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Un nuevo posicionamiento para el Partido Socialista y la izquierda en Chile

por 22 mayo 2014

Expresado en términos más explícitos, dicha proyección significa construir una alianza que ve necesario continuar con grandes transformaciones para Chile más allá de los 4 años de este gobierno, y que entiende que la defensa lógica de intereses de los grupos privilegiados no permitirá cambiar verdaderamente al país mediante “grandes acuerdos nacionales”, a la vez que es imposible sin mayorías que sustenten los cambios.

En los últimos 24 años, el Partido Socialista ha seguido una línea de conducción política clara: buscar preferentemente un entendimiento con las fuerzas de centro, representadas principalmente por la Democracia Cristiana. Esto en términos políticos no significa no sostener relaciones y alianzas con otros sectores políticos y sociales –como de hecho hoy en día los tiene– sino que se traduce en que, en los temas trascendentales y de proyección al futuro, primero es necesario delinear un escenario común con la DC.

De este modo, las voces que desde el socialismo hacen un llamado a retomar la democracia de los acuerdos y a buscar la amplitud de estos, son simplemente la manifestación actual de la misma línea política mencionada. Esto, en referencia a que antes que buscar una alianza preferentemente de izquierda, se busca asegurar la efectividad de las transformaciones mediante la amplitud máxima de sectores políticos y sociales que las sustenten.

Conociendo el actual momento político del país, y la situación que se ha caracterizado como “nuevo ciclo” para la política chilena, es de toda lógica realizar un cuestionamiento a si dicha línea de conducción del socialismo se encuentra igual de vigente a como se encontraba hace veinte y tantos años –más allá de caer en la discusión de si tuvo efectivamente alguna vigencia real–.

Vale la pena, por lo tanto, hacerse una pregunta más grande de las que suenan hoy por hoy dentro del Partido Socialista, y cuestionarse hacia dónde se proyecta este partido, no dentro del actual gobierno, sino desde este gobierno hacia los futuros veinte o más años.

Expresado en términos más explícitos, dicha proyección significa construir una alianza que ve necesario continuar con grandes transformaciones para Chile más allá de los 4 años de este gobierno, y que entiende que la defensa lógica de intereses de los grupos privilegiados no permitirá cambiar verdaderamente al país mediante “grandes acuerdos nacionales”, a la vez que es imposible sin mayorías que sustenten los cambios.

Es en este sentido que sostengo la idea de que el PS debería apostar por una línea de conducción distinta, más acorde a su impulso transformador, sustentada en los cambios que ha experimentado la sociedad chilena como consecuencia lógica de los procesos transcurridos en más de dos décadas desde el retorno a la democracia.

De esta manera, el socialismo debiera determinarse al cumplimiento del programa de gobierno de la Nueva Mayoría en consonancia con el espíritu que este contiene: la demanda por transformación social que lo impulsó. No es casualidad que, por primera vez en mucho tiempo, estemos hablando de un cambio completo a la Constitución Política y cambiando la mirada del Estado al proponer una importante reforma tributaria y un nuevo compromiso con los derechos sociales, como significa obtener una educación gratuita y el fortalecimiento de la educación pública.

¿Cómo se posibilita esto en lo concreto? Mediante una alianza preferencial con los sectores más favorables a las transformaciones tanto dentro de la Nueva Mayoría como en los actores sociales, de modo de presionar a los sectores conservadores a ceder ante un nuevo sentido común instalado. Esto permitirá justamente que este sea un primer paso hacia una nueva línea de conducción política real y responsable del socialismo, mediante la generación de una nueva correlación de fuerzas, que se comience a proyectar desde la oportunidad única que presenta para ello este gobierno.

Expresado en términos más explícitos, dicha proyección significa construir una alianza que ve necesario continuar con grandes transformaciones para Chile más allá de los 4 años de este gobierno, y que entiende que la defensa lógica de intereses de los grupos privilegiados no permitirá cambiar verdaderamente al país mediante “grandes acuerdos nacionales”, a la vez que es imposible sin mayorías que sustenten los cambios. Esto no significa necesariamente prescindir de la DC como un aliado táctico, sino un cambio al carácter de la coalición.

Uno esperaría que este tipo de debates estén presentes y sean actores principales en la próxima elección del PS.

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