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Valparaíso y el dragón forestal

por 18 mayo 2014

Cómo evitar la formación y crecimiento del dragón de los cerros?, pues simple de decirlo y no tan fácil de hacerlo. No debiera haber plantaciones de eucaliptus en las cercanías de las zonas urbanas. Y, por supuesto, las quebradas urbanas debieran estar a su vez limpias de carga combustible. Como los suelos en Chile a partir de la dictadura militar, se usan según su mejor rentabilidad; si soy dueño, privado, de un predio puedo hacer todo lo que quiera allí, salvo escasas normas y aún más escasas leyes, que nadie obliga ni supervisa, la tragedia estaba desde ya asentada hace años por la famosa economía de mercado. Sin planificación urbana y con especulación inmobiliaria en el plano deshabitado, la gente conquistó como pudo los cerros. Por estos lados se necesita un cambio constitucional verdaderamente profundo.

Valparaíso es ciudad de mitos e historias. Si Gabriel García Márquez, grande entre las grandes plumas, hubiese nacido por acá, Macondo sería otro, pero sería igualmente surtido de realismo mágico. Ahora hemos cumplido con el triste record de haber sufrido el incendio urbano mas grande de la historia. Cual moderna Hiroshima, la explosión de fuego dejó solo las marcas de cenizas en el piso donde hubo una casa de madera y los esqueletos negrecidos de esas casas de ladrillos u hormigón que quedaron igual vacías de todo su interior.

Las oleadas de fuego venían por el aire, eran capaces de saltar cerros y quebradas, respetaron, curiosamente, algunas casas de madera, pero hicieron reventar a cientos de casas alrededor. Para que una casa literalmente reviente, solo se necesita calor intenso, incluso con las llamas aun lejanas. Los colchones de espuma, los rellenos de los sillones, las cortinas plásticas pirolizan, hacen pirólisis, o sea emiten gas combustible a temperaturas medianas, menos de 200 grados. Del mismo modo, la manguera plástica que une al calefón o la cocina a gas se derrite también con temperaturas medianas, así rápidamente, la casa se llena de gas combustible y cuando llega de verdad una chispa, explota en llamas desde adentro. Pocas casas se salvaron de esto, mucha gente vio explotar la suya, viendo el incendio en segundos, rogando hasta el límite, que porque era sólida se iba a salvar. Estas historias se repiten por cientos en las quebradas devastadas de Valparaíso.

¿Y de dónde venían esas oleadas de fuego? Oleadas que pasaban sobre los muros, cruzaban quebradas, bajaban sobre las calles y parecían, según los propios cuentos locales, una lluvia de meteoritos, que caían sobre las casas ya calientes haciéndolas explotar. Fue todo tan rápido que era difícil escapar, hubo quemados y muertos. El dragón, alentado por los vientos, no dejó tiempo para nada. Una lluvia de palitos quemados golpeaba a quienes en los techos mojaban desesperados buscando lo imposible.

Cómo evitar la formación y crecimiento del dragón de los cerros?, pues simple de decirlo y no tan fácil de hacerlo. No debiera haber plantaciones de eucaliptus en las cercanías de las zonas urbanas. Y, por supuesto, las quebradas urbanas debieran estar a su vez limpias de carga combustible. Como los suelos en Chile a partir de la dictadura militar, se usan según su mejor rentabilidad; si soy dueño, privado, de un predio puedo hacer todo lo que quiera allí, salvo escasas normas y aún más escasas leyes, que nadie obliga ni supervisa, la tragedia estaba desde ya asentada hace años por la famosa economía de mercado. Sin planificación urbana y con especulación inmobiliaria en el plano deshabitado, la gente conquistó como pudo los cerros. Por estos lados se necesita un cambio constitucional verdaderamente profundo.

El dragón duerme en las espaldas de Valparaíso y estira algunas de sus garras por las quebradas que bajan hacia el mar. El dragón está conformado por bosques de especies foráneas, plantadas por allí para lucro de algunos privados. El eucaliptus australiano es un árbol de fuego, acostumbra a botar hojas duras y ramitas a lo que se conoce como la hojarasca del bosque, que en un predio mal cuidado acumula a veces hasta un metro de desecho forestal liviano, volátil y combustible; además el eucaliptus piroliza sus hojas y prende una gigantesca antorcha de copa, que piroliza el resto de las copas. Con el viento y la pendiente, el fuego avanza rápido, pero ojo, el eucaliptus no se quema, en la temporada siguiente brota de nuevo con mayor fuerza.

El viento aumenta por el propio incendio, el aire caliente sube fuerte y entra aire fresco por la base del incendio. Este viento, impulsado por el efecto chimenea de las pendientes arrastra encendidas las miles de toneladas de desechos en el piso del bosque y tenemos entonces el dragón de los cerros. Un aliento estremecedor, que no hay cortafuegos ni carreteras que lo paren, puede saltar cientos de metros, caminos, cumbres y casas.

Independiente de si fue un fósforo intencional, unos extraños pájaros electro-conductores o cualquier chispa, lo que inició el incendio forestal primigenio, que luego destruyó tres mil casas en nueve cerros porteños, el aliento de dragón partió allí y de esa manera imparable.

Y seguirá el dragón partiendo allí, por la condición geográfica de Valparaíso, según el viento, saltará de quebrada en quebrada, subirá o bajará por las quebradas llenas de matorrales, pastizales y basuras o se devolverá y se apagará.

El fundo el Pajonal, pletórico de eucaliptus, fue uno de los pies del dragón, una histórica masa de carga combustible, que llega a la vista, a pocas cuadras encima del Congreso de la República.

¿Cómo evitar la formación y crecimiento del dragón de los cerros?, pues simple de decirlo y no tan fácil de hacerlo. No debiera haber plantaciones de eucaliptus en las cercanías de las zonas urbanas. Y, por supuesto, las quebradas urbanas debieran estar a su vez limpias de carga combustible. Como los suelos en Chile a partir de la dictadura militar, se usan según su mejor rentabilidad; si soy dueño, privado, de un predio puedo hacer todo lo que quiera allí, salvo escasas normas y aún más escasas leyes, que nadie obliga ni supervisa, la tragedia estaba desde ya asentada hace años por la famosa economía de mercado. Sin planificación urbana y con especulación inmobiliaria en el plano deshabitado, la gente conquistó como pudo los cerros. Por estos lados se necesita un cambio constitucional verdaderamente profundo.

Por otra parte, las espaldas de Valparaíso tienen un viejísimo destino ecológico, Por allí pasaba un corredor biológico que unía los cerros de la cordillera de la costa con el mar, un bosque esclerófilo chileno, con especies nativas nacionales y una flora y fauna que aún es mundialmente importante. En 2009 se logró con CONAF la nominación internacional de “Reserva de la Biósfera” para la unión de territorio del Parque Nacional La Campana, la Reserva Nacional Peñuelas y que llega hasta el mar en el Santuario de la Naturaleza Federico Santa María.

Para completar la Reserva de la Biósfera, una nominación de UNESCO, faltaría que las espaldas de Valparaíso fueran declaradas Parque Nacional en el sistema de SNASPE, Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Estado. Precisamente detrás de Valparaíso hay una extensa franja de bosque esclerófilo costero, que merece la nominación, eso habilita por ley el financiamiento y los sistemas de apoyo necesarios. Una cuestión al final netamente política.

De este modo, en el Valparaíso futuro, habría en la espaldas de la ciudad, un contenedor verde de la expansión urbana, con bosque nativo cuidado, legalmente protegido, e instalaciones para el uso recreativo y educativo comunitario. Valparaíso casi no tiene áreas verdes consolidadas. Esto sería un enorme paso para la ciudad y –además- sepultaría para siempre el renacimiento del dragón.

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