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La Coalición (por el Cambio) que nunca fue

por 6 mayo 2014

Nadie sabe con exactitud cuándo se puso término a la Coalición. Para algunos se acabó cuando las fuerzas políticas que la conformaban no fueron consideradas de manera adecuada en el Gobierno de Sebastián Piñera. Otros dirán que el excesivo protagonismo del ex Presidente impedía llevar adelante un auténtico gobierno de coalición.

Un día como hoy, hace cinco años, se fundaba la Coalición por el Cambio, un conglomerado compuesto por Renovación Nacional, la UDI, ChilePrimero, Independientes en Red, CorpAraucanía y los movimientos Norte Grande y Humanista Cristiano. La puesta en escena de ese miércoles 6 de mayo de 2009 fue contundente: se presentaba un nuevo colectivo que por fin ampliaba las fronteras de la entonces oposición. Los más optimistas aseguraban que por fin la derecha lograba aglutinarse exitosamente al mejor estilo Concertación. Incluso, Fernando Flores, el único orador de la jornada, pedía que este proyecto no se quedara "sólo en la campaña de ganar una elección, sino que sea una nueva forma de hacer política, de puertas abiertas, y que la Coalición por el Cambio encarne el ánimo de unidad nacional, de preocuparse de las nuevas generaciones y que dejemos de hacer de la política una división sacra entre buenos y malos, de izquierdas y de derechas".

Nadie sabe con exactitud cuándo se puso término a la Coalición. Para algunos se acabó cuando las fuerzas políticas que la conformaban no fueron consideradas de manera adecuada en el Gobierno de Sebastián Piñera. Otros dirán que el excesivo protagonismo del ex Presidente impedía llevar adelante un auténtico gobierno de coalición. Y no faltará quien diga, apoyado por la fuerza de los hechos y de su desenlace, que la Coalición por el Cambio en realidad nunca existió. Teorías más y teorías menos, lo cierto es que, de ese viejo anhelo nacido hace apenas 5 años, hoy no quedan más que insertos de prensa. ¿Por qué no tuvo éxito la Coalición por el Cambio llegado el momento de gobernar? ¿Cuáles eran los requerimientos que un proyecto de tal envergadura necesitaba cumplir y no cumplió? ¿Qué posibilidades existen de repetirse una agrupación así en el futuro?

En primer lugar, un proyecto político de transición, como lo era el paso de una acotada Alianza compuesta por dos partidos, a una amplia Coalición de siete organizaciones, necesitaba líderes políticos dispuestos a conducir esa transformación. Hombres y mujeres comprometidos con representar la convergencia de una nueva mayoría de chilenos, en el marco de un gobierno de unidad nacional, progreso y participación para todos. ¿Dónde estuvieron? Probablemente muy disminuidos o temerosos, puesto que muchos dirigentes seguían teniendo como punto de referencia únicamente los partidos tradicionales, relevando a un segundo lugar esta agrupación.

Nadie sabe con exactitud cuándo se puso término a la Coalición. Para algunos se acabó cuando las fuerzas políticas que la conformaban no fueron consideradas de manera adecuada en el Gobierno de Sebastián Piñera. Otros dirán que el excesivo protagonismo del ex Presidente impedía llevar adelante un auténtico gobierno de coalición.

Además, una coalición política por definición es una congregación de personas reunidas bajo ideales comunes. ¿Cuáles eran ellos? Con seguridad los meramente electorales son insuficientes. Los estadísticos también. ¿Era entonces posible aunar, de la noche a la mañana, criterios políticos comunes entre un ex ministro de Allende que fue detenido en Isla Dawson, y varios parlamentarios que participaron activamente del gobierno de Pinochet, sin que existiera previamente una reflexión histórica profunda y sincera?

Por otro lado, una nueva opción política exige tener nuevas posturas y nuevos acuerdos, sustantivos y prácticos. Y esto tampoco sucedió. Ante la falta de un diagnóstico común e ideas compartidas, las divergencias irreconciliables ante ciertas posturas, unidas a la subestimación de los grupos pequeños (que justamente coincidían con ser los más cercanos al centro político), sepultaron la idea de la Coalición por el Cambio.

Todo indica que el gran error de este frustrado proyecto fue haberse concebido simplemente como una mera plataforma que le diera sustento a una candidatura presidencial. Lamentablemente para sus creadores, la lógica electoral nunca puede estar por sobre un proyecto de país. Un buen servidor público, por sobre todas las cosas, debe reencontrarse con la verdadera naturaleza de la política, en que el bien común es siempre superior a la disputa electoral. Churchill decía que "el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones". Hoy podemos decir con propiedad que la Coalición por el Cambio fue todo lo contrario. Su fracaso, entonces, no fue más que la crónica de una muerte anunciada.

Institucionalizar una nueva Coalición va mucho más allá de elegir un buen nombre para sonar o parecer renovados. No tiene mayor relevancia llamarse Alianza por Chile, Coalición por el Cambio o Nueva Derecha. Lo verdaderamente importante es que la institucionalización de una nueva fuerza política sea tan amplia como sincera, en donde nadie se sienta jubilado por el hecho de ceder en ciertas ideas, donde se promueva la integración de nuevos movimientos políticos (especialmente aquellos de centro que ya no serán fácilmente cooptables) y donde se integre a la sociedad civil con la mayor cantidad de organizaciones defensoras de los ideales universales de la actividad política: la vida, la democracia, la justicia y la libertad. En definitiva, un lugar de encuentro donde se erradiquen las utopías maximalistas, donde se recupere el valor del bien común como fundamento de la acción política y donde exista un espacio que le ofrezca a la ciudadanía una política más noble, más consecuente, más justa y más solidaria.

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