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Miedo y el nuevo ciclo

por 17 abril 2014

La Real Academia Española define el miedo como aquella perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Construir el futuro deberá incorporar esta milenaria temática que ha afectado a individuos, tribus, familias y civilizaciones.

Chile no escapa a esta esfera. Por cierto, no es nueva. El miedo  es un sentimiento que experimentan las criaturas vivas. Sin embargo, el ser humano suma un factor adicional, “un miedo derivativo”, reciclado culturalmente. Señalado por H. Lagrange como aquel que orienta la conducta, algo así como un fotograma fijo de la mente que nos atrapa. Esto es, un sentimiento de ser susceptible y frágil al peligro, una sensación de inseguridad y de vulnerabilidad.

Según la sociología existen varios tipos de miedo: unos que amenazan el cuerpo y la propiedad de las personas, otros, de una naturaleza tal, que amenazan la sustentabilidad del orden social. Esto es el empleo, la renta o la supervivencia (vejez o invalidez). Por otra parte, está el miedo producto de la amenaza del lugar que ocupamos en la sociedad, de nuestra situación en la jerarquía social de nuestra identidad, en general un temor a la desintegración y exclusión social.

Otros miedos se hacen también muy presentes en el Chile actual: terremotos, inundaciones, sequías, olas de calor o incendios, accidentes aéreos, aguas envenenadas o alimentos contaminados. Pero también se percibe una zona más gris y opaca: la falta de petróleo, caída de las bolsas o crisis económicas y financieras. El inventario puede ser largo y abrumador.

Durante largo tiempo el mercado y la globalización desplazaron al Estado en el tránsito de la seguridad social a la seguridad individual–personal. Se generaron entonces ciertos mecanismos institucionales –política de la subsidiariedad-  para externalizar las condiciones para enfrentar estos temores e inseguridades. Sálvese quien pueda.

Hoy en un nuevo ciclo, incorporar esta suerte de alarma global (hasta nuevo aviso) es una tarea para toda la vida. Nuestros “compañeros de viaje”, inseparables de la vida a construir. Entonces, la sociedad puede enfrentar el miedo en el nuevo ciclo como una tragedia o como un drama.

Por una parte, la tragedia como aquella obra cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven la compasión y el espanto, con el propósito de purificar estas pasiones en el espectador y llevarlo a considerar el enigma del destino humano, donde la pugna entre libertad y necesidad termina generalmente en un desenlace funesto, triste y desgraciado. Por otra, el drama como una obra donde prevalecen acciones y situaciones tensas y pasiones conflictivas. Sin embargo, existe una salida, no fatal, reencantadora o reconstructora de un nuevo destino.

Finalmente, después de todo, en la vida como en el teatro, todo podría ser peor, dicen.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder

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