Jueves, 29 de septiembre de 2016Actualizado a las 03:03

Autor Imagen

Villalobos y su miopía sobre el pueblo Mapuche

por 9 abril 2014

Al escuchar los argumentos del historiador Sergio Villalobos en un debate con el Intendente Huenchumilla, en el cual hablaba que los mapuche no son mapuche, que estaba bien que le quitaran las tierras, que los bolsones de atrasos son defectos ancestrales, que su base documental le hacen concluir que los mapuche son flojos y que el relato constante de sus fuentes históricas dicen que son borrachos. Me recordé de un viejo dicho “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Al ver sus declaraciones estimé conveniente respetar su edad, pues una de las bases morales de nuestro pueblo es respetar a los ancianos, por lo que no resaltaré tanto su miopía sobre el pueblo Mapuche, a pesar de lo vejatorio de su actuar al reírse del pueblo Mapuche, pero sabemos en quien abunda la risa. Inclusive había llegado a concordar con algunos sobre su vuelo intelectual, pero hizo esfuerzos tremendos para demostrar que me equivoqué.

Pero apuntando al tema fundamental, ¿Cuál es la identidad y pertinencia étnica de Chile?, importante, porque de aquí nace el alma del pueblo que se traduce en amor a la patria. Algunos dicen que es ser hijos de chileno, otros que es la mezcla entre españoles y negros, españoles y Mapuche o Aymará, Huilliche o Pehunche, etc., pues la verdad es que Chile no tiene definida su identidad, porque el pequeño grupo de alcurnia que libertó Chile, creó el Estado primero y después la nación, y la crearon de acuerdo a lo que a ellos les parecía y lo que a ellos les parecía no tiene nada que ver con Chile. Los pueblos originarios no tienen ese problema porque sabemos muy bien de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Espero tener más adelante la oportunidad de comprender cómo uno de los más ilustres historiadores de Chile ha comprendido tan imperfectamente los acontecimientos de nuestra gran nación Mapuche, tal vez es porque nunca se ha detenido a estudiar el alma del pueblo mapuche y su estudio solo ha tomado el método descriptivo de los naturalistas, pero entre los fenómenos que éstos estudian las fuerzas morales no figuran para nada, y son precisamente estas fuerzas las que constituyen el verdadero móvil de la historia. Nuestros mismos actos conscientes derivan de una base que encierra innumerables residuos de antepasados que constituyen el alma del pueblo mapuche.

Los actos y dichos del historiador pueden parecer perfectos, pero al parecer el cerebro no toma parte en ellos, más bien habla siguiendo el azar de sus impulsos emocionales y si se aceptan sus descripciones como exactas, los fenómenos que describe son inexplicables, y así se puede desprende claramente que es necesario considerar sus libros de historia como obras de pura imaginación. Son relaciones fantásticas de hechos mal observados, acompañados de investigaciones hechas solo sobre un punto de vista y solo de algunos escritores, por lo que el observador naturalista debería llegar a la conclusión que leer sus libros es perder el tiempo. Aunque existen historiadores marxistas que apoyan su tesis, lo que demuestra que la miopía cruza el espectro político, en efecto, su amor político no es el culpable, es él.

Asegura que el pueblo mapuche murió bajo la asimilación de una sociedad domínate, nuevamente se equivoca, porque nuestro modo de vida y conducta no corresponde a un sometimiento a la dominación, sino a una adaptación a este nuevo contexto evolucionando la estrategia para salir de esta condición. En palabras de Le Bon los gobiernos son producto de la raza. Los pueblos no son gobernados como lo quisieran sus caprichos de momento, si no como lo exige su carácter. Y desde este punto de vista el pueblo mapuche no se puede someter porque no tiene un gobierno producto de él, y los caprichos de un Estado dominante no pueden moldear su carácter heredado de siglos de antepasados. No son los gobiernos sino el carácter de los pueblos quien guía sus destinos, y nuestro destino aún no se alcanza.

Concluyo que tal vez desconozca que las ideas de los pueblos originarios son hijas de su pasado vivido y no contado por terceros y que son madres del porvenir, que diversas y continuas experiencias no han conseguido aún quebrantar el alma de nuestro pueblo, en vano el historiador ha intentado probar lo absurdo de ella, porque hemos demostrado que tenemos nuestras propias ideas, sentimientos y costumbres, que no se pueden quebrantar con la redacción de códigos, para que se vaya entendiendo la génesis del asunto.

Ver el posteo original

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes