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Aumento de ciclistas: desafíos y oportunidades

por 10 marzo 2014

Los ciclistas son usuarios vulnerables de las vías, y como tales deben redoblar su apego a las normas de seguridad. La construcción de infraestructura con facilidades explícitas para ciclistas, donde puedan transitar en forma segura, es una necesidad cada día más imperiosa y una obligación del Estado proveerla.

Hay una nueva forma de movilización en nuestro país que está irrumpiendo cada día con más fuerza: la bicicleta.

Basta transitar por las diferentes arterias de nuestro país para percatarse de que cada vez son más las personas que utilizan este no contaminante medio de transporte. De hecho, según un estudio realizado por la Universidad Andrés Bello, el uso de la bicicleta en Chile se ha duplicado en los últimos 5 años y, sólo en la ciudad de Santiago, su utilización ha alcanzado al 7% de los usuarios de las vías.

En la ciudad de Santiago, una buena parte de los ciclistas utiliza este modo no motorizado como sustituto del automóvil, el metro o el transporte colectivo. De hecho, si bien la mayoría de quienes hacen uso de la bicicleta lo hacen para pasear y realizar ejercicio, hay un considerable 40% de ciclistas que declaran que de lunes a viernes utilizan este medio de transporte para ir y volver al trabajo. Por lo demás, según demuestra un reciente estudio efectuado por Automóvil Club de Chile, más de un tercio de los ciclistas asegura que la bicicleta es un medio de transporte alternativo al automóvil.

¿A qué se debe este sostenido incremento en el uso e importancia de este medio de transporte? Es sensato pensar que este enorme aumento, especialmente en la ciudad de Santiago, guarda directa relación con el gigantesco crecimiento del parque automotriz que ha experimentado la capital. Pues, si en el año 2002 en Santiago había 914.000 vehículos motorizados circulando por sus arterias, el año 2012 esa cifra se elevó a 1.600.000 vehículos, es decir, un 75% de aumento en sólo una década. Además, el desarrollo de infraestructura para ciclistas en algunas vías de la capital, así como las distintas iniciativas públicas y privadas de promoción del uso de la bicicleta, han impactado fuertemente en el incremento del uso de esta alternativa de transporte.

Los ciclistas son usuarios vulnerables de las vías y, como tales, deben redoblar su apego a las normas de seguridad. La construcción de infraestructura con facilidades explícitas para ciclistas, donde puedan transitar en forma segura, es una necesidad cada día más imperiosa y una obligación del Estado proveerla.

Sin embargo, el explosivo aumento de ciclistas circulando por las vías del país trae consigo importantes desafíos para las autoridades de Gobierno, empresas privadas y, en especial, para los usuarios de las vías, sean éstos ciclistas o no. El mismo estudio de Automóvil Club de Chile revela que existe permanente fricción entre los ciclistas y otros usuarios de las vías, de hecho, un quinto de quienes se transportan en bicicleta declara tener habitualmente problemas con peatones y automovilistas. Esta situación ha impactado directamente en la seguridad de los ciclistas, pues, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, el año 2010 el 9% de los fallecidos en siniestros de tránsito en Chile correspondieron a ciclistas, es decir, más de 140 personas.

La falta de reconocimiento de la bicicleta como un vehículo, tanto por parte de ciclistas como de automovilistas y peatones, fomenta este permanente conflicto en las vías. El uso de la bicicleta como vehículo está regulado por la normativa chilena y, de hecho, quien elige este medio de transporte debe desplazarse respetando las normas del tránsito en todo momento; por ejemplo, las bicicletas deben contar con elementos reflectantes que las hagan visibles durante la noche, sus usuarios no deben llevar carga que les impida controlar la estabilidad del vehículo, en zonas urbanas deben transitar siempre utilizando un casco protector y, finalmente, cuando existan vías exclusivas para el tránsito de bicicletas, sus usuarios sólo deben transitar por éstas, y nunca por la calzada o la acera.

No obstante, para ser ciclista no se requiere rendir ningún examen que demuestre conocimientos de la normativa vial que los rige y, en consecuencia, los conocimientos de seguridad que tienen quienes transitan en bicicleta se adquieren informalmente. Y si de fiscalización se trata, ésta es prácticamente nula, dejando el respeto a las normas a la simple buena voluntad de quienes se desplazan en este medio de transporte.

Los ciclistas son usuarios vulnerables de las vías y, como tales, deben redoblar su apego a las normas de seguridad. La construcción de infraestructura con facilidades explícitas para ciclistas, donde puedan transitar en forma segura, es una necesidad cada día más imperiosa y una obligación del Estado proveerla. Sin embargo, es igual de urgente educar tanto a ciclistas como a automovilistas, conductores de vehículos pesados y peatones, orientándolos a compartir las vías en un ambiente permanente de respeto mutuo por el espacio compartido. El desafío es hacer de las vías espacios públicos donde todos sus usuarios puedan convivir de manera armónica y segura.

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