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La ceremonia del adiós de Piñera

por 5 marzo 2014

Convocar a un acto con las trazas de ser oficial, pero utilizarlo como plataforma política de un sector, en el Palacio de Gobierno, agasajar después con un cóctel a los invitados, al parecer con los recursos de todos los chilenos, para definir cómo serán oposición en una semana más, es no tener visión de las funciones republicanas.

El pasado lunes todos vimos cómo el Presidente convocó en el Palacio de Gobierno a los principales líderes de su sector a una cuenta pública.

Desde el punto de vista de la concurrencia, no se trató de un acto oficial, al cual por protocolo deben concurrir las más altas autoridades de los demás poderes del Estado, sino que fue una convocatoria estrictamente política, y no de todos, sino de los adeptos al Presidente. No fue una cuenta pública, sino una cuenta para sus seguidores.

Es decir, el Presidente organizó su propia ceremonia del adiós. Pero, conceptualmente, no se despidió como Presidente de todos los chilenos, sino que se posicionó como líder de su sector. Además de repetir las cifras con las que recorrió las regiones en los últimos días, el Presidente instruyó a sus invitados respecto a la oposición que deberían desarrollar, en su opinión, respecto al nuevo gobierno.

La derecha tiene todo el derecho a reunirse y organizarse para el futuro, pero no es propio de una República que esto lo haga por convocatoria del Jefe de Estado, ni menos usando el Palacio de Gobierno. El presidente por cierto es líder de la coalición que lo respalda, pero, cuando ejerce dicho rol, debe cuidar las formas y hacerlo con las trazas de un acto de Estado no es lo más indicado, más aún cuando la inmensa mayoría de la ciudadanía se expresó críticamente de su gestión y de su coalición.

Convocar a un acto con las trazas de ser oficial, pero utilizarlo como plataforma política de un sector, en el Palacio de Gobierno, agasajar después con un cóctel a los invitados, al parecer con los recursos de todos los chilenos, para definir cómo serán oposición en una semana más, es no tener visión de las funciones republicanas.

Pero las observaciones no son sólo formales, porque en cuanto al contenido cabe preguntarse cuál es el proyecto de país que se propone, cuáles son las ideas fuerza que unen a dicho sector. El marketing como política de Estado no es suficiente, porque la ciudadanía hoy demanda cambios sustanciales y no sólo mejor gestión, que, por lo demás, no fue uno de los puntos fuertes de la actual administración.

Mas la derecha y sus partidos ya tendrán la oportunidad de hacer sus balances, definir cómo rediseñan su coalición, de valorar lo que se hizo y lo que no se hizo, hacer el balance político de rigor, más que la autovaloración exagerada que el país ha presenciado en estos días de parte del Ejecutivo saliente. Por algo varios connotados líderes de la derecha se restaron de este acto.

Convocar a un acto con las trazas de ser oficial, pero utilizarlo como plataforma política de un sector, en el Palacio de Gobierno, agasajar después con un cóctel a los invitados, al parecer con los recursos de todos los chilenos, para definir cómo serán oposición en una semana más, es no tener visión de las funciones republicanas.

Todo esto en los mismos días en los cuales el Presidente interfiere y critica públicamente al Poder Judicial. En las semanas posteriores a la pérdida en el juicio de La Haya, producto entre otras cosas de la errada política seguida por la actual administración al respecto, con lo cual el Presidente entregará un país más chico que el que recibió. Todo esto nos muestra las debilidades en materia de conducción estatal de la administración que culmina.

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