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La UDI en agonía

por 11 abril 2014

Si los dirigentes de uno de los partidos más importantes del país no comprendan que no hay tiempo ni espacio para la frivolidad, anticipo la muerte inminente del enfermo.

La UDI es un enfermo famélico; de la mística que alguna vez la inspiró y de la fuerza de quienes fueron sus líderes, queda muy poco…

¿Por qué? Por muchas razones. La primera de ellas es que su identidad se volvió difusa; y eso, porque subestimó la importancia de profundizar en la reflexión acerca de sí misma, reflexión que debió hacer mucho antes que la izquierda consiguiera destruir los ejes en torno a los cuales ese partido (y la derecha en general) se estructuró.

Ganar elecciones o remontar fracasos electorales se transformó, desde entonces, en el objetivo principal de la UDI. Y así fue como la maquinaria electoral terminó por arrasar con lo que en algún momento fue el ideario de ese partido, y por hacer, de los que habían sido formados para estadistas, unos meros operadores políticos.

Si los dirigentes de uno de los partidos más importantes del país no comprendan que no hay tiempo ni espacio para la frivolidad, anticipo la muerte inminente del enfermo.

Lo que queda en la dirigencia de la UDI sólo es, por tanto, un club de amigos que se resiste a entender que las circunstancias históricas cambiaron.

Probablemente porque olvidaron también que la clave del éxito que alguna vez tuvieron, estuvo en relación directa con la decisión firme de sus militantes de combatir desde donde fuera más útil, y no necesariamente desde donde resultara más cómodo.

Víctor Pérez es el continuista de esa política que fracasó y aunque pueda exhibir méritos objetivos en muchos aspectos, es evidente que al mando de la UDI, ésta no dejará de ser lo que es en la actualidad, una especie de gueto dirigido por un grupo humano que se puede contar con los dedos de las dos manos.

Ernesto Silva, en cambio, es la promesa de una renovación seria; seria porque no pretende ni reescribir la historia ni renegar del pasado y, mucho menos, ganar a costa de ser un poco menos de izquierda que los de izquierda.

La UDI es un enfermo famélico y lo que necesita es alimento, y no simplemente procedimientos cosméticos. Silva tiene, para estos efectos, más talento y convicción que Pérez.

De ahí que resulte desesperanzador que un alto dirigente del partido diga que no se vería bien que un partido popular fuera presidido por un Diputado de Las Condes, como si la cuestión de su imagen pudiera anteponerse a la de su descomposición interna, o como si el carácter de popular de la UDI dependiera de la cara o del apellido de quien lo dirige.

Si los dirigentes de uno de los partidos más importantes del país no comprendan que no hay tiempo ni espacio para la frivolidad, anticipo la muerte inminente del enfermo.

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