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La música chilena debe fomentarse, no imponerse

por 4 marzo 2014

La música, a diferencia de las salchichas u otros productos, en los cuales -por ejemplo- se puede legislar sobre los porcentajes de sal o de grasa, se programa según criterios un poco más complejos y sofisticados, que están asociados a los formatos radiales, a los géneros y estilos musicales propios del formato radial y a las preferencias del público al cual cada radio se propone llegar.

El rechazo del proyecto de ley que quiere imponer un 20% de música chilena en las radios, por parte de la Comisión de Educación y Cultura del Senado, ha activado un debate con miras a la votación en sala. De aprobarse esta ley, las radios tendrán que incluir un 20% de música chilena por hora, independientemente de su formato o estilo programático.

Adicionalmente, un organismo orwelliano se encargaría de fiscalizar y perseguir a las radios que no cumplan con la prescripción legal, aplicando sanciones e imponiendo un control de contenidos inédito en nuestro país.

No se trata de un debate a favor o en contra de la música chilena –las radios hemos tenido siempre una relación de colaboración y apoyo mutuo con los músicos nacionales–, se trata de cuáles son los instrumentos legítimos y adecuados para fomentar e incrementar la difusión de la música nacional. Por ello nos parece necesario aportar algunos datos que son relevantes.

La medición on-line que realiza la SCD con fondos del Consejo de la Música, arroja un promedio de música nacional sobre el 16%, constatando una importante proporción de radios, nacionales y regionales, que emiten música chilena muy por sobre el 20% y otras tantas cuyos porcentajes se sitúan por debajo de ese guarismo mágico y arbitrario.

La música, a diferencia de las salchichas u otros productos, en los cuales –por ejemplo– se puede legislar sobre los porcentajes de sal o de grasa, se programa según criterios un poco más complejos y sofisticados, que están asociados a los formatos radiales, a los géneros y estilos musicales propios del formato radial y a las preferencias del público al cual cada radio se propone llegar.

Este proyecto de ley obligaría a muchas radios a modificar sus formatos y estilos musicales, para ajustarse a un porcentaje de música chilena por hora, lo que es arbitrario no sólo para las radios sino también para el público que conforma sus audiencias.

La música, a diferencia de las salchichas u otros productos, en los cuales –por ejemplo– se puede legislar sobre los porcentajes de sal o de grasa, se programa según criterios un poco más complejos y sofisticados, que están asociados a los formatos radiales, a los géneros y estilos musicales propios del formato radial y a las preferencias del público al cual cada radio se propone llegar.

Según todos los estudios conocidos, la radio es el medio mejor evaluado en credibilidad y confianza ciudadana, índice que tiene directa relación con la amplia diversidad y pluralidad que ofrece la radio. La encuesta del CNTV demuestra además, año tras año, que la radio es el medio que mejor satisface a sus audiencias, con más de 80% de aprobación del público.

Se argumenta vehementemente que las radios programan bajo la presión de la industria discográfica internacional, perjudicando a los músicos nacionales. La revolución tecnológica que ha impactado poderosamente en la industria de la música, ha modificado sustancialmente las formas de difusión y promoción musical y los sellos discográficos internacionales presentes en Chile no tienen ninguna capacidad de presión sobre las radios.

Por otra parte, es falso, de falsedad absoluta, que en Brasil haya una ley que obligue al 50% de música nacional y que en Uruguay haya una cuota de 30%, o en Colombia o en México. Los únicos países de la región que han incorporado recientemente cuotas obligatorias de música nacional, junto con otras graves restricciones a la libertad de expresión, son Venezuela, Ecuador y Argentina.

El manoseado ejemplo de Francia, se refiere a una política cultural que ya cumplirá dos décadas y cuyo eje central es el idioma francés, como base de la cultura e identidad francesas. De acuerdo a nuestra legislación, un reggeatón, cantado en chino mandarín, podría ser tan chileno como una cueca. No estamos, por tanto, frente a un proyecto referido a la identidad cultural, sino frente a un proyecto técnicamente deficiente, cuyo propósito es esencialmente económico.

Este proyecto busca beneficiar económicamente a un grupo de chilenos con la difusión obligatoria de su producción musical y con el consiguiente incremento de los ingresos que percibirán de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, monopolio privado, que, a diferencia de todos los demás monopolios legales que operan en el país, no está sujeto a regulaciones ni a supervisión estatal, especialmente en materia de transparencia. No existe acceso ni control público a la distribución y uso de esa voluminosa recaudación.

Estamos convencidos de que existe un amplio espacio para la colaboración mutua entre las industrias de la música y de la radio, que podría ser muy efectivo y beneficioso para una mejor y mayor difusión de la música chilena. Lamentablemente,  intereses ajenos a la relación natural que los radiodifusores hemos tenido siempre con los artistas nacionales, han obstaculizado lo que podría ser un fructífero trabajo conjunto.

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