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Lo que los padres quieren para su hijo: un amigo rubio y de ojitos claros

por 22 mayo 2014

La educación de los niños será gratis en poco tiempo más, pero no buena. Y aunque esa oferta tenga dividendos políticos indiscutibles, es de una irresponsabilidad que raya en lo inmoral, porque es la promesa de una ilusión, la ilusión de que se recibe un gran regalo, provisto de un vistoso envoltorio, pero cuyo interior está vacío.

Tal como usted sabe, hay dos tipos de colegios que reciben platas del Estado: los colegios municipales y los particulares subvencionados (algunos de ellos tienen fines de lucro, otros no).

Probablemente usted sabe también –porque el mismo ministro no ha dejado de repetirlo– que los resultados académicos de esos modelos educativos no difieren entre sí de manera significativa.

¿Qué significa eso?

Que el lucro no es la causa de que en Chile la educación sea mala. Si lo fuera, debería haber cifras para demostrarlo. Cifras que, por ejemplo, demostraran que los colegios subvencionados sin fines de lucro aventajan de manera considerable a los subvencionados que reparten utilidades. No es así. Unos y otros son igualmente malos, y si la medición se hace por referencia a los países OCDE, Chile tiene una desventaja importante incluso en los colegios particulares.

El hecho es que la segunda iniciativa del Gobierno en materia de educación apunta a prohibir el lucro y a garantizar la gratuidad. Bien, o al menos discutible, si no fuera porque lo que significa eso en términos prácticos es que el Estado asume así un costo importante en subsidio de un sistema que es probadamente malo… con o sin lucro de por medio.

La educación de los niños será gratis en poco tiempo más, pero no buena. Y aunque esa oferta tenga dividendos políticos indiscutibles, es de una irresponsabilidad que raya en lo inmoral, porque es la promesa de una ilusión, la ilusión de que se recibe un gran regalo, provisto de un vistoso envoltorio, pero cuyo interior está vacío.

La evidencia indica –eso no se puede omitir– que la mejor educación, la educación de excelencia, no es la que tiene fines de lucro. El problema es que de ahí a afirmar que la educación con fines de lucro es basura, o que la erradicación del lucro como incentivo significará una mejora en términos de calidad, hay un salto lógico imposible de justificar.

 ¿Qué puede garantizar, por tanto, el Gobierno?

Que de prosperar el proyecto, la educación de los niños será gratis en poco tiempo más, pero no buena. Y aunque esa oferta tenga dividendos políticos indiscutibles, es de una irresponsabilidad que raya en lo inmoral, porque es la promesa de una ilusión, la ilusión de que se recibe un gran regalo, provisto de un vistoso envoltorio, pero cuyo interior está vacío.

Usted sabe –porque el mismo ministro no ha dejado de repetirlo y porque yo se lo recuerdo ahora– que los resultados académicos de los colegios subvencionados no difieren de los municipales de manera significativa. Pero también sabe que esos colegios ofrecen más estabilidad, porque dependen menos de los paros organizados por el Colegio de Profesores. Sabe también que en ellos su hijo puede estar en un ambiente más protegido y seguro. En fin, lo que yo no sé es si para usted es prioritario que los amigos de sus hijos sean rubios y de ojos azules; el ministro, al menos, dice que sí…

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