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Para Dónde Vamos

por 21 abril 2014

Los gobiernos de la Concertación, entre los cuales incluyo, ciertamente, al de Sebastián Piñera, se limitaron a lo largo de 24 años a “rayar la pintura” del modelo de sociedad heredado del Gobierno Militar que, como antes he dicho más de una vez, transformó el país donde quedaba “harina para pocos días más” (Allende) en “la joya más preciada de la corona latinoamericana” (Clinton).

Pero ahora el socialismo está realmente haciendo una revolución y en el país de los cerebros lavados Allende ha sido elegido por votación popular como “el más grande chileno de todos los tiempos”. Y como estamos en democracia, imagínense ustedes para dónde vamos. El otro día leí en una entrevista a mi ex compañero de curso en Leyes, Aníbal Palma, referir que cuando en un anfiteatro estudiantil fue presentado como ex ministro de Allende el auditorio estalló en una ovación. Imagínense a dónde hemos llegado.

Cuando los socialistas llegaron al poder con el concurso de Kerensky I en los ’70 querían destruir la democracia burguesa por las armas. Ahora han vuelto al poder con el concurso de Kerensky II y se han dado cuenta de que no las necesitan, pues controlan el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

Con la tan comentada Reforma Tributaria harán la revolución económica, que pondrá el grueso del capital nacional en sus manos, es decir, las del Estado que controlan. La Reforma Tributaria es la mismísima retroexcavadora de Quintana, pues desmantelará desde sus cimientos el actual sistema económico, en que el desarrollo se basa en el ahorro, la capitalización y el crecimiento privados. Los anteriores gobiernos de la Concertación fueron subiendo el impuesto a las empresas, es verdad, desde diez por ciento hasta 17 %, y el último, el de Piñera, lo llevó a 20%. Pero se respetaban los cimientos del modelo. Ahora, según el proyecto, ese impuesto será de 35% y me atrevería a apostar que del Congreso saldrá en 40%. Cuatro veces el de 1990, cuando éramos “la joya”. Pero eso no es lo peor: la mala noticia es que los cimientos, el pivote de la capitalización privada, el FUT, será suprimido.

Cuando Nicolás Eyzaguirre manejaba la economía, bajo Lagos, nunca habría pensado hacer eso, sino que fortalecía el capitalismo. Sus leyes MKI y MKII buscaban robustecer el mercado de capitales con el ahorro previsional voluntario y los fondos de inversión privados. Por eso “los empresarios amaban a Lagos”. Ahora, en cambio, la retro va a barrer con las franquicias que alentaron todo eso. Y el propio Nicolás, hogaño completamente volcado al socialismo, maneja la retro en Educación, de donde nadie (tampoco él) sabe qué va a salir, pero yo les voy a anticipar qué: la ENU 2.0.

Michelle 2.0, sin cuya aquiescencia no podría hacerse nada de lo anterior, también maneja la retro en materia constitucional. Y ha tenido la franqueza de anunciarlo en “El Mercurio” de  15.04.13: “Necesitamos nueva Constitución. Si no terminamos con los cerrojos que nos impiden avanzar, muchas de las cosas que quiero hacer no van a ser posibles”. (Esta cita me la recordó el libro más importante del año pasado, “Procesos Sobre Violación de Derechos Humanos”, de Adolfo Paúl Latorre).

¿Creían ustedes que la Constitución garantizaba cierta estabilidad de los derechos, con sus quórums de dos tercios? Eso habría sido si en Chile se respetara la Constitución, pero los jueces de izquierda han probado que uno puede pasar por sobre ella con toda tranquilidad e impunidad. Y se hará, porque estamos en un período revolucionario. Por supuesto, el primer objetivo es el derecho de propiedad, que pasará a quedar sujeto a la mayoría simple que ya tiene el Gobierno en el Congreso.

Hay apuestas acerca de si la próxima Constitución chilena va a ser más parecida a la de Brasil, que regula hasta el salario mínimo; o a la de Argentina, que permite todos los zarpazos a la propiedad que les han hecho posible sobrevivir a los Gobiernos K durante la “década robada” (Jorge Lanata); o a la de Venezuela del gobierno vitalicio. Da más o menos lo mismo, porque la gente informada opina que Brasil será la próxima Argentina; Argentina la próxima Venezuela y Venezuela la próxima Cuba, así es que, con suerte, seremos el próximo Brasil.

Las perspectivas para “la joya más preciada de la corona latinoamericana”, entonces, son tan malas que he visto en el diario que hasta un bacheletista tan reconocido como Jorge Awad, Presidente de la Asociación de Bancos, está preocupado. Y yo les digo una cosa: si eso es así, quiere decir que a todos los que todavía conservamos algún uso de razón nos ha llegado la hora de preocuparnos.

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