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La agenda liberal

por 24 febrero, 2014

En Chile, el 50% de los gerentes de las cien firmas más grandes del país proviene de cinco colegios y el 28% de nuestros congresistas se educó en apenas diez establecimientos de Santiago. A partir de lo anterior, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿vivimos en una sociedad donde cada uno es libre de elegir un proyecto de vida? No. Ni cerca.
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En las últimas semanas, a partir del surgimiento de nuevos movimientos de tendencia liberal, la discusión en la elite ha redundado –a veces en forma ridícula– en identificar cuál proyecto político es “más liberal” que otro. Por un lado, están quienes priorizan la agenda “valórica” y, por el otro, quienes levantan banderas por una sociedad con igualdad de oportunidades. ¿Son contrarias estas dos visiones? No, en absoluto. Incluso ambas son necesarias.

Sin embargo, si hiciéramos el ejercicio de avanzar únicamente en “libertades valóricas” como el matrimonio homosexual o la legalización en el consumo de la marihuana, quienes creen que la libertad se traduce en la mera aprobación de un conjunto de leyes capitalizarían la conquista –y el fin– de una agenda política cortoplacista.

El verdadero desafío político del liberalismo es cultural y apunta a que las personas crean y valoren el esfuerzo por sobre las regalías del Estado, a la solidaridad como un acto voluntario en desmedro de la cooperación forzada por un gobierno, a la organización civil como actor preponderante en la solución de problemas públicos y a una sociedad donde el anhelo de justicia esté en directa relación con la libertad.

En Chile, el 50% de los gerentes de las cien firmas más grandes del país proviene de cinco colegios y el 28% de nuestros congresistas se educó en apenas diez establecimientos de Santiago. A partir de lo anterior, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿vivimos en una sociedad donde cada uno es libre de elegir un proyecto de vida? No. Ni cerca.

En ese sentido, ¿cuál es la probabilidad de que un niño de una comuna periférica de Santiago logre ingresar a una universidad, de desarrollar un emprendimiento, de ser músico, actor o Presidente de la República? ¿Es acaso la sociedad chilena justa? En Chile, el 50% de los gerentes de las cien firmas más grandes del país proviene de cinco colegios y el 28% de nuestros congresistas se educó en apenas diez establecimientos de Santiago.

A partir de lo anterior, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿vivimos en una sociedad donde cada uno es libre de elegir un proyecto de vida? No. Ni cerca. Y es aquí donde el relato político de la libertad cobra sentido y se vuelve un método de acción política: como construir una sociedad donde todos los ciudadanos tengan la igual libertad de desarrollar su propio proyecto de vida. Dicho de otro modo, el proyecto político-liberal debe necesariamente avanzar en una agenda que permita que nuestra sociedad vea en la libertad una forma de hacer justicia.

¿Cuál de los nuevos movimientos es más liberal? No lo sabemos. Lo único claro es que los liberales nunca han sido mayoría –más bien acotadas minorías– y que las fuerzas progresistas y conservadoras hace rato comprendieron que la batalla de las ideas germina en el trabajo en universidades, en las juntas de vecinos, en poblaciones y no en discusiones sin sentido.

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