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Investigación en lo público: eje central del desarrollo de Chile

por 3 marzo 2014

Los últimos años del siglo pasado y comienzos de la nueva centuria, plantean el tema del Desarrollo Sustentable y el paso a la Modernidad de Chile. Las universidades y centros de investigación han respondido adaptándose y haciendo su parte. Es el momento de que el Estado de Chile haga decididamente lo propio. Que genere espacios para que ese talento y creatividad se expresen con fuerza y se proyecten al futuro. No vaya a suceder el contrasentido de tener una vasta gama de profesionales y científicos de altos estándares y capacidades laborando en oficios que no requieren sofisticada preparación, y que asuntos fundamentales y de alta complejidad del Estado sigan siendo inexcusablemente desatendidos.

Pensar nuestro país deviene un imperativo mayor, en la perspectiva de lograr un avance sostenido y sustentable hacia el Desarrollo. Por esto, fortalecer ahora la investigación es una tarea prioritaria. Muy en particular, aquella del ámbito público. Esfera en donde la investigación es muy débil, lo que se contrapone de modo brutal y contradictorio con los objetivos de modernidad que deseamos para nuestro país. Como una de las medidas para subsanar lo anterior, postulamos estructurar y fundar un Cuerpo de Profesionales de Investigación en el Estado de Chile, que mediante la creación, intercambio, integración y gestión de conocimientos de punta y avanzados, sea responsable de aportar de manera permanente respuestas a las interrogantes cada vez más complejas del quehacer público; generar asociaciones sinérgicas entre los diferentes actores de la economía nacional y, entre estos y las universidades y centros de investigación; y proveer visiones innovadoras que permitan enfrentar los desafíos país. Situados estos últimos, por lo general, en escenarios globales y altamente competitivos.

Podría parecer extemporáneo, o incluso ajeno, a la realidad nacional lo expresado anteriormente. Es que la investigación en lo público, tanto científica como tecnológica, aún no se entiende bien, suena a una entelequia, prerrogativa del mundo desarrollado, si no a lujo asiático. ¿Qué es la investigación en lo público? ¿Cómo se entiende? ¿Para qué? Esa percepción se desvanece si analizamos las aspiraciones que las personas tienen respecto de lo público y las necesidades del día a día de la población, dando respuesta, de paso, a las preguntas establecidas.

Es claro que los ciudadanos esperan transparencia, eficiencia, eficacia, y participar de los ámbitos más esenciales del quehacer del Estado. Muy en particular, enterarse de la gestión de los recursos públicos y del control de esta por parte de las instituciones competentes, de modo que se asegure, en el largo plazo, el máximo beneficio social de las inversiones, entre otras consecuencias positivas. Esta disposición política/social llegó hace un momento para quedarse instalada en nuestro país, ¡y enhorabuena! Una condición necesaria para tener un Estado que dé respuesta a las expectativas de la gente, es el empoderamiento y compromiso con la agenda pública por parte de las personas. Es decir, autoridades de gobierno y de los otros poderes del Estado, políticos, funcionarios y la población en general. Esto puede lograrse, vale decir, ciudadanos involucrados con su destino y su historia, y sin embargo, bien puede suceder que no se consigan los objetivos fundamentales esperados, tornando el panorama obscuro y difícil. El tema de lo público es en extremo complejo y no basta el compromiso y esfuerzo para acometer con éxito la gestión del Estado. Y diciendo aquello, no habremos aportado aún en nada a la discusión.

Los últimos años del siglo pasado y comienzos de la nueva centuria, plantean el tema del Desarrollo Sustentable y el paso a la Modernidad de Chile. Las universidades y centros de investigación han respondido adaptándose y haciendo su parte. Es el momento de que el Estado de Chile haga decididamente lo propio. Que genere espacios para que ese talento y creatividad se expresen con fuerza y se proyecten al futuro. No vaya a suceder el contrasentido de tener una vasta gama de profesionales y científicos de altos estándares y capacidades laborando en oficios que no requieren sofisticada preparación, y que asuntos fundamentales y de alta complejidad del Estado sigan siendo inexcusablemente desatendidos.

Pero si afirmamos que es posible, a través de la investigación, levantar/evitar algunas barreras impuestas por las dificultades inherentes a los problemas que se deben tratar en lo público, así como afrontar/prever de modo óptimo los escenarios complejos y dinámicos del mundo global, entonces sí estaremos contribuyendo al debate nacional. La reflexión documentada y cabal es pasaporte para acceder a los altos estándares humanos y a la clase mundial. Generar investigación científica y tecnológica en lo público y permanente del Estado es condición sine qua non para la Modernización del Estado y, por ende, para el Desarrollo de Chile.

Muy en particular, recrear investigación de excelencia en lo público, posibilitará que los ciudadanos consideren, en sus análisis, otros argumentos de sólida base científica, menos evidentes y nada de triviales. Esto les permitirá, entre otras, apreciar mejor el universo en el que vivimos y evaluar con una mirada más amplia el desempeño de los responsables del poder. De esta manera, tanto la elaboración de la crítica, como la evaluación de los resultados en el espacio de lo público se harán cargo de la complejidad del mundo y de la sustancia más íntima de las sociedades humanas.

Existen muchas otras aristas desde las cuales se puede intentar elaborar respuestas atingentes a las preguntas enunciadas. Desde temas sísmicos, salud pública, censos de la población y encuestas de nivel de vida, derechos humanos y violencia social, piscicultura, minería, energía, agua, etc. Todos ellos de alta complejidad y de superlativo interés para la sociedad en su conjunto, y en donde las políticas públicas juegan un rol fundamental. Haremos gala a los más de 10 mil kilómetros de costa real que tiene nuestro país, ejemplificando qué, cómo y para qué sirve la investigación en lo público en el caso de la previsión del oleaje, tema permanente de la actividad de los seres humanos que habitan en el borde costero.

Como reseña, podemos señalar que, a lo largo de toda la historia de la humanidad, el mar ha representado simultáneamente grandes oportunidades y nefastas amenazas. Neptuno –el peligroso e impredecible dios griego de los mares– podía provocar con sus emociones desde terribles tormentas y tempestades hasta las más tranquilas y pacíficas olas, razón por la que nunca nadie intentaba provocarlo, al menos no sin un importante motivo. Los orígenes de la previsión de oleaje en tiempos modernos puede situarse con bastante certeza durante la II Guerra Mundial, cuando los oceanógrafos Munk y Sverdrup comenzaron la investigación, estudiando modelos conceptuales de previsión marítima para las operaciones de desembarco, como la que tendría lugar en el célebre Día D en las costas de Normandía, en junio de 1944. Efectivamente, y en colaboración con otros oceanógrafos, los modelos desarrollados por dichos autores fueron utilizados en la planificación de la mayoría de los desembarcos aliados, funcionando a la perfección en casi todos ellos. La precisión y oportunidad de la información proporcionada por los modelos –cuestiones fundamentales en ese ámbito– fueron tan elevadas que el comandante aliado se permitió posponer por un día las operaciones, con el fin de no encontrar grandes olas y malas condiciones que dificultaran la operación de desembarco. Posteriormente, la investigación científica permitió el desarrollo de una nueva generación de modelos de previsión de oleaje y la obtención de información meteorológica digitalizada. Consecuencia de lo cual, se hizo posible crear bases de datos de oleaje para los principales océanos y disponer de análisis elaborados por diversos organismos públicos y privados del mundo. Todo lo anterior posibilita optimizar recursos, gestión eficiente, menor impacto ambiental, prever y actuar en situaciones de emergencia, etc. Chile no es excepción en este ámbito, y la previsión de oleaje en sus costas se encuentra en fases de investigación pura y aplicada muy avanzadas.

Lo expuesto es extrapolable para enfrentar cualquier desafío que precise de información oportuna y no evidente de obtener, con objeto de predecir, definir, decidir, estructurar, operar, gestionar, construir, fabricar, etc. Lo público bien puede hacer lo propio a condición de contar con los recursos necesarios para ello, a través de un Cuerpo de Profesionales de Investigación de sólida formación conceptual, dotado de infraestructura, conectado sinérgicamente con organismos y centros vitales del quehacer del Estado, reunido bajo una estructura organizacional adecuada y permanente que se haga responsable de conducir de manera innovadora las cuestiones estratégicas de ciencia y tecnología del Estado de Chile.

Como último alcance, quisiéramos mencionar que, desde hace al menos dos décadas, las universidades y centros de investigación nacionales han venido realizando enormes esfuerzos para fundar Escuelas de Posgrado en nuestro país. Esto responde a la necesidad de pensar la República de Chile, a partir de sus propias instituciones, las que, como hemos explicado, cada vez más deben disponer de conocimientos avanzados y procedimientos modernos para operar y desenvolverse en el mundo moderno y complejo donde están insertas. Por lo tanto, existen hoy profesionales de investigación y científicos disponibles y capaces de emprender las tareas descritas.

Probablemente, lo anterior también se explica dando una mirada histórica de Chile. Durante el primer siglo de existencia de nuestra joven República, los esfuerzos estuvieron focalizados en consolidarla como tal, para luego, durante la primera mitad del siglo XX, asentar sus instituciones. Entre las cuales se cuentan aquellas de educación superior, encargadas de formar a los profesionales y técnicos necesarios para dar soporte al avance del país. Lógicamente y como continuación natural, se dio paso, a partir de los años 60, a la creación intelectual a través de la investigación científica y tecnológica. Pero aún con el matiz de pensar básicamente problemáticas extranjeras, originadas en las realidades de universidades y centros internacionales donde se formaron nuestros primeros posgrados.

Los últimos años del siglo pasado y comienzos de la nueva centuria, plantean el tema del Desarrollo Sustentable y el paso a la Modernidad de Chile. Las universidades y centros de investigación han respondido adaptándose y haciendo su parte. Es el momento de que el Estado de Chile haga decididamente lo propio. Que genere espacios para que ese talento y creatividad se expresen con fuerza y se proyecten al futuro. No vaya a suceder el contrasentido de tener una vasta gama de profesionales y científicos de altos estándares y capacidades laborando en oficios que no requieren sofisticada preparación, y que asuntos fundamentales y de alta complejidad del Estado sigan siendo inexcusablemente desatendidos.

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