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Yo tampoco quiero que me peguen más

por 18 mayo 2014

Volviendo a las marchas, ¿alguien sabe lo que ocurre con los detenidos, primero en los vehículos policiales, luego en las comisarías? ¿Hay allí distinción entre encapuchados y gente pacífica? ¿Se los golpea a unos y a otros no? Por lo general, a todos los meten en el mismo saco, y pagan justos por pecadores.

Conmoción ha causado el video donde varios transeúntes golpean a un carabinero –el teniente Felipe Vidal de Fuerzas Especiales, quien pide que ya no le peguen más- en una marcha del 1 de Mayo en la Plaza Brasil. La misma conmoción que los innumerables videos donde gente común –a veces encapuchados, otras veces personas pacíficas con el rostro descubierto- es golpeada por carabineros de esas mismas Fuerzas Especiales, dirigidas por oficiales como Vidal.

Yo tampoco quiero que me sigan pegando los carabineros en las marchas, de la misma forma que tampoco quiero que los grupos económicos se sigan robando mi jubilación, o que el Estado se quede con mis impuestos porque no pagué el crédito fiscal por ejercer un derecho como es la educación.

Abomino la violencia, ya sea de policías, encapuchados o barras bravas. Por desgracia, en el caso de Carabineros, la institución policial acumula una lista demasiada larga de crímenes y abusos como para quejarse por la violencia que enfrenta en las manifestaciones, crímenes y abusos de los cuales muchos veces además salió impune, como demuestra el reciente fallo que deja sin cárcel al sargento Miguel Mallecura, que mató a un niño, Manuel Gutiérrez, el 26 de agosto de 2011, en Macul.

Volviendo a las marchas, ¿alguien sabe lo que ocurre con los detenidos, primero en los vehículos policiales, luego en las comisarías? ¿Hay allí distinción entre encapuchados y gente pacífica? ¿Se los golpea a unos y a otros no? Por lo general, a todos los meten en el mismo saco, y pagan justos por pecadores.

Fueron carabineros quienes mataron gente indefensa tras el golpe militar, como el sacerdote Gerardo Poblete, en Iquique en 1973, golpeado hasta la muerte, por no hablar de los degollamientos de Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada en Santiago en 1985. Han sido carabineros quienes en democracia han matado a mapuches por doquier, como el cabo Walter Ramírez, que mató por la espalda al joven Matías Catrileo, en Vilcún en 2008.

Muertes ocurridas con las armas que nosotros les pagamos.

Como las Fuerzas Armadas además son un Estado dentro del Estado y gozan de privilegios, Carabineros posee su propia salud, su propio sistema de pensiones, y también su propia justicia. Si un civil mata a un carabinero, le caen las penas del infierno. Si un carabinero en cambio mata a un civil, lo juzga la justicia militar, y jamás será encarcelado, o si eso sucede, tampoco será en una prisión común (véase Punta Peuco). ¡Pero si hay carabineros que, aún siendo condenados, siguieron en servicio, como ocurrió con el cabo Ramírez! Una burla a los familiares de las víctimas. Eso también es violencia, y genera violencia.

Volviendo a las marchas, ¿alguien sabe lo que ocurre con los detenidos, primero en los vehículos policiales, luego en las comisarías? ¿Hay allí distinción entre encapuchados y gente pacífica? ¿Se los golpea a unos y a otros no? Por lo general, a todos los meten en el mismo saco, y pagan justos por pecadores.

Nunca he visto a ninguna autoridad concurrir a los centros policiales para ver el estado en que está gente que muchas veces votó por ellos. Un detenido allí está librado a su suerte, y dependiendo el jefe de turno le respetarán sus derechos.

El teniente golpeado en la Plaza Brasil fue visitado en el hospital por las autoridades. Jamás vi a ninguna autoridad visitar en los hospitales a las personas que han sido golpeadas por la policía.

Pocos días después del incidente del 1 de Mayo, altas autoridades de Carabineros publicaron una nota en un diario justificando el uso del arma de servicio por los carabineros en caso de ser atacados, alabando el autocontrol del teniente por no haberlo hecho. Es decir, tenemos que dar poco menos que las gracias porque la policía, que está armada, muchas veces oculta su rostro y su placa de servicio, no nos dispara.

Hay que decir que el actuar de la policía es responsabilidad de nuestras autoridades. Ellos, nuestros representantes, a los que elegimos en votaciones democráticas, son los que deciden reprimirnos. En otros países, manifestarse es un derecho, pero en mi país no puedo ir a una manifestación con mi familia por temor a la violencia, una violencia que se ha normalizado. Nos hemos acostumbrado al gas lacrimógeno como al olor de los jazmines.

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