Jueves, 29 de septiembre de 2016Actualizado a las 13:59

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Expectativas peligrosas

Si la reforma apunta a mejorar la disponibilidad del bien público educacional, y corrige algo de la desigualdad será un éxito, solo si no afecta la economía real.

Algunas personas y movimientos parecen entender al gobierno en curso como uno que provocará cambios de tal naturaleza en 4 años que emergerá otro Chile. Autoridades significativas han comenzado a hablar del comienzo de un nuevo ciclo, lo que arroja más problemas que soluciones a un fenómeno de espiral aspiracional de expectativas de desarrollo que están lejos de lograrse en cuatro años. Sólo el tiempo dirá si se está ingresando a un nuevo ciclo político o económico, pero lo que ya puede afirmarse con certeza es que estamos en un ciclo en que una parte importante del país pareciera no tener paciencia suficiente para dar demasiado tiempo a la presentación, aprobación y aplicación práctica de las reformas que se anuncian.

Si logramos en 10 o 15 años, plazo razonable, una espléndida educación pública gratuita, eso no significaría que el cambio en el ámbito educacional permee todo. Incluso no sabemos a ciencia cierta qué desarrollo logrará la educación privada pagada en ese escenario, ya que su desarrollo obedece a factores especiales, que a veces no tienen que ver con la igualdad absoluta. La búsqueda de valores religiosos, lingüísticos o de otra índole no se suprimirán por una educación laica, estatal, aunque sea de la mejor calidad. Desde luego a nadie se le ha pasado por la mente uniformar todo. Sería un despropósito

Hay varios países, como Japón o Australia, con educación estatal gratuita y de calidad y son capitalistas, y otros europeos con economías mixtas, y en ambos casos la mera conformación de un proyecto educativo no ha sido la panacea para cambiar la distribución del ingreso o corregir las más graves desigualdades. Ciudadanos mejor preparados e informados, a veces ven en mayor profundidad los baches socioeconómicos.

La reforma tributaria es instrumental y lo será salvo que deviniera en confiscatoria, pero en ese caso se produciría una fuga de capitales, acompañada de una notoria baja en la actividad económica, o un proceso de deterioro de la moral del contribuyente  que no sentirá la obligación de cumplir la ley.

Si la reforma apunta a mejorar la disponibilidad del bien público educacional y corrige algo de la desigualdad, será un éxito, sólo si no afecta a la economía real.

La concentración económica inédita que se produjo en Chile en 40 años no es materia urgente para el actual gobierno, lo que evidentemente es un grave error de éste, ya que los mercados están y seguirán en pocas manos. Este problema es estructural y no le afectarán mucho los cambios tributarios porque se alzarán los precios, amortiguando así el efecto en los mercados oligopólicos.

La Nueva Constitución ya no es primera prioridad para el actual gobierno y ahí está el gran tema que podría inaugurar un verdadero nuevo ciclo, pero las urgencias, al menos hasta ahora, de la instalación lenta del nuevo gobierno, nos hacen pensar que la Asamblea Constituyente, o cualquier otro procedimiento de participación ciudadana, con mucha suerte recién verá luz al final de estos 4 años.

La realidad impone sus contornos pétreos, insoslayables y habrá que armarse de paciencia. Con todo, dado el cuadro político que se está construyendo, plagado de errores y de recriminaciones recíprocas, podría llevar a una pérdida progresiva de la paciencia  ciudadana.

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