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Bachelet: Ser o no Ser

por 11 marzo 2014

Y nuestra Presidenta, al igual que Hamlet, se encuentra ante el dilema de ser o no ser. Para no tener un fin como el personaje de Shakespeare, que representó a la mayoría católica oprimida por la aristocracia protestante, espero que abandone el fundamentalismo de mercado que impusieron en Chile los Chicago Boys y que algunos disfrazan como una modernización capitalista, cuando fue el establecimiento de una plutocracia. Insisto, en una democracia la voz del pueblo es la voz de Dios.

La Presidenta electa al volver de sus vacaciones aceptó la renuncia de dos subsecretarios más, Agricultura y Bienes Nacionales, pero no logró armonizar el preludio de su Gobierno con el muy desconfiado querer ciudadano.

Confirmó en altos cargos a deudores morosos de préstamos educacionales con garantía del Estado; al subsecretario de salud, quien se opone en público al aborto terapéutico (inducido por razones médicas), que sólo es ilegal en Chile, El Salvador, Malta, Nicaragua y República Dominicana, y a la subsecretaria de las FF. AA., cuyo padre, un coronel en retiro, ha sido denunciado como torturador, y ella misma por exigencias a marinos exonerados y conflictos de interés como parte de una sociedad con su marido.

En un país con una clase política tan desprestigiada y a la vez traumatizado por una dictadura que es el símbolo del gorilismo latinoamericano, los altos funcionarios designados por las autoridades electas no solamente deberían ser honestos, sino además ciudadanos modelos.

Y nuestra Presidenta, al igual que Hamlet, se encuentra ante el dilema de ser o no ser. Para no tener un fin como el personaje de Shakespeare, que representó a la mayoría católica oprimida por la aristocracia protestante, espero que abandone el fundamentalismo de mercado que impusieron en Chile los Chicago Boys y que algunos disfrazan como una modernización capitalista, cuando fue el establecimiento de una plutocracia. Insisto, en una democracia la voz del pueblo es la voz de Dios.

Por ello, no deberían recaer en deudores morosos, ni en personas con posiciones tan extremistas que se oponen al aborto terapéutico, que estuvo vigente en nuestro país desde la década de 1930 hasta fines de la dictadura, cuando Pinochet lo ilegalizó.

Y si bien es cierto que los hijos no son responsables de los actos de sus padres, incluso sólo para evitar suspicacias no era conveniente la designación de Echeverría en el Ministerio de defensa. Más todavía cuando ha reconocido en público una sociedad con su marido en que ella tiene el 1 %, que es un típico resquicio legal para eludir impuestos. La subsecretaria finalmente entendió que era una valla para el nuevo Gobierno y la Presidenta le aceptó la renuncia.

La DC: reconversión a la guerra fría

El segundo problema es la falta de unidad de la Nueva Mayoría, debido a la reconversión de la DC a la Guerra Fría a más de 20 años de su fin. Su blanco es el PC chileno, debido a Cuba, a pesar de que soplan vientos de reconciliación en ese tema en las Américas; Venezuela, después de dos recientes victorias electorales del chavismo y cuyo Gobierno no fue condenado por la OEA gracias a la oposición de prácticamente todos los países latinoamericanos y del Caribe; la lejana Corea del Norte, descendiente de un reino calificado de ermitaño. Es de esperar que no siga con Rusia por Ucrania, China por los uigures y tibetanos, etc.

La DC se declara campeona de los derechos humanos cuando patrocinó un golpe blando en 1973 (declaración de la Cámara de Diputados) y se sumó a uno duro días más tarde, hasta que recapacitó tiempo después. No todos los DC, por supuesto.

Todavía recuerdo una foto que me mostró en su casa Bernado Leighton del primer gabinete de Frei Montalva, en la que había sacado las caras de los que calificó de golpistas. Y le escuché al propio Frei, en Nueva York y en plena dictadura, que por ser un país chico necesitábamos del apoyo de todos para salir de nuestra tragedia. Por su parte, Máximo Pacheco y Jaime Castillo, entre otros, fueron grandes defensores de los derechos humanos.

El gran vacío: desarrollismo

A todo ello se suma un gran vacío. Sólo se pone el énfasis en tres reformas: constitucional, tributaria y educativa. Y rara vez se habla de desarrollismo, enceguecidos por el precio del cobre y otros productos primarios. Por ello, los muy mentados crecimientos de la administración Piñera, el económico y el del empleo, son muy precarios.

El primero depende exclusivamente de mercados externos. Y los nuevos empleos son de baja productividad e inestables. Nuestros sectores con alta productividad emplean pocos trabajadores. Y un trabajador de la gran minería tiene una productividad anual de cuatro veces más que un empleado bancario y de seis veces más que un trabajador de un gran centro comercial. Y para qué mencionar las bajísimas remuneraciones y estabilidad de los subcontratados y enganchados.

Para desarrollarnos no es suficiente la formación de una buena mano de obra. Es indispensable incrementar la creatividad empresarial, para la cual el Estado es indispensable. Y no solamente en países de desarrollo reciente, como los asiáticos, sino también en EE.UU., por intermedio del NIH (Instituto Nacional de Salud), la DARPA (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada en Defensa), etc.

La estrategia es obvia. Políticas económicas verticales o sectoriales para favorecer las inversiones en valor agregado, como lo proponen la CEPAL y personajes destacados que han visitado nuestro país, como Michael E. Porter (Harvard, director del Instituto de Estrategia y Competitividad), Ricardo Hausmann (Harvard, director del Centro para el Desarrollo Internacional) y Martin Wolf (jefe de análisis económico del Financial Times).

Y nuestra Presidenta, al igual que Hamlet, se encuentra ante el dilema de ser o no ser. Para no tener un fin como el personaje de Shakespeare, que representó a la mayoría católica oprimida por la aristocracia protestante, espero que abandone el fundamentalismo de mercado que impusieron en Chile los Chicago Boys y que algunos disfrazan como una modernización capitalista, cuando fue el establecimiento de una plutocracia. Insisto, en una democracia la voz del pueblo es la voz de Dios.

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