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El gol de Mirosevic y la indiferencia de la élite

por 14 marzo 2014

El gol de Mirosevic y la indiferencia de la élite
Está por verse si Mirosevic es capaz de construir un proyecto político sólido, con proyección colectiva, que le permita insertarse en el panorama sin ser ninguneado por nadie. Los boys de la derecha, a ratos presa de una ansiedad que los devora a ellos mismos, no estarán muy contentos si Mirosevic tiene éxito. Para ellos, él no figuraba en el mapa ni en sus contactos de Whatsapp, no lo vieron en los carretes, ni en los cumpleaños, ni en Londres, ni en Tantauco. Mirosevic puede volverse un dolor de cabeza para aquellos que no quieren ver un liberalismo escindido de la élite santiaguina.

Las cámaras no lo buscan. Él tampoco busca a las cámaras. Si algo bueno hubiera que destacar en Vlado Mirosevic es su sobriedad, una virtud olvidada en el Chile actual. Mirosevic no posa con el puño en alto, no se alcoholiza con los aplausos, no engorda con las alabanzas y los flashes. Sin embargo, ahí está, ocupando un escaño en la Cámara de Diputados, representando a Arica y Parinacota. Esta semana los diarios y las revistas de papel cuché se llenaron de perfiles a los nuevos diputados, pero Mirosevic no figura entre las notas principales. Su triunfo en Arica, improbable y significativo, abre una puerta para la construcción de un liberalismo plebeyo, más rebelde que acomodado, menos satisfecho con el Chile actual y más crítico de la elite que conduce al país política, económica y culturamente.

Algunas razones para explicarlo. Mirosevic se declara “liberal”, una etiqueta un tanto manoseada en los últimos meses. Pertenece a una generación de dirigentes que rompieron con Flores y Schaulsohn una vez que ChilePrimero se desintegró en marzo de 2010, al poco tiempo de asumir Piñera. Mirosevic no mendigó un puesto en la administración, no se sometió al humor del Presidente, no le entregó su rebeldía a la derecha eufórica por un triunfo que se demostró pasajero. Mirosevic, en vez de hacer lo predecible y lo rutinario, prefirió iniciar una ruta alternativa.

Rescató, no hay palabra más apropiada, a un número no menor de dirigentes que confluyeron en el hoy Partido Liberal de Chile. Un nombre cargado de fantasmas y de lugares comunes, que hoy habita un espacio político culturalmente amplio, pero electoralmente pequeño. El Partido Liberal tuvo una alianza parlamentaria con el Partido Progresista y la candidatura presidencial de Enríquez-Ominami Gumucio.  En ese sentido, el proyecto de Mirosevic no es funcional a Felipe Kast, Luciano Cruz-Coke ni Hernán Larraín Matte. El proyecto del Partido Liberal no es el proyecto de Evópoli. Quizás por esa razón la prensa haya pasado tanto tiempo durante el verano hablando sobre unos e ignorando a los otros.

El liberalismo de Mirosevic es un liberalismo plebeyo, que no se entrega dócilmente a la retórica del mercado y que, a la vez, es capaz de dialogar inteligentemente con las izquierdas razonables y las derechas tolerantes. Del otro lado, el proyecto Evópoli y el proyecto Horizontal representan una red santiaguina de influencias y de operaciones de medios. Este elitismo es negado en el discurso, pero reafirmado en la práctica. Hay quienes ingresaron a Renovación Nacional con alfombra roja en ceremonias especiales, para salirse con el mismo glamour tres años después. Consiguieron cupos apelando a las viejas componendas de la derecha chilena, usando sus privilegios sociales para luego correr por la libre. Astutos, sí, pero no admirables.

Mirosevic no estudió en la Universidad Católica ni en la Universidad de Chile, tampoco en los colegios de elite del barrio alto. Se fue de Arica a estudiar Ciencia Política en la Universidad Central y luego volvió a Arica. No tiene grandes “redes” en la capital ni pasa sus noches en los bares de la socialite santiaguina. El liberalismo de Mirosevic es un liberalismo plebeyo, que no se entrega dócilmente a la retórica del mercado y que, a la vez, es capaz de dialogar inteligentemente con las izquierdas razonables y las derechas tolerantes. Del otro lado, el proyecto Evópoli y el proyecto Horizontal representan una red santiaguina de influencias y de operaciones de medios. Este elitismo es negado en el discurso, pero reafirmado en la práctica. Hay quienes ingresaron a Renovación Nacional con alfombra roja en ceremonias especiales, para salirse con el mismo glamour tres años después. Consiguieron cupos apelando a las viejas componendas de la derecha chilena, usando sus privilegios sociales para luego correr por la libre. Astutos, sí, pero no admirables.

Mirosevic, sin embargo, no está en ese juego de etiquetas y como tal es ignorado sistemáticamente en el Valle Central. Con 25 años, la agenda política de Mirosevic tiene elementos interesantes. Su “regionalismo”, por ejemplo, trasciende a los lugares comunes y se materializa en una propuesta: Federalismo. Mirosevic propone un nuevo sistema político para Chile sobre la base de principios federalistas, dotando de autonomía política y económica a cada región. En el argumento de Mirosevic, una nueva Constitución debe consagrar un nuevo modelo político y ese modelo debe ser el Federalismo que fue alguna vez imaginado por José Miguel Infante en 1825, en su proyecto constitucional.

Más allá incluso, un modelo federalista permitiría la existencia constitucional de un Estado Mapuche autogestionado, a la vez que parte del Estado Federal de Chile. Esta propuesta fue recogida por Enríquez-Ominami en su programa de Gobierno de 2013. Mirosevic también sugiere que el Estado utilice “software libre”, es decir, que no pague las millonarias licencias al software tradicional. Sin mencionar que es diputado por Arica, una región que aparece en la televisión por el fallo de la Corte Internacional de Justicia, pero que hace décadas no tiene real atención de los gobernantes. En suma, una serie de razones harían pensar que Mirosevic debiera ser una voz interesante en los próximos meses, aunque la prensa chilena parece inserta en un continuo loop donde los mismos repiten siempre lo mismo.

Está por verse si Mirosevic es capaz de construir un proyecto político sólido, con proyección colectiva, que le permita insertarse en el panorama sin ser ninguneado por nadie. Los boys de la derecha, a ratos presa de una ansiedad que los devora a ellos mismos, no estarán muy contentos si Mirosevic tiene éxito. Para ellos, él no figuraba en el mapa ni en sus contactos de Whatsapp, no lo vieron en los carretes, ni en los cumpleaños, ni en Londres, ni en Tantauco. Mirosevic puede volverse un dolor de cabeza para aquellos que no quieren ver un liberalismo escindido de la élite santiaguina.

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