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Venezuela: la izquierda chilena en deuda

por 21 abril 2014

La Venezuela hoy martirizada es la Venezuela republicana. Ella impidió que el Caribe se convirtiera en el Mare Nostrum soviético en tiempos de la Guerra Fría. Pero también fue la que en septiembre de 1973 estaba gobernada por el presidente Caldera, socialcristiano, y en 1974, por Carlos Andrés Pérez, socialdemócrata.

Días atrás, mientras caminaba por las calles de Santiago, vi uno de esos diarios que cuelgan de los kioscos, que decía en su principal titular: “La batalla de América Latina. Ayer fue Chile, hoy es Venezuela”. Claramente, muchas personas de izquierda en Chile parecen haber olvidado la ayuda que les dio en 1973 la Venezuela hoy martirizada. Parecen adolecer de amnesia, que según Orwell era una enfermedad crónica en los comunistas.

La Venezuela hoy martirizada es la Venezuela republicana. Ella impidió que el Caribe se convirtiera en el Mare Nostrum soviético en tiempos de la Guerra Fría. Pero también fue la que en septiembre de 1973 estaba gobernada por el presidente Caldera, socialcristiano, y en 1974, por Carlos Andrés Pérez, socialdemócrata. Es decir, la que en esos años y en los siguientes dio amnistía a los derrotados comunistas venezolanos, y recibió a miles de refugiados chilenos. En los años 80, un adolescente venezolano podía aprender el “Chi-chi-chi, le-le-le, ¡viva Chile!” en el Estadio Nacional Brígido Iriarte de Caracas, cuando jugaban Chile contra Perú. Esos refugiados chilenos, también los allendistas, si vivieron lo que ocurrió a partir de 1999 y no tienen parte en el actual gobierno, pueden contar algo de la verdad de lo que ocurre en este momento aciago.

Esa Venezuela tenía salud y educación públicas gratuitas; y salud y educación privadas sin subvención y privadas con subvención. Era refugio de perseguidos políticos de todo el mundo. Fue la fundadora de la OPEP y apoyó a Argentina cuando se enfrentó con Inglaterra. Para nada era sierva de los poderes imperiales. En 1998 atravesaba problemas, pero, con todo, logró reducir su deuda externa de 30.000 millones de dólares o poco menos de 27.000 millones. Es decir, estaba en camino de liberarse de este impuesto imperial.

La Venezuela hoy martirizada es la Venezuela republicana. Ella impidió que el Caribe se convirtiera en el Mare Nostrum soviético en tiempos de la Guerra Fría. Pero también fue la que en septiembre de 1973 estaba gobernada por el presidente Caldera, socialcristiano, y en 1974, por Carlos Andrés Pérez, socialdemócrata.

Ahora, los descendientes espirituales de esa Venezuela generosa y republicana, están siendo reprimidos sin misericordia, pero con cierto recato por los chavistas. Recato, porque los venezolanos manejan bien el Twitter y el Facebook y hacen videos de todo lo que ocurre. Los medios de comunicación están amordazados. Mientras caen las bombas, suenan los fusiles, violan o asesinan a los estudiantes, la televisión venezolana transmite telenovelas. Aquí, en Chile, los comunistas repiten las mentiras de sus “hermanos” de Venezuela: según ellos, todo es un show mediático que han montado los ricos y los fascistas. La verdad es que en Venezuela, ahora mismo, los únicos ricos que quedan son los chavistas. Por otra parte, lanzo un reto: que alguien mencione un solo autor o un solo movimiento que haya escrito u operado en Venezuela después de 1958 que pueda tener algún parecido, aunque sea lejano, con el fascismo. Pero los comunistas saben que el papel aguanta todo.

Ahora mismo el gobierno está intentando “tumbar” Facebook y Twitter, mientras mantiene una mesa de diálogo hecha a su medida. Si lo consiguiera, se hará realidad la amenaza de Hugo Chávez: “Correrán ríos de sangre”, sangre de la Venezuela generosa que dio la amnistía a los comunistas derrotados de Venezuela y que dio asilo a los allendistas chilenos. Pero después esa sangre será lavada con lejía. Y Raúl Castro, con la voz de Nicolás Maduro, podrá decir: “En Venezuela, [ya] no hay perseguidos políticos”. Cuando eso ocurra, el pasado se desvanecerá enteramente de la memoria de los comunistas chilenos, y perdurará sólo en la Eternidad a que va a parar toda la historia.

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