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Un año del pontificado de Francisco: volver a las raíces

por 13 marzo 2014

El mundo ha acusado recibo y ha prestado atención. Los medios de comunicación no cesan de hacer eco de cada palabra, anécdota y anuncio. Logró bajar la guardia de quienes por largo tiempo vieron a la Iglesia y a los católicos como una especie en peligro de extinción, encerrados en su propio mundo, lejos de la realidad.

Un poco de misericordia cambia el mundo”, expresó el Papa Francisco en su primer Ángelus a sólo tres días de ser electo.  Esta frase marcaría el tono de su pontificado, que en sólo un año ha logrado derribar importantes barreras y prejuicios de muchos sectores hacia la Iglesia, en todo el mundo.

El estar cerca del pobre, del que sufre, de quien vive en la periferia, permitió al cardenal Bergoglio, antes de llegar al ministerio petrino, descubrir que antes que cualquier sermón o aleccionamiento moral, es necesario abocarse a sanar las heridas, tender la mano, escuchar, contener, acompañar.

Siendo un hombre profundamente unido a Jesucristo, Francisco sabe que esta opción por los pobres es la médula de la religión católica y no un añadido. Es más, aclara que esta opción no es una categoría cultural, ni política, ni social, sino que es teológica (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 11.2013).

El mundo ha acusado recibo y ha prestado atención. Los medios de comunicación no cesan de hacer eco de cada palabra, anécdota y anuncio. Logró bajar la guardia de quienes por largo tiempo vieron a la Iglesia y a los católicos como una especie en peligro de extinción, encerrados en su propio mundo, lejos de la realidad.

Advierte que ignorar la necesidad o sufrimiento del prójimo, afecta a nuestra vida de fe, deformándola y vaciándola de profundidad –“El aburguesamiento del corazón nos paraliza”–, nos convierte en “católicos de museo”, inconmovibles.

Es el rostro misericordioso de Dios el que el Papa Francisco se ha empeñado en comunicar con sus palabras, gestos y opciones.

Y lo ha hecho sin dejar a un lado las complejas y desafiantes responsabilidades que tiene como líder de una institución altamente compleja (poniendo el acelerador en las medidas tendientes a transparentar y democratizar el gobierno de la Iglesia).

El mundo ha acusado recibo y ha prestado atención. Los medios de comunicación no cesan de hacer eco de cada palabra, anécdota y anuncio. Logró bajar la guardia de quienes por largo tiempo vieron a la Iglesia y a los católicos como una especie en peligro de extinción, encerrados en su propio mundo, lejos de la realidad.

El Papa quiso derribar estas barreras precisamente para que el mundo entero vuelva a estar dispuesto a escuchar la noticia más importante de la historia, la que marcó un antes y un después: Jesucristo, el Dios vivo hecho hombre vino al mundo, movido por el amor dio Su vida en rescate nuestro y venció la muerte. Evangelii Gaudium, la alegría del Evangelio. Una alegría que nadie puede arrebatar.

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