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La derecha de hoy y de mañana

por 17 abril 2014

¿En qué esta la derecha chilena hoy? La respuesta, es que el sector está inmerso en un proceso de profunda reformulación, reestructuración, redefinición, adaptación y/o refundación. En lo fundamental, se desenvuelve hoy en una coyuntura de transformación. Se ha debatido ampliamente en torno a la crisis de la derecha: sus causas y sus caminos de solución. Las respuestas son múltiples, y a veces, contradictorias. Sin embargo, hay un amplio consenso de que se trata de una coyuntura de crisis y que la “orden del día” es salir de esa situación.

Sin embargo, para lograr ese objetivo, el problema es doble; por un lado, que la voluntad política no es suficiente cuando los procesos y las dinámicas socio-políticas tienen sus propios ritmos. Y del mismo modo, cuando no se logra comprender lo que sucede. Y por otro, que la derecha sigue en la lucha política contingente; y, por tanto, no tiene tiempo ni espacio para re-pensarse.

Si bien, este proceso “de crisis y transformación” se viene incubando desde el 2011, se instala con propiedad una vez que pierden la presidencial en diciembre del 2013. Desde entonces, se pone en marcha la transformación del sector. Hoy, hay más dudas que certezas.

El quiebre de RN, la aparición de Amplitud, la conformación de Evópoli en partido político, los consejos partidarios de enero y abril, las elecciones internas, el debate generacional, la instalación del piñerismo, el debilitamiento de la alianza como pacto político-electoral, el quiebre de las confianzas y la tesis de modificar las declaraciones de principios, son las principales coyunturas y problemáticas que el sector y sus partidos han debido enfrentar en estos cuatros meses. La derecha no ha tenido pausas. La derecha está cansada. La derecha no puede descansar. El escenario es complejo y muy adverso.

En definitiva, la derecha está viviendo un profundo proceso de crisis y transformación que impone como desafió político central insertarse de manera competitiva en la nueva fase política que comienza a manifestarse desde la primera Bachelet hacia el 2006 y que se consolida en agosto del 2011 cuando nuevamente se escucharon “sonidos de ollas” en el país.

Este proceso de crisis y transformación combina elementos de refundación y de adaptación; de continuidad y de cambio. Dicha combinación se manifiesta en dos escenarios de acción: fragmentación  y debilidad.

La fragmentación del campo político de la derecha no sólo es la transformación estructural más importante del sector, sino también un cambio de tipo refundacional. En efecto, pasar de un espacio político de dos partidos a uno de tres o más partidos es, sin duda, una tremenda transformación. Este “tercer referente” en lo grueso coincide con la emergencia y el posicionamiento de distintas fuerzas políticas de derecha al interior del espacio liberal: Evópoli, Amplitud, Piñerismo, Red Liberal –que tiene ambición de ser un partido- y Horizontal, son los grupos que compiten por el espacio liberal. Si estos grupos van a confluir en un solo partido, es algo que hoy no se puede definir con claridad.

En consecuencia, lo fundacional para la derecha es la emergencia y la consolidación del espacio liberal.  El problema político y que intensifica la competencia intra-liberal, es que este espacio en blanco, también es pretendido por sectores de centro y de izquierda, como Velasco, Mirosevic y tecno liberales concertacionistas.

Esta tercera fuerza –independientemente, de su grado de fragmentación- viene a producir una segunda refundación. En efecto, la fragmentación del campo político de la derecha va generar no sólo una profunda modificación en la correlación interna de fuerzas del sector, sino también formas inéditas de relación con el centro y la izquierda.

A su vez, esto tendrá impacto en tres dimensiones. En primer término, habrá una reconfiguración del mapa electoral interno del sector; ya que, los votos deberán repartirse entre más de dos comensales. En este escenario, sin duda, el peso relativo de cada partido disminuye. En segundo lugar, se activara una intensa lucha por la conducción y el liderazgo del sector.  Y finalmente, se abre una disputa por el tipo de proyecto país que el sector va a comenzar a reformular y a ofrecer a los ciudadanos de la nueva fase política. Esto recién comienza. Más dudas, que certezas.

Esta fragmentación del campo político ocurre en un escenario de debilidad. En efecto, la debilidad de la derecha es intensa, profunda y de largo plazo: es política, es electoral, es legislativa, es ciudadana y es ideológica.

La debilidad electoral de la derecha se observa en que han perdido todas las elecciones realizadas desde octubre del 2012: la de alcaldes, la de concejales, las primarias, las de diputados, la de senadores, la de consejeros regionales, la primera y la segunda vuelta presidencial. Peor aún; en todas, han perdido por paliza.

El principal efecto de la derrota electoral, es la correlación de fuerzas que se expresó a nivel legislativo. El sector, por tanto, ha perdido en este plano el poder de veto que le permitió el binominal desde los noventa. En consecuencia, la derecha se ha debilitado legislativamente y se enfrenta a una fuerte e intensa ofensiva bacheletista.

Sin embargo, no todo es cuenta dulce para la Nueva Mayoría. Si por un lado, la Nueva Mayoría tiene el quórum para importantes aspectos de su programa –educación, laboral, tributaria-, por otro, está en la cámara de diputados y en el senado a nueve y a cuatro votos respectivamente de llegar a los 2/3 para modificar capítulos relevantes de la constitución.

La debilidad política, se observa cuando vemos que la derecha se ha quedado sin proyecto de sociedad-país y ha perdido capacidad de liderazgo nacional. La derecha, en términos políticos, se ha inmovilizado. Se ha quedado sin oferta política, sin ideas y sin reacción frente a la ofensiva de la Nueva Mayoría.

De hecho, desde que Bachelet tomó el mando del gobierno y del Estado hace un mes, la derecha en el plano interno ha debido resolver sus tensiones; y, en el plano externo –como oposición- ha realizado acciones políticas de tipo defensivas que dan cuenta de su debilidad integral.  Tratar de ralentizar el proceso legislativo, erosionar al oficialismo por medio de la coyuntura de los despidos, los miedos que instala desde la tesis de la “retroexcavadora”, la potencial interpelación al Ministro del Interior, la tesis de que el terremoto se afrontó de buena manera debido al legado que dejaron en la ONEMI, la campaña del terror en torno a la reforma tributaria y los panfletos de la UDI y el viaje de a Venezuela, son las acciones políticas que ha impulsado el sector en este primer mes en su rol opositor. En definitiva, su debilidad política se expresa fundamentalmente en que ha perdido capacidad de conducción y de articular intereses.

Esta compleja situación encuentra un correlato en una debilidad ideológica. La derecha ha perdido la hegemonía política de las ideas. De hecho, sus ideas están en retirada y en el debate actual en torno a las reforma educacional, tributaria y constitucional está más centrada en criticar  que en proponer. En este escenario la derecha ha quedado sin propuestas, sin proyecto y sin capacidad de convocar ni de seducir.

Finalmente hay una debilidad social y ciudadana que se relaciona con que la derecha –o una parte de ella- está de espaldas a la sociedad –chilena-. En efecto, la sociedad pide más estado y más regulación y la derecha ofrece lo contrario; la sociedad pide más derechos universales garantizados y la derecha ofrece más mercado y más competencia; la sociedad pide educación gratuita, pública y de calidad y la derecha ofrece educación de mercado; la sociedad demanda ampliar las libertades civiles y la derecha ofrece más controles; la sociedad pide “otro modelo” y la derecha ofrece “más modelo”.

La derecha, en este plano, está profundamente distanciada no sólo del movimiento social –que trunco, entre otros, sus aspiraciones de continuar en La Moneda-, sino también de la sociedad civil organizada. No obstante, es profundamente contradictorio, no querer ser “pauteados por la calle” y sus demandas y pretender “actualizar su relato y oferta programática.

En consecuencia, la derecha enfrenta su coyuntura de “crisis y transformación” en una situación de fragmentación y debilidad. El escenario es tan complejo y adverso que su recomposición se proyecta más allá de este periodo presidencial; incluso, un candidato de unidad se ve hoy lejano. En consecuencia, en cuatro años más no estará en condiciones de ser competitiva y tener opciones de ganar la presidencial. ¿Y si pasan nuevamente 20 para volver a La Moneda?

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