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Opinión

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Brasil: fútbol, protestas y elecciones

por 28 abril 2014

Brasil es un país que adora al fútbol y a sus ídolos (Pele, Garrincha, Zico, Ronaldo, Ronaldinho Gaúcho, Neymar y cientos de otros), pero hoy empieza a analizar los costos y beneficios futuros de la Copa del Mundo. “Amamos el fútbol. ¿Cómo no vamos a querer que la Copa se celebre aquí? El problema es el dinero que se ha invertido. ¿Qué sentido tienen las 12 sedes? ¿Y la de Manaos? Después del torneo, allí no va a jugar nadie”, denuncia Eduardo, torcedor (hincha) del Santos de Pelé (El País, 20/04/2014). Y Eduardo tiene razón en preguntarse, ya que el evento costará la nada despreciable suma de unos 13.500 millones de dólares, el más caro en la historia de los mundiales.

Parece que con la muerte de Gabriel García Márquez (87) en México el 17 de abril pasado se ha reinstalado en el imaginario regional ese mundo del realismo mágico que recorre las calles y ciudades latinoamericanas, es decir, de esa yuxtaposición de la fantasía y el mito con las actividades diarias y ordinarias de las personas y sus procesos.

Brasil no es la excepción, sino más bien un fiel reflejo de la mixtura de la fantasía, del encanto de la samba y las playas, la gambeta en estadios llenos y la santería de rincones e iglesias, y la cotidianeidad de una realidad compleja y contradictoria que tratan de reflejar las protestas y las próximas elecciones presidenciales.

Una potencia no sólo futbolística

Con la irrupción en el Palácio do Planalto (la presidencia) del ex obrero metalúrgico Lula da Silva y luego de la ex guerrillera Dilma Rousseff (ambos del Partido dos Trabalhadores ), hace poco más de una década, este gigante que dormía en la pobreza, del carnaval más importante y colorido del mundo y de enormes hazañas futbolísticas (por cierto con la excepción del famoso “maracanazo” de 1950 y el gol que marcó la gloria uruguaya), despierta y se convierte en la sexta economía del planeta, puntera en biotecnología, con fuertes procesos industriales y rica en materias primas como minerales, soja y carne, con una de las mayores reservas de petróleo del mundo con Pré-Sal, ranking y potencialidades que son acompañados de la impronta-estatus de actor internacional proactivo con voz en importantes conflictos internacionales, de fuerte liderazgo en la región, de presencia importante en África y actuación sólida en el BRICS y en el G-20: es decir, una potencia emergente.

Pero no debemos olvidar que los deseos de Brasil de jugar en las grandes ligas se remontan a los tiempos de José María da Silva Paranhos hijo, Barón de Rio Branco (1848-1912), brillante estadista y sagaz diplomático, considerado el patrono de la diplomacia brasilera y base del pedestal que hoy ocupa Itamaratí. Tal como lo expresa Hans J. Morgenthau, uno de los principales teóricos de las Relaciones Internacionales, la diplomacia es una herramienta que se debe clasificar como un elemento de poder nacional y cuyo principal objetivo debe ser la promoción del interés nacional mediante medios pacíficos. Así, y de la mano del Barón, no sólo se logró aumentar y potenciar la escuadra de combate para superar a Argentina y Chile (hard power), sino que incorporar territorios (1.200.000 km2) a expensas de sus vecinos sin recurrir a las armas. De Argentina se anexaron los territorios de Santa Catarina y Paraná en 1895, por medio del arbitraje del Presidente de Estados Unidos Grover Cleveland; en 1900, y también por medio de arbitraje, obtuvo una victoria sobre Francia al establecer una nueva frontera de la Guyana Francesa con el estado de Amapá; logró establecer el Tratado de Petrópolis con Bolivia en 1903 y anexar el territorio de Acre; tratados similares firmó con Ecuador en 1904, con Venezuela en 1905 y Colombia en 1907; Perú 1909 (300.000 km2), todo lo cual aumentó la convicción de que Brasil emergería como una gran potencia.

La riqueza y la pobreza

Sin embargo, Brasil es un ente muy contradictorio y mágico. De esta forma y en medio de dos megaeventos mundiales (el Mundial del 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016) y paralelo a su crecimiento y empoderamiento global, se ha desarrollado el descontento generalizado de una sociedad hastiada de la corrupción, la inseguridad y el gran aumento de la inflación (6% el 2013). Así, frente al nacimiento de una nueva clase media con mayor capacidad adquisitiva, más informada (inquieta) y más exigente (incluso con una creciente voluntad de veto), late todavía una pobreza resumida en las casi 2 millones de personas que viven tiradas en las calles (El País, 20/04/2014) o en los millones que ahorran en transporte y/o comida para pasar el día.

Brasil es un país que adora al fútbol y a sus ídolos (Pele, Garrincha, Zico, Ronaldo, Ronaldinho Gaúcho, Neymar y cientos de otros), pero hoy empieza a analizar los costos y beneficios futuros de la Copa del Mundo. “Amamos el fútbol. ¿Cómo no vamos a querer que la Copa se celebre aquí? El problema es el dinero que se ha invertido. ¿Qué sentido tienen las 12 sedes? ¿Y la de Manaos? Después del torneo, allí no va a jugar nadie”, denuncia Eduardo, torcedor (hincha) del Santos de Pelé (El País, 20/04/2014). Y Eduardo tiene razón en preguntarse, ya que el evento costará la nada despreciable suma de unos 13.500 millones de dólares, el más caro en la historia de los mundiales.

Si bien Brasil ha sido un ejemplo reconocido internacionalmente de lucha contra la pobreza, tal como lo destacó la ministra de Desarrollo Social y Combate al Hambre, Tereza Campello, al informar que la pobreza extrema se había reducido en un 89% en los últimos 10 años (infobae, 17/03/2014), hay una realidad negativa no menos impactante que persiste. Un artículo de Ricardo Montero, Director Social ONG Um Teto para meu País-Brasil, de un año antes (Revista del Centro de Investigaciones Sociales Un Techo para Chile, febrero de 2013), denunciaba que “16. 267. 191 brasileños viven en situación de extrema pobreza, con un sueldo menor R$ 70 (US$ 43) por persona al mes, lo que representa un 8,5% del total de la población”. Agregaba “y se dobla si consideramos las cifras más conservadoras referentes a las personas que viven en situación de pobreza”.

A esta negativa realidad se suma que Brasil es uno de los países más desiguales en la distribución de renta en América Latina (y el mundo) junto a Chile, Bolivia, Ecuador y Haití en la región. Un informe de la revista Gloobal Hoy de hace algunos años decía que: “La desigualdad es la nota predominante en los últimos 100 años en Brasil. A lo largo del siglo XX, este país aumentó su riqueza pero no la distribuyó. El Producto Bruto Interno (PBI) se multiplicó por 110, pero la concentración de la renta llegó a tal punto que el 1% más rico de la población gana lo mismo que el 50% más pobre”.

Consecuentemente, en el lado lindo de la moneda, el de la riqueza, las previsiones de las consultoras británicas Knight Frank y Wealth Insight indican que el número de millonarios en este país crecería exponencialmente en los próximos diez años. A pesar de adoptar metodologías diferentes para medir a los ricos (US$ 1 millón o más) y súper ricos (a partir de los US$ 30 millones), lo que genera resultados diversos, los pronósticos son muy optimistas. Según Wealth Insight, solamente este año habrá 17.000 nuevos millonarios en el país, un alza de 8,9% en relación a los 194.300 brasileños ricos de finales de 2013 (Cronista.com, 27/03/2014).

La pobreza, las expectativas y el contrate son la chipa que esperaba una mecha. Esta llegó el 2013, cuando se incrementó en 20 centavos (un poco más de 50 pesos) el precio del transporte público en São Paulo (el Estado más populoso, con más de 40 millones de habitantes). Entre la congestión de helicópteros de los ricos y millones que caminan, no fue raro ver que hasta 1,2 millones de personas se tomaran en protesta la Avenida Paulista, su principal arteria, y las calles adyacentes.

El fútbol y las protestas

La expresión de la protesta se acentuó en torno a la Copa Confederaciones de fútbol (segunda quincena de junio de 2013) y desde entonces envuelve a la Copa del Mundo 2014, que parte el próximo 12 de junio en la capital paulista con el partido de la verde amarelo y Croacia. Una encuesta reciente efectuada por el instituto Datafolha revela que el 55% de los brasileños cree que el Mundial traerá consigo más perjuicios que beneficios. Sólo un 36% se muestra optimista.

Brasil es un país que adora al fútbol y a sus ídolos (Pele, Garrincha, Zico, Ronaldo, Ronaldinho Gaúcho, Neymar y cientos de otros), pero hoy empieza a analizar los costos y beneficios futuros de la Copa del Mundo. “Amamos el fútbol. ¿Cómo no vamos a querer que la Copa se celebre aquí? El problema es el dinero que se ha invertido. ¿Qué sentido tienen las 12 sedes? ¿Y la de Manaos? Después del torneo, allí no va a jugar nadie”, denuncia Eduardo, torcedor (hincha) del Santos de Pelé (El País, 20/04/2014). Y Eduardo tiene razón en preguntarse, ya que el evento costará la nada despreciable suma de unos 13.500 millones de dólares, el más caro en la historia de los mundiales. Sólo los gastos en las obras de construcción o renovación de los estadios mundialistas, ya superan los 3.690 millones de dólares (el costo inicial era de US 1.100 millones), inversión total que supera a las que efectuaron Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 juntas (El país, 20/04/2014). El malestar se acrecienta aún más cuando se empieza a socializar que el impacto económico para Brasil será limitado (informe de la agencia calificadora Moody’s, terra.cl, 31/03/2014) y que la que está ganando es la FIFA, al estimarse sus ingresos hasta ahora en más de US$ 1.300 millones.

Preocupados por estas críticas, el ministro de Deportes, Aldo Rebelo, declaró que “queremos que el mundial sea para toda la población brasileña” y anunció que éste tendrá entradas gratuitas para los indigentes brasileños y los sectores más pobres que reciben los planes sociales del gobierno (Diario Popular, 23/04/2014).

A pesar de que el Gobierno intente camuflarlo, el malestar es evidente. Problemas de infraestructura, locomoción, colapso de aeropuertos, precio de servicios (en 2013 tuvieron un 8,75% de alza), recursos para la educación y la salud, de seguridad (de los policías y de los delincuentes), entre otros, han seguido impulsando las movilizaciones. Eso sí, la afluencia de los participantes se ha reducido considerablemente por la violencia. Durante los actos en la Copa Confederaciones 2013, se infiltró entre los manifestantes el grupo anarquista Black Bloc e impuso una dinámica de violencia que alejó a las personas comunes de ellos.

La seguridad y sus efectos

La seguridad es uno de los puntos que más inquieta al gobierno brasileño y no sólo por las manifestaciones de protesta, sino que particularmente por la delincuencia (incluyendo las barras bravas). La ONG Rio de Paz ha resumido bien las trágicas estadísticas publicadas durante los últimos ocho años por el Instituto de Seguridad Pública de Río de Janeiro. Y los números son muy alarmantes: en el Estado de Río de Janeiro se registraron en ese periodo 35.879 homicidios dolosos, 285 lesiones corporales seguidas de muerte, 1.169 robos con resultado de muerte, 5.677 muertes derivadas de intervenciones policiales, 155 policías militares y civiles muertos en actos de servicio. Total: 43.165 fallecidos, lo que equivale a más de 500 muertes al mes provocadas por una violencia sin freno. Estos números no tienen en cuenta los más de 38.000 desaparecidos ni las más de 31.000 tentativas de homicidio (El País, 20/04/2014).

Por ello, el gobierno ha diseñado un complejo entramado que integra a las 12 ciudades que acogerán el Mundial y en el que participarán 180.000 agentes, un número récord. Se activará el 23 de mayo, 24/7, como se dice hoy, y permanecerá hasta el 18 de julio, cinco días después del término del mundial con un costo de US$ 360 millones.

Pero las intervenciones policiales y militares indiscriminadas en las favelas en busca de narcotraficantes y delincuentes llevan ya varios años y sus habitantes están cansados de ser “el jamón del sándwich”, a partir del desequilibrio sicológico que implica un estado de inseguridad permanente sumado al alto costo en vidas: desde 2007 han muertos más de 5.600 personas a manos de las fuerza de seguridad o de las balas perdidas en las favelas (El País, 20/04/2014). Esto, por ejemplo, ha llevado a grupos de vecinos de diferentes favelas a salir a la calle a cortar el tráfico, incendiar buses y autos, montar barricadas y apedrear a la policía. En las imágenes se aprecian a mujeres y hombres de edad avanzada, madres, jóvenes e incluso niños de la favela de Caramujo, del Complejo da Maré, Nova Brasilia o de Pavão- Pavãozinho, sin armas de fuego, manifestando su hartazgo. Simplemente no entienden cómo una ocupación militar o policial con fines pacificadores desde el primer momento cauce víctimas fatales o se transforme en una realidad permanente.

El último incidente se registró en el turístico barrio de Copacabana este martes 22 de abril por la noche, al producirse un fuerte enfrentamiento entre la Policía Militar de Río y los vecinos de la cercana favela Pavão-Pavãozinho que protestaban por la muerte del joven bailarín Douglas Rafael da Silva Pereira, quien apareció muerto en extrañas circunstancias con signos claros de tortura, según la madre. Aprovechando el caos generalizado que generó el enfrentamiento de los pobladores y la policía, elementos del narcotráfico local atacaron una base de la Unidad de Policía Pacificadora (UPP), situada en la parte más alta de la favela.

Pavão-Pavãozinho fue “pacificada” el 2009, lo que dio paso a un periodo de distensión que se vio roto por primera vez en septiembre de 2013, cuando células reminiscentes del denominado Comando Vermelho (CV) (mezcla de narcotráfico con ex guerrilleros) comenzaron a amedrentar a los agentes pacificadores hasta arrebatarles parte del territorio. Desde entonces, la principal favela de Copacabana vive una situación de tensión permanente. Pavão-Pavãozinho, sin embargo, no fue el único punto de conflicto en Río durante la jornada. En la favela Nova Brasilia, localizada en el Complexo do Alemão, en la zona norte de la ciudad, una base de la UPP local también fue atacada por narcotraficantes y un agente resultó herido de bala. A primera hora de la tarde, la favela Rocinha, enclavada entre los barrios más ricos de la ciudad, también vivió 20 minutos de pánico al registrar un intenso tiroteo en una de sus áreas más elevadas.

¿Elecciones, con segunda vuelta?

Las brasas siguen incandescentes y basta un poco de combustible en cualquiera de sus formas para que se produzca una nueva explosión social. Ahí están, por ejemplo, las protestas contra las restricciones de acceso de los pobres (los "rolezinhos" de Sao Paulo) a los centros comerciales brasileños en Río y Sao Paulo (eluniverso.com, 19/01/2014).

Juan Arias, en su artículo “la Copa Quebrada” (El País, 21/04/2014) relata muy bien el momento que vive Brasil, al decir que “el hecho de que los brasileños, sin renunciar a su pasión por el balón (que llevan impresa en su ADN, en su sangre y su cultura) ya no se sientan sólo hijos del fútbol y sueñen más alto, es más que ganar el Mundial (...). Es un cambio de paradigma que revela, más que muchos sondeos científicos, cómo ha cambiado este país”.

En este contexto, se da la contienda electoral presidencial. Luego de tres años de intenso trabajo en la presidencia y de diversos desafíos tanto económicos como sociales, Dilma Rousseff mostraba en diciembre de 2013 un apoyo de más de la mitad de los brasileños (56%), según una encuesta del Instituto Ibope (Infobae, 01/01/2014), ello a pesar de la protestas, por lo que podría ganar en primer vuelta. Más aún si los candidatos del Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) son el senador Aécio Neves o el actual gobernador de Pernambuco, Eduardo Campos, del Partido Socialista Brasileño (PSB), y permanece el apoyo de los programas sociales (40 millones de beneficiados) y los tiempos mayoritarios que le concede la franja televisiva determinada proporcionalmente al número de asientos que los 15 partidos tienen en el Congreso Nacional.

Sin embargo, la pesadilla de una segunda vuelta sigue persiguiendo a la Presidente Rousseff. En qué se fundamentan estos temores: en los tiempos faltantes, donde factores como las protestas o performances no óptimas en el Mundial (perderlo), pueden hacer pensar a indecisos más allá o cambiar a votos más blandos; la falta de un contendor más claro y la irrupción en las encuestas de Marina Silva, quien fue tercera en las elecciones del 2010 por el Partido Verde y hoy, de acuerdo a una encuesta publicada por el diario Folha, de Sao Paulo, obtendría un 27% de los votos obligando a una segunda vuelta. Como lo expresa el diario El País (del 15/04/2014), “Silva basa su popularidad en dos pilares: primero, su prestigio como ministra de Medio Ambiente en el Gobierno de Lula –del que dimitió en 2008 por su oposición a los planes del Ejecutivo de acelerar la explotación económica de la Amazonía–, y su afiliación protestante evangélica. El 22% de los brasileños se declaró evangélico en 2010”. Pero aún le queda a Silva definir apoyos y cargos.

Hoy, en el límite de lo verdadero y lo fantástico, Gabriel García Márquez quizás describiría a Brasil y su Mundial 2014 como un postre cuyo sabor va a depender del gusto que deje el plato principal: disfrutar de los frutos de una democracia más inclusiva.

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