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El balance de Larroulet: Piñera 35, Bachelet 0

por 4 marzo 2014

El ministro Larroulet ha presentado un documento titulado “Chile 2010-2013: Así ha avanzado el país y la calidad de vida de los chilenos durante el gobierno del presidente Sebastián Piñera”. En él, se compara en 35 indicadores la actual administración con la anterior. En los 35 Piñera gana. Salvo que en la última elección presidencial la mayoría de los chilenos haya decidido alegremente que es mejor estar peor, el documento tiene un sesgo bastante similar al que ese mismo sector político detecta en Cristina Fernández, Evo Morales, Nicolás Maduro y varios otros presidentes que forman parte de su panteón de incivilidad, faltas a la democracia y caos. Fuera de los familiares y amigos de quienes redactaron ese documento, es muy difícil que alguien conozca a un compatriota que crea seriamente que el gobierno de Piñera le ganó 35 a 0 al de Bachelet.

¿Cómo se puede escudar un tongo semejante para que tenga algún viso de verosimilitud? Con el maquillaje favorito de los tecnócratas de todas las tendencias, las cifras. Allí donde campean los porcentajes y los gráficos, pareciera que no se está frente a burda propaganda política, sino ante la transparente verdad. Para determinar que han triunfado en “emprendimiento”, comparan el número de sociedades constituidas. Da lo mismo cómo les haya ido a esas empresas en su primer año, los números de sus balances, la innovación que propusieron. Da lo mismo incluso que sean reales, cuando todos sabemos que un gran porcentaje de las sociedades que se crean en nuestro país son en realidad ficciones destinadas a la elusión de impuestos. Si se trata de comparar educación y salud, lo que se compara es el gasto público. Ellos gastaron más, por lo que ganaron. El sensato argumento de la derecha desde siempre (no se trata de evaluar gasto, sino el resultado de ese gasto) aquí no corre. Tampoco corre el que, salvo durante la época de Pinochet, esos gastos han aumentado año tras año junto con el crecimiento del país, por lo que declarar ese triunfo es igual a adjudicarse la salida del sol de esta mañana. Otro tanto ocurre con uno de los indicadores más pintorescos en el que se autodeclaran ganadores, el item “calidad de vida”: durante estos cuatro años la venta de automóviles se duplicó con respecto al cuatrienio anterior. Si usted está leyendo esto tras cumplir la primera de las dos horas que se demora en llegar a su trabajo no se aflija, es su calidad de vida que aflora en toda su magnitud. Por no engolosinarme, termino con el item “acceso a la cultura”: en este período fue más gente al cine. No importa quíenes fueron, qué vieron y cuánto costó la entrada, sólo importa el número. 200.000 espectadores en “La Guerra de las Hamburguesas 7” es motivo y razón.

El párrafo anterior es tan tendencioso y mal intencionado como el documento, sólo que en un sentido inverso. La única diferencia es que no lo redacté en mis horas de trabajo, en el marco de mis funciones de gobierno, ni pretendo establecer una verdad oficial. No tengo herramientas como para intentar una comparación seria entre los dos gobiernos, pero sé detectar cuando frente a mis ojos hay una cuchufleta. Esta consiste, en la forma, en adjudicarle todos los problemas de esta administración a la comunicación, “lo hicimos perfecto pero no supimos mostrarlo”. El fondo es mucho más claro, y se remonta a la única experiencia previa Larroulet en lo público. Se trata de pensar que lo que queremos escuchar fuerte y claro, antes de cualquier consideración política, es que “Chile es un país ganador”. En ambos casos, la desmesura de la propaganda es proporcional a la derrota de sus ideas.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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