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El Señor escucha al pobre que lo invoca

por 1 mayo 2014

El Señor escucha al pobre que lo invoca
El ingreso autónomo lo determina principalmente el salario, por ejemplo, en Corea del Sur –país que tanto elogiamos– los impuestos son bajos pero los salarios muy igualitarios, a diferencia de Irlanda –que también muchos la admiran– donde los impuestos son superiores para compensar las desigualdades en los ingresos autónomos. En Chile los salarios son bajos, muy desiguales, y los impuestos exiguos, inclusive hay cerca de 500 mil trabajadores cuyo salario no les permite salir de la pobreza, ellos no quieren ‘bonos eternos’ sino un sueldo digno y educación de calidad.

Esta lectura del día previo al 1 de mayo me golpeó fuertemente, soy católico y en la misa del 30 de abril fue el Salmo 33 que repetimos; me pregunté varias veces en esa media hora si Dios verdaderamente escucha al pobre que le pide ayuda, en particular en las discusiones contemporáneas de este Chile mayoritariamente católico y altamente desigual.

Por mi fe y por experiencia estoy convencido de que el Señor sí escucha y acompaña, sin embargo, no ocurre lo mismo con los que decimos tener fe y conformamos su iglesia, nos cuesta mucho ver, escuchar y acompañar –de manera auténtica– en particular al más excluido, olvidado, catalogado como amenaza, inculto o tildado de ‘lastre social’. ¿Qué sucedería si todos los que no vivimos en pobreza experimentáramos bruscamente la pobreza, cómo cambiaría nuestra visión de las personas y familias que viven a diario esa situación? Sin lugar a dudas nos transformaríamos, las miradas mutuas serían más dignas, las relaciones muchísimo más igualitarias, y llevaríamos un estilo de vida más recto y justo.

Al analizar la desigualdad en los ingresos autónomos en los países similares a Chile –muchos de la OCDE–, se comprueba con preocupación que aquellos predominante o históricamente católicos, como Irlanda, México, Chile, Grecia, Portugal, España y Francia, presentan niveles de desigualdad altos que superan el Gini de 0,5; más aún, el subcontinente más católico del mundo –Latinoamérica y el Caribe– es el más injusto en la distribución de sus ingresos autónomos, y aquellos países que tienen un porcentaje mayor de habitantes cristianos (Evangélicos y Católicos) son los más desiguales (por ejemplo, Guatemala, Honduras, República Dominicana… etc.). Una contradicción que nos avergüenza como cristianos.

Estamos cansados de dogmas en las teorías económicas, en la política y en la moral, queremos razones y que éstas movilicen voluntades, no fanatismos ni defensas irracionales, no ridiculización ni mayores estigmatizaciones. Chile se merece mucho más a largo plazo de lo que está recibiendo del 20% que vivimos en un mayor bienestar económico, con mayores oportunidades en empleo, salud y vivienda, y que controlamos el mundo político, religioso y económico, no podemos tolerar esta denigrante discusión pública que no hace más que humillar nuevamente a los ya humillados.

El ingreso autónomo lo determina principalmente el salario, por ejemplo, en Corea del Sur –país que tanto elogiamos– los impuestos son bajos pero los salarios muy igualitarios, a diferencia de Irlanda –que también muchos la admiran–, donde los impuestos son superiores para compensar las desigualdades en los ingresos autónomos. En Chile los salarios son bajos, muy desiguales, y los impuestos exiguos, inclusive hay cerca de 500 mil trabajadores cuyo salario no les permite salir de la pobreza, ellos no quieren ‘bonos eternos’ sino un sueldo digno y educación de calidad (Voces de los pobres).

Ningún país será cohesionado, seguro, desarrollado y feliz si no logra entregar a sus ciudadanos oportunidades de crecimiento igualitarias y eso cuesta, es difícil y requiere de un gran esfuerzo ciudadano que debe nacer de una auténtica voluntad de justicia y no sólo de un movimiento de generosidad; este último, aunque necesario, es insuficiente.

Estamos cansados de dogmas en las teorías económicas, en la política y en la moral, queremos razones y que éstas movilicen voluntades no fanatismos ni defensas irracionales, no ridiculización ni mayores estigmatizaciones. Chile se merece mucho más a largo plazo de lo que está recibiendo del 20% que vivimos en un mayor bienestar económico, con mayores oportunidades en empleo, salud y vivienda, y que controlamos el mundo político, religioso y económico, no podemos tolerar esta denigrante discusión pública que no hace más que humillar nuevamente a los ya humillados. Escuchemos a los pobres y excluidos.

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