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La Derecha y el odio a los impuestos

por 8 mayo 2014

Si es la derecha la que odia a los impuestos, ¿quiénes eran esos campesinos del 1358 francés? ¿A qué derecha pertenecían los chilenos que, en 1905, murieron por protestar contra el aumento al impuesto de la carne? ¿Dónde estaba, en ese momento, la derecha de Arriagada?

El martes 15 de abril, El Mercurio publicó una columna de Genaro Arriagada. En ella, su dedo inquisidor apuntó hacia el horizonte, diciendo: "Un rasgo atraviesa a la derecha en todos los países y todas las épocas: es el odio a los impuestos". En su pasión acusatoria, el autor se embriagó de presentismo, determinando no sólo espacial, sino también históricamente, una posición a todas luces falsa.

Ya en el siglo XIV, el Rey Juan II de Francia y la nobleza, aumentaron los impuestos para financiar la Guerra de los Cien Años. No existían ahí derechas e izquierdas, pero el campesinado se levantó de todos modos, para rebelarse frente a los cobros excesivos que hacían flaquear sus exiguas ganancias. De más está decir que la nobleza fue implacable en la represión de la Jacquerie, nombre con el que hoy designamos a ese levantamiento.

Si es la derecha la que odia a los impuestos, ¿quiénes eran esos campesinos del 1358 francés? ¿A qué derecha pertenecían los chilenos que, en 1905, murieron por protestar contra el aumento al impuesto de la carne? ¿Dónde estaba, en ese momento, la derecha de Arriagada?

En los albores del siglo XVI, el Estado moderno comenzó a expresarse. No fue una aparición repentina, sino más bien un proceso lento y pausado. Las guerras, que en ese tiempo eran el vehículo de la grandeza de los pueblos, requerían ser financiadas. Para conseguirlo, los reyes se aliaron con la banca, al mismo tiempo que utilizaban el desarrollo de su monopolio militar para cobrar impuestos a sus súbditos. El sistema floreció y las grandes recaudaciones requirieron ser administradas, para lo que los nuevos Estados constituyeron nuevas instituciones que extraían los recursos. A medida que la fuerza se convertía en el aparataje estatal por excelencia, menos se hicieron sentir las resistencias de los pueblos. Esto, hasta la Revolución Norteamericana, fruto de un alza injustificada del impuesto al té.

Lo que hemos visto después, es un proceso de legitimación discursiva de los impuestos. Efectivamente, hoy se intenta asegurar derechos por la obtención de recursos vía tributos, pero ello no implica que en su fondo hayan dejado de ser lo mismo. La relegitimación de la idea del tributo ha implicado la concientización respecto de sus nuevas finalidades, pero en ningún caso ha significado una transformación en el mecanismo que lo sustenta. Así, lo que Genaro Arriagada busca es crear una realidad aparente, para justificar todo su entramado argumentativo de forma monolítica. Entonces, si es la derecha la que odia a los impuestos, ¿quiénes eran esos campesinos del 1358 francés? ¿A qué derecha pertenecían los chilenos que, en 1905, murieron por protestar contra el aumento al impuesto de la carne? ¿Dónde estaba, en ese momento, la derecha de Arriagada?

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