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“No da lo mismo lo que comunicamos”

por 18 abril 2014

“No da lo mismo lo que comunicamos”
La televisión abierta está presa en sistemas de evaluación e incentivos que sólo miden rating y rentabilidad, afirma en su columna de revista Caras, y en esa dinámica “la responsabilidad social de los medios estorba y por lo tanto se prefiere olvidar”, señala la ex directora de programación de TVN.

Conocedora de los medios y la televisión, la ex directora de programación de TVN critica la falta de contenidos de valor social y cultural en la televisión. En su columna de revista Caras (http://www.caras.cl/sociedad/da-lo-mismo/) hace un paralelo entre la televisión de la década de los ´80 y la que tenemos hoy:

“Vivíamos en dictadura y los medios dominantes, diarios y TV, mostraban un país que existía a medias. La mayoría de los problemas —pobreza, cesantía, hambre en las poblaciones, abusos de poder, el miedo e incertidumbre en que vivía gran cantidad chilenos— se obviaba. Existía la voluntad de omitir u ocultar porque se era consciente del poder de los medios —y en particular de la televisión— en generar estados de ánimo, influir opinión y establecer modelos sociales y culturales”.

“Pienso, por ejemplo, en lo decisivo que puede ser el aporte de una programación con sentido de responsabilidad social para que Chile sea un país donde no campeen la desconfianza, el clasismo, el racismo, el embarazo adolescente, los femicidios. ¡No da lo mismo lo que comunicamos! Hacernos los lesos es una frivolidad”.

Hoy tenemos democracia y libertad, dice,  pero afirma que en la televisión abierta es poco lo que podemos elegir “porque la oferta —con algunas excepciones destacables— es chata y homogénea”.

Wood aduce la crisis de creatividad y homogenización a que los propietarios, ejecutivos y  talentos de los canales “están presos en sistemas de evaluación e incentivos que sólo miden rating y rentabilidad”. Y explica que eso genera una dinámica donde “la responsabilidad social de los medios amenaza con estorbar, incomodar y por lo tanto se prefiere olvidar”. En relación crítica disminución en las pantallas de la TV abierta chilena de contenidos de alto valor social y cultural, como la programación infantil no violenta y los programas de investigación periodística, explica que al no ser rentables se dejan de producir.

“Los contenidos se desvirtúan llegando a transformarse a veces en piezas del absurdo: periodistas que hicieron su nombre investigando temas de fondo ahora corren tras estafadores de poca monta con cámaras ocultas. O comunicadores carismáticos y experimentados ejercen el pelambre como la más seria de las profesiones. No es que sean mala gente. Es que la tele les paga para eso. Porque eso vende”.

Respecto a los argumentos de que la TV es una industria como cualquier otra, que tiene derecho a querer rentabilizar sus inversiones, recuerda que para llegar a sus audiencias los canales hacen uso hace de un bien público escaso: el espectro radioeléctrico.

Y a los que dicen que esto es industria de la entretención y que la TV produce y programa lo que la gente quiere ver, les pregunta: “¿Por qué los avisadores invierten millones en producir y programar mensajes seductores? ¿Por qué lo primero que hacen las dictaduras es tomar el control de las pantallas y manipular contenidos? ¿Será acaso porque la televisión es un medio inocuo en el acontecer social y cultural?”

No hacerse cargo de la influencia que ejercen los medios masivos le parece a Wood una frivolidad: “Pienso, por ejemplo, en lo decisivo que puede ser el aporte de una programación con sentido de responsabilidad social para que Chile sea un país donde no campeen la desconfianza, el clasismo, el racismo, el embarazo adolescente, los femicidios.

¡No da lo mismo lo que comunicamos! Hacernos los lesos es una frivolidad”.

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