creciendo considerablemente en el tiempo.

Otro punto importante de esta ley es la supuesta disminución en el gasto de fármacos, lo que podría significar millones en ahorro para el consumidor promedio. Sin embargo, en la práctica ello no es tan claro. Consideremos algunas cifras que nos entrega el gobierno:

1) 34,1% han crecido los ingresos de las farmacias en 5 años.

2) 23,1% ha subido el precio de los medicamentos en 5 años.

3) Más de 100% han aumentado los ingresos de las farmacias por medicamentos de marca propia los últimos 5 años.

4) Se estima que un 8,2% promedio bajarían los precios de medicamentos de venta directa debido a la mayor competencia.

Respecto a la primera cifra, es innegable el crecimiento de las utilidades de las farmacias. Ello ha quedado en la retina de los chilenos a partir del destape de casos de “colusión”. Sin embargo, la segunda cifra es engañosa, ya que si bien habla de un 23,1% en el aumento del precio de fármacos, no explica cuáles son o si es un promedio. Por cierto, es necesario considerar que la misma colusión de las grandes cadenas de farmacias pudo haber provocado esta alza, además de mencionar que, al momento de entregar estas cifras, el Ministerio de Economía toma en cuenta todo producto farmacéutico o cosmético, es decir: fármacos, alimentos pediátricos, emolientes, protectores solares, etc. Obviamente no es posible considerar de la misma manera un protector solar y un comprimido de enalapril.

Ahora, mucho se ha hablado de la creación de más almacenes farmacéuticos y de la venta en góndolas y de manera directa; para esto, debemos ser estrictos en lo que dice la ley, la que da la “posibilidad” de poner estas góndolas en las farmacias, nunca se hace obligatorio de ninguna forma; además, la venta directa de fármacos sigue siendo responsabilidad única y directa de las farmacias, sólo en casos extremos y muy alejados es que se da la posibilidad de almacenes farmacéuticos, posibilidad que siempre existió.

Por otro lado, la estimación de baja en un 8,2% del precio de los fármacos como efecto de la promulgación de la nueva ley, es engañosa, puesto que considera el precio promedio de todo fármaco, es decir, el conjunto de fármacos genéricos, de marca y originales. En otras palabras, tenemos un fármaco de marca, que para competir con un genérico debe tener precios más accesibles. Pero los fármacos originales son los menos vendidos en Chile, ocupando alrededor del 4% del total del mercado farmacéutico. En realidad, son los fármacos de “marca” y los genéricos los que venden más unidades a nivel nacional (especialmente estos últimos). Probablemente algunos de estos fármacos de “marca” mantendrán o bajarán un poco su precio. En cambio, es altamente probable que los fármacos genéricos, y que deben realizar estudios de bioequivalencia, aumentarán su precio alrededor de un 20%. Dicho de otro modo, un fármaco  genérico que costaba $1.000 pesos ahora costará $1.200. ¿Por qué? Porque la única forma de recuperar el dinero destinado a la inversión en estudios de bioequivalencia es transfiriendo el costo a las personas.

Otro punto fundamental de la ley es la supuesta mejora en el acceso a fármacos gracias a farmacias móviles en las zonas extremas, además de la compra de fármacos a otros países, por parte de CENABAST, cuando exista desabastecimiento o urgencias. Sobre estas medidas, hay que considerar que las farmacias móviles finalmente serán realizadas por las mismas cadenas farmacéuticas, las que nuevamente tendrán control del acceso a fármacos en las zonas extremas, dándoles otra oportunidad de venta a los mismos grupos económicos, que se estima son dueños de un 80% de todas las farmacias de Chile.

Por otra parte, la importación de fármacos por parte de CENABAST es de suma importancia, ya que actualmente existen muy pocos laboratorios que fabrican ciertos fármacos. Un claro ejemplo es lo que sucedió con la carbamazepina. Para poder realizar los estudios de bioequivalencia correspondientes, los laboratorios farmacéuticos debieron detener la producción de este fármaco y Chile se quedó literalmente sin carbamazepina por aproximadamente 3 meses, causando una verdadera crisis en la salud pública. Si bien esta nueva capacidad por parte de CENABAST es muy útil para toda la atención pública, las farmacias privadas, que son básicas para el acceso a fármacos, nuevamente quedan a la deriva y debiendo enfrentar una serie de dificultades para tener acceso a fármacos en estas situaciones.

En definitiva, ¿supone la nueva ley de fármacos un cambio radical al actual modelo? Categóricamente, no. Pero sí es un paso importante para mejorar ciertos aspectos que no estaban debidamente regulados. Nuestro principal interés no debe ser el precio, sino la mejora en la calidad de los fármacos y la posibilidad de comparar con estudios clínicos que lo que se entrega al paciente es lo que se promete, en otras palabras, que el fármaco sea seguro, de buena calidad y eficaz.

Actualmente, todo el sistema que abarca al fármaco (tanto industria como farmacia) esta entregado casi en su totalidad al mercado y con muy poca regulación, si bien esta ley intenta regular y ayudar en cierta forma a este mercado, aún falta una gran reforma en el sistema para lograr ver al fármaco como algo básico en la salud de todos los chilenos y no como un producto que necesita ser regulado en el mercado; poder realizar la transición desde una política de mercado a una política de salud, es la única forma para lograr un acceso justo y de calidad para cualquier chileno, poder garantizar la entrega del fármaco en todo sistema de salud y en cualquier lugar, ayudar en el crecimiento de los fármacos genéricos (de calidad), regular la instalación de farmacias en lugares extremos, lograr una mejor cobertura en el sistema de salud. Lograr ver al fármaco como algo que debe ser entregado a un paciente y no a un consumidor y, finalmente, ver en el fármaco salud y no mercado, es la gran deuda que esta ley no logra saldar.

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