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Anita Tijoux y nuestra falsa diversidad

por 2 abril 2014

Hace algunas horas se supo que durante el festival Lollapalooza efectuado el fin de semana recién pasado, un grupo de personas durante la actuación de la cantante chilena Anita Tijoux le gritó “cara de nana” como si esto fuera un insulto. Claramente para una casta lo es, aunque esas mujeres sean el sostén muchas veces de sus vidas, mientras ellos juegan a ser grandes.

Lamentablemente eso no es nada nuevo en nuestro país. El clasismo lo respiramos, lo vemos y hasta lo comemos día a día. Basta con ver la televisión y ver cómo el más moreno por lo general es más vulnerable frente a las pantallas y los paneles de espectáculos que piensan estar haciendo “entretención” -palabra en la que siempre se escudan- realmente están aportando a una estructura social cada vez más consistente.

Y si bien esto es grave, la manera en que los medios han tomado este tema también lo es. Grandes titulares han visto esta afrenta como un gran insulto hacia la cantante, rasgando vestiduras y eximiéndose de su responsabilidad en muchos de estos actos. Es que si nos ponemos un poco más cuidadosos con lo que realmente es el clasismo y lo rechazamos en todo su esplendor, podremos observar que muchos de los circunspectos columnistas de la plaza que se espantan con esto, muchas veces ayudan con sus columnas y comentarios a elitizar, posiblemente sin quererlo.

Si los que le gritaron esas cosas a Anita fueran las únicas personas clasistas en Chile, quizás tendríamos resuelto el tema, pero la cosa es más seria. Lollapalooza es elitista en sí. Los precios lo son y la forma en que se encara la “diversidad” también lo es. Es en el fondo la diversidad norteamericanizada puesta al servicio de grandes empresas que hacen creer que estás en un mundo mejor, menos discriminador y que se enorgullece de la democracia del retail, en donde, si quieres, puedes comprar.

La pluralidad de identidades es mucho más que eso y no es un bien como quien compra un par de zapatos. El pluralismo es un trabajo diario de una sociedad. Es un lugar en donde no todos son iguales y las diferencias se enfrentan entre sí sin que esto sea un quiebre cultural ni nada menos. La idea de pluralidad que nos vende este tipo de eventos es uniforme, donde todos piensan igual y nadie levanta un espíritu subversivo real. Por eso el color de piel de la rapera les resulta insultante dentro de este juego democrático. Pero más aún les resulta sumamente dañino el hecho de que ella nos recuerde en sus canciones que todo no es tan multicolor como la organización del festival lo trata de decir.

Aún hay clases sociales y razas subyugadas y subyugantes, y eso no se termina con un festival de rock al aire libre y con hombres y mujeres livianos de ropa. Eso no es democrático sino hegemónico. Cierta hegemonía se ha disfrazado de diversidad, cuando lo único cierto es que hay sólo un pensamiento dominante. El día en que esto cambie realmente, tal vez podremos ser un poco más libres y ver los gritos hacia Anita como un simple detalle.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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