Miércoles, 28 de septiembre de 2016Actualizado a las 10:31

Opinión

Autor Imagen

Brecht y la libertad de prensa

por 3 mayo 2014

El camino hacia la democratización de las comunicaciones exige convicción y pasión, a la vez que encierra altos potenciales de frustración. Los intereses y poderes que se confrontan, en alianzas a veces evidentes, otras insospechadas, suelen dar la sensación de que cada lucha en pos de escenarios comunicacionales más diversos, coloridos y pluralistas tiene el impacto de una gota en el océano.

Por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, partiendo de la premisa de que una prensa libre, pluralista e independiente es un componente esencial de toda sociedad democrática.  En este contexto la organización internacional Reporteros sin Fronteras premia por primera vez a  “100 héroes de la información” provenientes de 65 países de todo el mundo. Entre ellos se  destaca  la chilena María Pía Matta, Presidenta de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias quien cuenta con una amplia trayectoria en promoción y defensa de la libertad de expresión en Chile, América Latina y el mundo.

Aquí terminaría la noticia que, como tantas otras efemérides y premiaciones, puede no pasar de mero recuadro en algún medio, o puede también mejorar su destino y devenir  en buena excusa para preguntar: y por casa ¿cómo andamos? Por empezar ¿qué se entiende en Chile por libertad de prensa?

Probablemente su dimensión más evidente sea la que se vincula con la posibilidad de informar sin temor a sufrir  violencia o represalias por ello. En Chile la violencia física contra periodistas es poco frecuente en estos tiempos y  no suele revestir las formas trágicas que asume en otros países –sin que por ello deba darse por enteramente superada-. Sin embargo, diversas formas de censura o de represalias contra quienes osen salir del mainstream están a la orden del día, operando mediante mecanismos más sutiles, pero en ciertos casos no menos ultrajantes que la violencia física.

El camino hacia la democratización de las comunicaciones exige convicción y pasión, a la vez que encierra altos potenciales de frustración. Los intereses y poderes que se confrontan, en alianzas a veces evidentes, otras insospechadas, suelen dar la sensación de que cada lucha en pos de escenarios comunicacionales más diversos, coloridos y pluralistas tiene el impacto de una gota en el océano.

La libertad de prensa se inscribe en el derecho a la libertad de opinión y expresión, que por cierto, va más allá del libre ejercicio del periodismo.  Oteando la dimensión más amplia del concepto,  salta a la vista que  los más diversos sectores hacen suya las banderas de la libertad de prensa y de la libertad de expresión con muy diferentes interpretaciones y objetivos que urge revisar, ya que a partir de estos contrastes derivan perspectivas muy diferentes respecto de las políticas que se consideran necesarias para garantizarlas.  Particularmente en Chile no hay que dar por supuesto un común entendimiento del  concepto de “libertad de expresión”, dada  la distorsión que ha sufrido en los últimos años como resabio del tsunami neoliberal que azotó a nuestra región en décadas pasadas. Así, con demasiada frecuencia se ha abusado del término, entendiendo la libertad de expresión como libertad de empresa e interpretando toda intervención del Estado como un ataque contra la libertad de expresión. Desde esta perspectiva suele olvidarse que la libertad de expresión también está ligada al acceso a la producción y difusión de información.

Cierto es que Chile cambió y parece cada vez más difícil que esta ciudadanía acepte que “libertad de expresión” significa que algunos pocos gocen de la libertad de decir lo que quieren algunos poquísimos.  Sin embargo, la libertad de expresión como dimensión constitutiva del derecho a la comunicación se  inserta en un paradigma que no tiene cabida en la actual Constitución, en donde se privilegian la libertad económica y la protección de la propiedad privada por sobre principios vinculados con la igualdad.

Desde esta perspectiva resulta por demás saludable que la propuesta programática del actual gobierno destaque la necesidad de una Nueva Constitución para Chile, a la vez que también destaca la necesidad de promover mejores niveles de pluralismo y diversidad en los medios de comunicación.  Sin embargo, para dar pasos sustantivos en este sentido se requerirán cuotas inusitadas de voluntad política y firmeza, ya que para nadie es un secreto que la los propietarios de los más importantes medios en el país, sus líneas editoriales  y los intereses de las grandes empresas componen especialísimas familias signadas por el incesto.

Así las cosas, aventurarse en la democratización del paisaje massmediático chileno implica confrontar poderosos intereses corporativos, y si alguna duda cabe al respecto, basta un botón de muestra.  O tal vez, dos. El primero de ellos saltó a la vista cuando, el presidente Piñera aplicó un veto presidencial a la Ley de TV Digital recién aprobada. La herramienta borraba acuerdos amplios que se habían tomado tras cinco años de discusión parlamentaria y que, en general, implicaban avances en términos de diversidad y pluralismo. Finalmente el Tribunal Constitucional no acogió el requerimiento de senadores de derecha de reprobar constitucionalmente el acuerdo alcanzado en la Cámara frente al veto, pero la experiencia resultó muy elocuente en términos de despejar toda duda sobre qué intereses pesaron más en la balanza del anterior gobierno y se expresaron sin pudor en la intervención directa de su más alta figura. Business is business.

Un segundo botón saltó días atrás, cuando el nuevo presidente de Televisión Nacional señaló que el canal público “debe contribuir a poner a disposición de los chilenos el debate en torno a reformas que el gobierno está impulsando, como la tributaria y la educacional”.  Lejos de plantear una revolución, Ricardo Solari se refiere a una función elemental de un canal público, como lo es dar espacio televisivo al debate sobre  los temas más relevantes de la agenda política nacional. El diario La  Tercera interpretó que el presidente de TVN  “dijo que se debe garantizar cobertura de reformas del gobierno”. Completando la metamorfosis de lo expresado por Solari, figuras de la Alianza anunciaron casi que las siete plagas de Egipto se cernirán sobre Chile si TVN se atreve a dedicarse a algunas de sus más obvias tareas.

Estos dos pequeños ejemplos pretenden ilustrar que el camino hacia la democratización de las comunicaciones exige convicción y  pasión, a la vez que encierra altos potenciales de frustración. Los intereses y poderes que se confrontan, en alianzas a veces evidentes, otras insospechadas, suelen dar la sensación de que cada lucha en pos de escenarios comunicacionales más diversos, coloridos y pluralistas tiene el impacto de una gota en el océano. En este contexto, las claves están en una ciudadanía consiente de sus derechos y el impulso que puedan dar actores políticos y sociales con grandes cuotas de coraje y creatividad.  Éste es  el caso de la periodista chilena galardonada por Reporteros sin Fronteras, María Pía Matta, una luchadora que se cuenta entre quienes  Brecht  llamaría “los imprescindibles”.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes