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Educación financiera deficitaria o la apropiación del valor del trabajo

por 21 mayo 2014

Educación financiera deficitaria o la apropiación del valor del trabajo
Al crecer la productividad, pero no crecer los salarios al mismo nivel, la brecha que se produce entre ambos disminuye el poder de compra de los trabajadores. Esta disminución es inversamente proporcional al crecimiento de la disposición de artículos (dada la mayor productividad) y la expansión del crédito. En otras palabras, existen menores salarios, más necesidades socialmente constituidas (el acceso al LCD, si bien no es de primera necesidad, es parte de la canasta media de la sociedad nacional en este minuto) y, por ende, mayor utilización del crédito para solventar los bajos salarios.

En Chile existen 3,8 millones de personas morosas en los registros de DICOM. De estos, 800 mil han pasado a formar parte de la lista sólo en el último año y 1,8 millones de deudores han ingresado durante los últimos dos. Estos son los datos que aporta un estudio de la Universidad San Sebastián, aplicado en función de evaluar la Ley 20.575 que entró en vigencia en febrero de 2012 y que borró el registro de la deuda de personas con montos inferiores a $2,5 millones.

Las conclusiones del estudio advierten que, desde el denominado “borronazo”, el número de morosos ha aumentado, pero no así el monto promedio de la deuda. El informe destaca que este aumento ocurre a pesar de que la desocupación ha disminuido durante el mismo período y denomina a este efecto como “paradojal”. Si existe un menor número de desocupados, mayores ingresos para el hogar y, por lo tanto, mayor capacidad de pago de deuda, lo que implicaría una disminución de personas morosas, ¿por qué la evidencia muestra todo lo contrario?

El estudio intenta explicar esta paradoja, argumentando que existe un incentivo al menor cumplimiento, lo que provocó que un grupo de personas bajara sus estándares de pago. Ante esta situación, Hugo Lavados, decano de la Facultad de Negocios de la Universidad San Sebastián y ex ministro de Economía de Michelle Bachelet, planteó que existe una falta de educación financiera, ya que "no entienden los conceptos básicos de los créditos, entonces significa que no pueden tomar buenas decisiones".

Es decir, el problema del aumento sostenido del endeudamiento de los hogares se explicaría por una mala elección de consumo, producto de un déficit en la comprensión del sistema de crédito y el uso del mismo, tomando decisiones irracionales. Por lo tanto, el drama de vivir endeudado y que afecta a millones de personas, se reduce a una simple mala decisión individual. O bien se explicaría, como se ha sostenido, por la existencia de una asimetría de información, cuyos culpables son las casas comerciales al poner “letras chicas” con cláusulas abusivas, como ocurrió con el caso La Polar.

Para el caso del llamado retail financiero, que opera fundamentalmente en el mercado interno y tiene como clientes preferentes precisamente a los hogares trabajadores, es posible realizar una hipótesis sugerente: el problema de la educación financiera de los hogares oculta un proceso sistémico de apropiación de la renta del trabajo para la acumulación financiera.

Así es como la educación financiera aparece como lo más plausible para enfrentar el problema del endeudamiento y la morosidad. De esta potencial solución se desprende que son los hogares los “culpables” de su propia deuda. Porque nadie los obliga a endeudarse por sobre sus capacidades y se asume que la deuda es una herramienta útil para el acceso a bienes durables de alto costo, en la medida que el deudor sea capaz de organizar sus finanzas. Por lo tanto, el mal uso del crédito, sólo obedece a una educación financiera deficitaria.

Pero este argumento tiene dos flancos débiles. Por un lado, supone que la deuda es en relación a un sobreconsumo, es decir, se accede a bienes que el hogar no está en condiciones de sostener y que no son de primera necesidad. Sin embargo, desde 1996, con la aparición de la Tarjeta Presto, ya es posible endeudarse para adquirir artículos básicos, como los alimentos. Según el informe "Society at a Glance 2014" de la OCDE, el 27,8% de las personas en Chile reporta que los ingresos no le alcanzan para comprar alimentos, mientras que en los países de la Unión Europea sólo el 9,2% reportó esta carencia en plena crisis económica.

Pero el crédito no sólo está suscrito a la alimentación, esta misma tarjeta también sirve para pagar prestaciones de Salud en las ISAPRES (las que en los últimos 10 años han registrado una ganancia por más de $500 mil millones) y para costear gastos de Educación. Según la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (SBIF), los créditos para financiar estudios en educación superior han crecido a un 19% anual, superando el 12% de los préstamos de créditos de consumo o hipotecarios. De esta forma, casi la mitad de los estudiantes en Educación Superior está con algún tipo de créditos, de los cuales el 72% corresponde al Crédito con Aval del Estado. Ante esto, ¿será tan plausible el sobreconsumo como explicación del sobreendeudamiento?

El otro flanco débil es la tendencia internacional al endeudamiento de los hogares. El "Informe Mundial de Salarios 2013" de la OIT muestra que “desde el decenio de 1980, la mayoría de los países han experimentado una tendencia a la baja de la participación de los ingresos del trabajo, lo que significa que se ha destinado una proporción menor de la renta anual a la remuneración de la mano de obra y una proporción mayor a las rentas provenientes del capital”.

Este escenario se complejiza en el caso chileno si agregamos la inyección de capital y liquidez que entregan las AFP, con dinero de todos los trabajadores, a Bancos (donde US$ 29.447 millones son invertidos en 10 bancos asociados a los grupos económicos más poderosos) y al Retail (donde tienen el 17,2% de las acciones de CENCOSUD, el 14,4% de Ripley y el 4,1% de Falabella, invirtiendo en total US$ 3.412 millones en las familias Paulmann, Calderón y Solari). También se complejiza si agregamos una legislación laboral pro empresario, que restringe la fuerza de negociación de los sindicatos y destruye la posibilidad de formar salarios vía distribución en la producción, y una estructura tributaria regresiva con énfasis en los impuestos indirectos (principalmente IVA).

Esta serie de factores, influye directamente en el endeudamiento, generando: a) mayor liquidez para el ofrecimiento de créditos; b) segmentación de las instituciones oferentes de crédito, donde los hogares de más bajos ingresos tienen acceso a los créditos más caros del mercado (avances en efectivo, créditos de casas comerciales, etc.); c) bajo valor del trabajo y, por último, d) endeudamiento como sustituto de los bajos salarios.

Al crecer la productividad, pero no crecer los salarios al mismo nivel, la brecha que se produce entre ambos disminuye el poder de compra de los trabajadores. Esta disminución es inversamente proporcional al crecimiento de la disposición de artículos (dada la mayor productividad) y la expansión del crédito. En otras palabras, existen menores salarios, más necesidades socialmente constituidas (el acceso al LCD, si bien no es de primera necesidad, es parte de la canasta media de la sociedad nacional en este minuto) y, por ende, mayor utilización del crédito para solventar los bajos salarios.

A su vez, la evidencia internacional apunta a que este modelo de salarios que crecen por debajo de la productividad y el aumento de la deuda de los hogares, ha traído aparejadas grandes fortunas asociadas a este modelo productivo. En el caso de Chile es evidente: la familia más rica del país, los Luksic, de la que forma parte Iris Fontbona, tiene una fortuna –según Forbes– de US$ 14.2 billones ($7.952.000.000.000), fuertemente impulsada por el Banco de Chile, que lideró las ganancias de la industria bancaria el 2013 con US$ 885 millones. La segunda familia más rica, encabezada por Horst Paulmann, con una fortuna de US $5.9 billones ($3.304.000.000.000), y la tercera familia, vinculada a los Solari Falabella, con una fortuna (en conjunto) de US $ 2.9 billones ($1.624.000.000.000). Esta última, además, tiene las tarjetas de crédito no bancarias más usadas, con 6,3 millones del total de 15 millones que existen en la actualidad, según la SBIF. El monto total de las operaciones relacionadas con tarjetas de crédito de Falabella durante el 2013 llegó a $ 239.901 millones.

Se observa aquí una acumulación de capital perpetrada por grupos económicos que están asociados al mercado del crédito. Para el caso del llamado retail financiero, que opera fundamentalmente en el mercado interno y tiene como clientes preferentes precisamente a los hogares trabajadores, es posible realizar una hipótesis sugerente: el problema de la educación financiera de los hogares oculta un proceso sistémico de apropiación de la renta del trabajo para la acumulación financiera.

No es sólo el circuito “consumidor”-“vendedor” el que está involucrado en la deuda, sino que también las instituciones laborales y la matriz productiva del país, las que operan de forma simultánea para el paraíso acumulador que es Chile. ¿Se trata realmente de una mala educación financiera o de acumulación por desposesión?

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