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Ironías de la vida

por 26 abril 2014

En otras palabras, por cada abogado, ingeniero o cirujano plástico que decidamos educar gratis, podríamos ofrecer una vida con mejores perspectivas a tres familias pobres y sus hijos. La pregunta entonces se cae de madura: ¿qué alternativa cree usted que es más potente para dar igualdad de oportunidades?, ¿en qué debiéramos gastar la fortuna que pretendemos recaudar con el alza de impuestos?

Corría mayo de 1993, cuando en un día de fuertes lluvias en Santiago, un alud de barro y piedras destruyó 300 casas, dañó severamente 6.000 y mató a casi 30 personas en la Quebrada de Macul. Motivados por el mismo espíritu solidario de los jóvenes que por estos días ayudan a los damnificados de Valparaíso, con un grupo de amigos fuimos a sacar barro de las casas y ayudar a los vecinos de Macul. La historia era una conocida: las fuerzas del destino se ensañaban contra gente pobre, instalada con sus viviendas precarias en una zona de riesgo.

Pero a diferencia de esa oportunidad, la actual tragedia de Valparaíso coincide con un momento en que se están tomando decisiones cruciales en nuestro país. El gobierno de la Nueva Mayoría a toda máquina está impulsando un alza de impuestos de gran magnitud, para financiar un programa de gobierno que involucra un también significativo aumento de desembolsos por parte del Estado. Parte importante de los recursos que se recaudarían con el alza de impuestos tendrían como destino financiar la educación superior de todos los jóvenes del país, independientemente de su condición socioeconómica, méritos o rentabilidad privada de su carrera. ¿Qué tiene esto que ver con el incendio de Valparaíso o el aluvión de la Quebrada de Macul? Indirectamente, mucho.

Soy de los que creen que los impuestos no son agradables. Son muy necesarios para pagar cosas que nos sirven y para hacer que el Estado, en simple, intente corregir la injusticia social, pero nadie los paga con una sonrisa en los labios. También soy de los que creen que el Estado debe concentrar sus esfuerzos en que en la partida de la “carrera de la vida” todos partan de la misma línea, en vez de preocuparse de que lleguemos todos juntos a la meta. En ese plano, los cartuchos debieran concentrarse en la educación preescolar y básica, en mejorar los estándares de salud de las madres y sus niños y, en forma muy especial, en mejorar las condiciones de vivienda y habitabilidad de nuestra gente más pobre. Por ejemplo, de los chilenos que viven en los cerros olvidados de Valparaíso.

En otras palabras, por cada abogado, ingeniero o cirujano plástico que decidamos educar gratis, podríamos ofrecer una vida con mejores perspectivas a tres familias pobres y sus hijos. La pregunta entonces se cae de madura: ¿qué alternativa cree usted que es más potente para dar igualdad de oportunidades?, ¿en qué debiéramos gastar la fortuna que pretendemos recaudar con el alza de impuestos?

Pagar la educación de un abogado, ingeniero o cirujano plástico, en una universidad CRUCH, le va a costar al Estado más de $30 millones por cada estudiante. En cambio, según información entregada por especialistas en el tema, mejorar la ubicación de las soluciones habitacionales que entrega el mismo Estado, con menores tiempos y costos de viaje para las familias, mejores alternativas de educación y mayor seguridad (incluyendo menor riesgo de incendio), no debiera costar más de $10 millones por cada familia.

En otras palabras, por cada abogado, ingeniero o cirujano plástico que decidamos educar gratis, podríamos ofrecer una vida con mejores perspectivas a tres familias pobres y sus hijos. La pregunta entonces se cae de madura: ¿qué alternativa cree usted que es más potente para dar igualdad de oportunidades?, ¿en qué debiéramos gastar la fortuna que pretendemos recaudar con el alza de impuestos?

Estos jóvenes que hoy vemos sacando escombros, ayer marcharon y consiguieron la promesa de tener universidad gratis. Lo que no sabían es que estaban limitando severamente el futuro de las familias a las que hoy quieren ayudar. Ironías de la vida.

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